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La doble epidemia de influenza y COVID-19 que podría alcanzarnos

Michel Olguín Lacunza / Myriam Núñez
A nivel mundial se registran al año miles y miles de personas que mueren por culpa de la influenza, y aunado a la actual pandemia del coronavirus, la situación del sistema médico actual podría empeorar.

Cada año, en época de invierno, se presenta una epidemia de influenza que afecta a miles de personas a nivel mundial. Dicha situación aunada a la pandemia de la COVID-19 podría resultar complicada para el sistema de salud en México.

Al respecto, Antonio Lazcano Araujo, profesor emérito de la Facultad de Ciencias de la UNAM, afirmó en entrevista que debemos permanecer muy atentos para evitar que se empalmen las dos epidemias, tanto de influenza como del coronavirus. Hasta el momento se desconoce cuáles serían los efectos de padecer ambas enfermedades.

Los dos padecimientos tienen síntomas muy parecidos, por ejemplo: fiebre, dolor de cabeza, cansancio, tos, entre otros, incluso son parecidos a los síntomas del dengue. ¿Cómo diferenciarlos? Se necesita de la ayuda de un profesional, añadió Lazcano.

“El punto aquí es que no tenemos antivirales ni vacuna para la COVID-19, una enfermedad que puede ser mortal y se expande con una enorme rapidez, mientras que para la influenza sí existe, además de medicamentos como el Tamiflu, entre otros”.

¿Por qué es importante vacunarse?

En primer lugar, dijo Antonio Lazcano, se trata de una manera de protegerse contra la influenza; en segundo término, no sabemos cuáles serían las consecuencias que tendría una persona infectada por los dos virus, y en tercer lugar, se trata de una enfermedad gravísima que afecta no sólo a personas de la tercera edad, sino también a niños. Por último, es importante evitar sobrecargar el sistema hospitalario, de por sí ya maltratado por las circunstancias actuales.

En Estados Unidos se registran al año miles y miles de personas que mueren por culpa de la influenza, porque surgen una serie de complicaciones que traen consigo la posibilidad de infecciones secundarias, como pulmonía, o dejan serios daños en las vías respiratorias.

Sin embargo, todas estas complicaciones se pueden evitar con la vacuna, “tengamos el cuidado adecuado para que no surjan dificultades adicionales.”

Virus de RNA

La enfermedad de la influenza y de la COVID-19 poseen virus de RNA, es decir, cambian y mutan todo el tiempo. En el caso del SARS-CoV-2 tiene mecanismos de edición que corrigen las mutaciones.

En cambio, el virus de la influenza no muta tan rápidamente, pero “tiene su material genético repartido en ocho fragmentos distintos y puede intercambiar una o más porciones con otros virus y esto produce las variaciones que llegan anualmente en oleadas.”

Cuando esté disponible la vacuna para el virus del SARS-CoV-2, enfatizó el académico universitario, seguramente la uniformidad de sus genomas es tal, que la vacuna seguramente protegerá para todas las variantes.

“Si yo comparo los coronavirus actuales con el COVID-19 que se dispersó hace ocho meses, prácticamente son idénticos, si acaso hay unas 15 letras distintas entre las dos poblaciones, pero el problema no sólo es la variación del virus, sino también la resistencia que cada persona presente”.

No existe reporte de una inmunidad permanente en contra del coronavirus, probablemente eso significa que año con año tendremos que vacunarnos contra el virus del SARS-CoV-2, paralela a la vacuna de la influenza.

Movimiento Antivacunas

Actualmente existe una tendencia muy desafortunada sobre las vacunas, basado en mentiras o percepciones equivocadas. Algunas personas han planteado que estas inyecciones causan una serie de malestares.

Esta idea surgió a raíz de que un famoso médico afirmó que ciertas vacunas causaban autismo. Tiempo después surgió a la luz que éste era accionista de la compañía competencia del producto que según afectaba a las personas, y sus declaraciones fueron motivadas por intereses comerciales.

No obstante, las vacunas representan uno de los grandes avances de la medicina en términos de supervivencia de la humanidad. Ahora bien, las vacunas deben ser administradas bajo la supervisión médica por si alguna persona tuviera alergia por algún componente, aunque se tratan de casos aislados.

Las vacunas son una forma eficiente de salvar la vida de niños, ancianos y de la población en general, pero “mientras no tengamos una vacuna contra la COVID-19 y no tengamos anti virales, debemos protegernos todo el tiempo”.

“Hay una lección que ha quedado perfectamente clara todo este año”, dijo el entrevistado. Mientras en el hemisferio norte hemos vivido el verano, en el sur estuvieron en el invierno, y curiosamente los médicos de este último lado reportaron que las infecciones de influenza disminuyeron considerablemente.

¿Por qué? Debido a las recomendaciones como el uso del cubrebocas, distanciamiento social, la higiene del lavado de manos, evitar tocarse la boca, nariz y ojos han detenido esta epidemia anual.

De hecho,” tenemos que hacernos a la idea que, aunque tengamos vacunas y anti virales, el uso del cubrebocas como ocurre en muchos países asiáticos, de manera normal, es una herramienta tanto individual y colectiva muy importante para frenar el avance de las pandemias”.

“Creo que son lecciones que debemos tomar en cuenta y practicarlas cotidianamente, siempre que se acerquen estos períodos de las nuevas oleadas de las distintas epidemias”, concluyó.

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