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Nobel de Física por estudios de agujeros negros

Universum, Museo de las Ciencias( Michel Olguín Lacunza

Después de plantear la Teoría General de la Relatividad, el mismo Albert Einstein no creía en la existencia de los agujeros negros. Hoy, después de más de un siglo, el Premio Nobel de Física se entrega a dos investigaciones al respecto: Roger Penrose, por el estudio de la formación de agujeros negros, así como a Andrea Ghez y Reinhard Genzel, por la detección del agujero compacto supermasivo en el centro de la Vía Láctea.

Para conocer del tema, la UNAM llevó a cabo una charla virtual con Miguel Alcubierre, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) y Sergio de Régules, de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC).

En la bienvenida virtual Celia Escamilla Rivera, investigadora del ICN, explicó que los agujeros negros son quizás la consecuencia más extraña de la Teoría de la Relatividad, que describe que todo en el Universo está sujeto a la gravitación.

Penrose

Con respecto a los estudios de Penrose, Miguel Alcubierre dijo que es el primer Nobel otorgado a un trabajo teórico. Los anteriores que tienen que ver con la Teoría General de la Relatividad fueron sobre la observación de un pilar binario en la década de los 90, y más recientemente, por las ondas gravitacionales.

Durante décadas existió un debate sobre la existencia de los agujeros negros, pero fue hasta el trabajo de investigación de Penrose que se demostró teóricamente lo inevitable: estos objetos existen.

“Si tú juntas suficiente materia o energía en una región bastante pequeña se producirá una singularidad en el centro y creará un agujero negro. Penrose lo demostró matemáticamente.”

Ghez y Genzel

Desde la década de los 90, Ghez y Genzel -cada uno por su parte- lideraron un equipo para observar el centro de la Vía Láctea. Ambos detectaron un objeto que parecía ser invisible y pesado, lo orbitaban las estrellas más brillantes de la galaxia, dijo Régules.

Descubrieron que esta masa invisible tiene alrededor de cuatro millones de masas solares comprimidas en una región no más grande que nuestro sistema solar.

¿Qué hace que en el corazón de la Vía Láctea se muevan estrellas a velocidades asombrosas? Según la Teoría General de la Relatividad sólo existe un candidato: un agujero negro supermasivo.

Al respecto, Escamilla resaltó que Andrea Ghez es la cuarta mujer en ganar en esta categoría en la historia de los Nobel. “Ella ha enfatizado en la idea de inspirar a otras mujeres para que incursionen en el campo de la astrofísica y descubran sus placeres.”

La investigación, añadió, se realizó a través del estudio de los rayos infrarrojo, una forma más efectiva para observar el Universo, donde todo esta plagado de polvo interestelar.

Por su parte, Alcubierre mencionó que podría tratarse de un objeto exótico obscuro que no es un agujero negro, pero lo dudamos porque no se nos ocurre que podría ser que no fuera un agujero negro.

“Para los agujeros negros masivos este es pequeño, se trata de cuatro millones de veces la masa del Sol, suena mucho, pero hemos detectado que en el centro de otras galaxias hay objetos mil veces mayores”.

Esta singularidad no es tan monstruosa como las existentes en otras galaxias, que incluso son cuásares y tragan bastante gas. En el proceso se calientan mucho y emiten rayos “X” y “Gama”. Estos últimos se mueven por toda la galaxia y esterilizan cualquier planeta que se encuentre cerca.

El Sistema Solar se encuentra a 30 mil años luz del centro de la Vía Láctea. No obstante, “tenemos que dar gracias a que el agujero negro de nuestra galaxia sea pequeño. Por eso estamos aquí”, concluyó el académico universitario.

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