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Inmunidad de SARS CoV 2

Jorge Baruch Diaz Ramirez/Diana Rojas

Como sabemos el SARS CoV 2 se describió en diciembre de 2019 y hasta el momento se conoce muy poco sobre sus efectos a largo plazo, la mayoría de los estudios sólo se han enfocado en evaluar la respuesta de nuestro cuerpo mediante anticuerpos en los primeros 30 días de haber confirmado la presencia del nuevo virus.

Gracias a la ciencia sabemos que la mayoría de las personas que se contagian desarrollan anticuerpos contra este virus —los asintomáticos— y los que cursan con cuadros de COVID leve, moderada y severa. Normalmente, nuestro cuerpo tarda dos semanas en producir rápidamente los anticuerpos. Existen tres tipos de anticuerpos que se han estudiado y que se les nombra de acuerdo con letras IgA, IgG e IgM. Los más importantes para esta enfermedad son los anticuerpos IgG e IgM y se pueden crear de manera paralela en algunos casos, y en otros, se generan con diferencia de semanas.

Existen tres factores que se deben tomar en cuenta para la respuesta inmunológica: la intensidad de la respuesta, el tiempo de la respuesta y la duración de los anticuerpos. Sobre la intensidad de la respuesta se ha observado que entre más grave sea la enfermedad, el cuerpo montará una respuesta inmune con mayor intensidad y esto nos puede llevar a complicaciones y un desenlace fatal. Sobre el tiempo de respuesta, sabemos que no varía, lo que quiere decir que en todos los casos el tiempo que el cuerpo tarda en generar una concentración suficiente de anticuerpos disponibles en la sangre para combatir el virus es en promedio de 15 días, el total de los enfermos que se han estudiado han alcanzado niveles de anticuerpos detectables en la sangre después del día 39. Sobre el tercer factor, la duración de los anticuerpos, se sabe muy poco ya que la mayor parte de los estudios han tenido una duración no mayor a los 30 días, recientemente se dieron a conocer los resultados del primer estudio enfocado en evaluar la duración de los anticuerpos en los primeros 90 días de enfermedad.

Las conclusiones más importantes nos demuestran que los anticuerpos de tipo IgA e IgM se mantienen en niveles óptimos en los primeros 20 a 30 días de haber iniciado con signos y síntomas, y posteriormente disminuyen hasta desaparecer en el día 60. En contraste, el anticuerpo de tipo IgG se mantiene presente en nuestro cuerpo por más tiempo, inclusive se ha detectado en niveles elevados durante los 90 días que lleva el estudio, pero a partir del día 60 comienza a disminuir gradualmente su concentración en sangre, en algunos casos, se ha notado una disminución de un 17% comparado con su pico más alto que se alcanza en el día 21 después de haber iniciado con la enfermedad.
Se han identificado varias condiciones que pueden influir positiva o negativamente en el desarrollo de la respuesta inmunológica y con la gravedad de la enfermedad de COVID-19, como la edad y el sexo, aunque son necesarios más estudios científicos para poder llegar a afirmar el papel definitivo que juegan estas características personales en el combate del SARS CoV2.

Un mayor conocimiento de la respuesta inmunológica, y la formación y duración de los anticuerpos, nos permitirá combatir con mayor claridad la pandemia actual y llevar a cabo una transición exitosa hacia la nueva normalidad. Una aplicación práctica de estos conocimientos es poder utilizar las pruebas “rápidas” para detectar anticuerpos en las personas asintomáticas y en evaluar con mayor facilidad los contactos cercanos de los casos sospechosos y confirmados con COVID-19. Otra implicación es saber con exactitud el tiempo ideal para poder aplicar una prueba “rápida”, ya que es fundamental recordar que los anticuerpos alcanzan una concentración ideal mínimo 15 días después de haber iniciado con síntomas, e idealmente, a los 39 días.

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