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Educar para el nuevo periodismo

*Jorge Aguilar Bello

México cumplió hace unos días seis meses del primer caso de coronavirus o COVID-19 en el país. Seis meses sin precedentes y con una serie de situaciones sociales, políticas, económicas y hasta culturales que deberán que ser analizadas con detenimiento cuando la fuerza de la pandemia merme en las sociedades latinoamericanas.

Las afectaciones no solo han trastocado a industrias ordinarias dañadas por el confinamiento o parón: el transporte público, los restaurantes, las librerías, los cines, los teatros, los espectáculos deportivos, sino que prácticamente ha alterado todas las actividades humanas que conocemos, las cuales enfrentan y enfrentarán un forzoso y radical cambio por la pandemia y en las que, desafortunadamente, no todas podrán sobrevivir.

El periodismo no ha sido la excepción. Y no sólo nos referimos al periodismo como actividad profesional, ya afectada de por sí por los cambios políticos y los ajustes presupuestales designados por el gobierno de México tras el triunfo del presidente Andrés Manuel López Obrador en 2018; o la situación derivada de la digitalización y la nueva competencia que los medios tradicionales enfrentan ante la evolución tecnológica y adaptación a las redes sociales y nuevas plataformas.

El problema tiene que ir más a fondo. Trasladarnos a las aulas, al lugar donde hoy se forman —de manera virtual— las mentes que tendrán la obligación de llevar la información y las historias noticiosas que la sociedad requiere. Nos referimos por supuesto a los alumnos de periodismo y comunicación que ya enfrentan una serie de retos ineludibles.

De acuerdo con el doctor José Escamilla, director de Innovación Educativa del TEC de Monterrey, en el marco de su presentación en el 9° Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) realizado de manera virtual la semana pasada, los estudiantes de periodismo —me permitiría generalizar y decir que “todos los estudiantes”— y sus docentes en las diversas universidades, deberán de repensar el sentido de la educación formal y reforzar sus habilidades en función de las llamadas habilidades blandas (soft skills o power skills, como él mismo precisa) con la intención de fortalecer su crecimiento integral, creativo y acorde las necesidades de competencia obligadas a desarrollar y aplicar acelerados por la pandemia.

De acuerdo con los especialistas de este Foro con sede en Argentina, ya no basta con la preparación académica o con el aprendizaje de la disciplina, sino que se requieren de una serie de herramientas alternativas urgentes que permitirán que los jóvenes puedan sobresalir en el entorno negativo que hoy enfrentan. Creatividad, tolerancia y sincronía en las ideas, capacidad de trabajo en equipo, automotivación, comunicación efectiva verbal y no verbal, entre otras, son algunas de las habilidades blandas requeridas no solo por sus universidades, sino por el trabajo que les espera al salir de éstas.

La nueva normalidad global obliga a los jóvenes a reinventarse y a “aprender a aprender”, como el mismo doctor Escamilla señala. Cambiar rápidamente y educarse a que las aulas cerradas con alumnos formados en fila mientras su profesor pasa lista de asistencia desaparecieron justo hace seis meses, cuando el primer caso de COVID nos obligó a convivir y estudiar en el confinamiento.

Hoy la sociedad exige periodistas autónomos, polivalentes, críticos, independientes y hábiles en la manipulación de la tecnología. Los jóvenes tendrán que adaptarse de manera natural, rápida y precisa para sumarse a la nueva normalidad en la que ya desaparecieron modelos, patrones y lineamientos que el COVID-19 también, para bien o para mal, se ha llevado consigo.

Fuente: 9no Congreso de Periodismo Digital FOPEA: «Educar para el nuevo periodismo»

 

*Jorge Aguilar Bello

@Jorgetown81

Consultor en Comunicación

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