Cultura

Gloria Contreras, la danza como una forma de vida

Omar Páramo / Edición: Francisco Medina

A Alejandra Llorente le gusta rememorar a Gloria Contreras (1934-2015) con una de sus frases: “La danza es una vía de comunicación y un medio que enseña a comprender la vida”. Por ello, no es casual que la actual régisseur del Taller Coreográfico (TC) de la UNAM tenga esta máxima apuntada a lápiz en una hoja que reposa sobre los muchos documentos y agendas que yacen en su escritorio.

El objetivo de tener esta anotación tan a la mano es contar con un recordatorio del espíritu con el que la maestra fundó dicha compañía en un ya lejano septiembre de 1970, hecho que cambiaría el escenario dancístico nacional y daría pie a un proyecto en evolución que, en vez de constreñirse al baile, abreva de las más distintas fuentes del quehacer cultural, como la plástica o la literatura.

Para Llorente, esta virtud de hacer converger disciplinas de tan distinto cuño es quizá la característica más distintiva de Contreras, quien cada vez que montaba una obra llevaba un legajo de partituras bajo el brazo, pues a diferencia de la mayoría de los coreógrafos ella sí sabía leer música y, por ende, sacarle la máxima expresividad a cada compás. De ahí que llevara este grado de exigencia propia a sus danzantes, a quienes pedía leer periódicos, ir a exposiciones, atender recitales y adentrarse en la propuesta de tal poeta o escultor.

“Ella siempre nos decía que tener técnica no estorba, aunque lo realmente importante arriba de un escenario no es qué tan alto elevas la pierna o cuántos giros das, sino lo que comunicas. Por eso el bailarín debe leer, estudiar, saber de plástica y estar al tanto del mundo y sus acontecimientos, pues si eres capaz de integrar todo esto al mover tu cuerpo puedes tocar las fibras mismas del arte”.

Una maestra en el sentido extenso de la palabra

Durante sus 18 años como bailarina en el TC, Alejandra Llorente trabajó muy de cerca con Gloria Contreras; ello explica por qué cada vez que la régisseur menciona su nombre, en cada ocasión le antepone el adjetivo “maestra”.

“No podría referirme de otra forma a una mujer cuyo talento artístico sólo rivalizaba con su vocación pedagógica, pues hablamos de alguien que no ocultaba el placer que le provocaba enseñar lo que sabía, compartir lo que la apasionaba y charlar con quien se le acercara… Así era la maestra Contreras”.

A decir de Llorente, esta cualidad se refleja en otra de sus grandes aportaciones: la creación de nuevos públicos, ya que en su afán de acercarse a cada vez más personas no sólo llevó sus espectáculos a donde estudiaban los jóvenes o a teatros populares como el Ricardo Flores Magón de la Unidad Tlatelolco, sino que al final de cada presentación se daba el tiempo de platicar con los asistentes.

“Muchos de quienes iban a esos primeros eventos hoy son abuelos que vienen con sus nietos a la Sala Miguel Covarrubias del CCU a ver al Taller Coreográfico en una suerte de tradición familiar. La huella del quehacer de la maestra atraviesa generaciones”.

La misma Llorente confiesa haber sido tocada por la calidez de Contreras desde muy temprano, cuando era una niña de 10 años que soñaba con ser bailarina. “Mis padres me llevaron a una de sus presentaciones en la ENES (hoy FES) Acatlán, muy cerca de donde estaba mi casa, y me enamoré de lo que vi en el escenario”.

A partir de ahí, la pequeña Alejandra comenzó a pedir que la llevaran a donde fuere el TC. En una ocasión esperó al final de la función para conseguir el autógrafo de la coreógrafa. “¿Es que tú bailas?”, le preguntó al tiempo que le firmaba un libro. “Sí, y quiero dedicarme a esto”, respondió. “Entonces nunca pares, sigue adelante”.

Y no dejé de hacerlo. En esa época soñaba con interpretar una pieza en especial que le vi a ella: el Huapango de Moncayo. Poco después tuve que mudarme al extranjero y a mi regreso a México, sintiéndome ya con las bases suficientes, decidí audicionar para el Taller.

“Hice la prueba un viernes y Contreras me llamó el domingo para preguntar si me podía presentar ese mismo lunes y montar una obra; no lo podía creer, se trataba del Huapango. Todo lo que viví desde mis 10 años hasta ese momento coincidía de una manera extraña que me costó asimilar, pero que le dio sentido a muchas cosas, por eso y muchas cosas más, para mí Gloria siempre será una maestra, en el sentido más amplio del término”.

El TCUNAM, el legado de una artista

Septiembre de 1970 fue un mes muy especial para la Universidad, pues mientras sus estudiantes soñaban con un nuevo proyecto latinoamericano tras la victoria de Salvador Allende en las urnas chilenas, en CU nacía el Taller Coreográfico de la UNAM.

Y aunque a la distancia parece que Contreras estaba predestinada a fundar el TC, en realidad lo hizo con reticencia, pues ello le implicaba dejar Nueva York y sus colaboraciones con George Balanchine e Igor Stravinski. No obstante, como ella misma confesaba, resultaba difícil desoír las invitaciones del rector Pablo González Casanova y su jefe del Departamento de Música, Eduardo Mata.

Al final, la apuesta de crear una compañía mexicana le retribuyó con dividendos, pues ella estuvo al frente del TC por 45 años (94 temporadas) y a lo largo de este tiempo produjo 268 obras propias. Por ello, a la pregunta “¿qué significó el TC para Contreras?, Llorente responde tajante: su vida misma.

“Cuando yo era bailarina del Taller la veía llegar a las siete de la mañana para ejercitarse, bailar y luego dar su clase. Después ensayaba con su elenco, asistía a juntas y tomaba un descanso después de comer. Acto seguido se encerraba en su oficina, donde desarrollaba algunas ideas para los montajes y atendía la parte logística, administrativa y de gestión del TC, y así todos los días”.

Por ello, para Llorente no hay duda, todo lo que hoy significa el Taller Coreográfico en el ámbito nacional se debe a este enorme esfuerzo y, a manera de reconocimiento, la compañía está compilando un repositorio digital de la obra de Contreras, en el cual se recogerán sus creaciones, con vínculos que aporten información sobre el significado de las piezas y cómo fueron creadas, a fin de emular el espíritu divulgativo que caracterizaba a la maestra.

“Es imposible delimitar hasta dónde llega su legado, pues tenemos su obra, con un sello de autor propio; también está el Taller Coreográfico, y los públicos que creó. A nivel personal yo puedo decir que la maestra Contreras me enseñó mucho, aunque podría resumirlo todo en aquella frase tan suya: la danza no sólo es una vía de comunicación, sino un medio para comprender la vida”.

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