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Copa menstrual, ¿opción para las nuevas generaciones?

Fabiola Méndez/Diana Rojas

La falta de información seria, el poco conocimiento que las mujeres tienen sobre su cuerpo y la renuencia a experimentar nuevas opciones en el cuidado ginecológico son algunas de razones por las que el uso de la copa menstrual es muy bajo.

De acuerdo con la doctora Zarela Chinolla Arellano, especialista en ginecología y obstetricia de la UNAM, una de cada 10 mujeres usan la copa menstrual, “tal vez menos”.

A pesar de que han pasado varias décadas de la aparición de los primeros utensilios para detener la menstruación, la copa menstrual generó un revuelo desde hace veinte años. “No se había encontrado el material adecuado para evitar infecciones y que no acumulara bacterias”, refirió la académica de la División de Posgrado de la Facultad de Medicina.

Actualmente el caucho es el material con que se fabrican, varían los tamaños de acuerdo al proveedor pues depende de la cantidad de sangrado. Comentó que muchas mujeres no conocen su propio organismo y se les hace incómodo usarla, pero el caucho es un material manejable, seguro y con ventajas desde el punto de vista económico y ecológico.

El costo de una copa menstrual oscila entre los trescientos hasta dos mil pesos, “debemos tener cuidado en elegir una que cuente con todos los permisos y registro en Cofepris, ya que es un utensilio de uso de grado médico”.

Generalmente la información sobre el tema se encuentra a través de la publicidad en internet, una vecina, amiga o con quien “cree” que sabe. Zaira Vázquez es comunicóloga y usuaria de la copa, se enteró de la copa menstrual por medio de una feria de proveedores locales en una alcaldía. Aseguró que hay que poner cuidado a la hora de elegir una, ya que también existen “piratas”. Ella adquirió una de marca no certificada, “por eso lo incomodo y molesto que fue al usar esa primera que compré, por la dureza del material con que estaba hecha”.

Entre las ventajas de la copa están: pueden usarse de cuatro hasta 12 horas continuas, no absorbe la humedad vaginal, otorga autonomía para realizar actividades al ser reutilizable, no genera basura que contiene plástico -como las compresas y tampones-, se ahorra en residuos como envoltorios, cajas y aplicadores.

El principal inconveniente es que hay mujeres que no se sienten cómodas con la manipulación de su canal vaginal y la sangre (con la que se tiene más contacto). A veces esto sucede hasta con un tampón, por lo que la práctica al colocar y poner será la clave. “Si se tienen los cuidados necesarios de lavado y esterilización no hay ningún riesgo en su uso”, aseguró la doctora Chinolla.

En ese contexto, para Zaira Vázquez (quien la utiliza desde hace año y medio) que el uso de la copa menstrual no esté normalizado se debe a la poca información y campañas que hablen de sus beneficios, así como la renuencia del género al respecto de su uso.

Sin embargo, aunque no está contraindicado su uso para cierta edad, hay que tener en cuenta que sí se modificara la anatomía con su uso en una mujer que no haya iniciado su vida sexual frente a una que ya, explicó la doctora Chinolla Arellano.

Lo más importante es acudir antes al ginecólogo para revisión de las características físicas de la paciente, dar información necesaria para resolver dudas y que pueda enseñar a ponerla, pues aunque también hay videos, un profesional siempre será lo mejor. “Deben estar convencidas y evitar cualquier tabú alrededor de su uso”.

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