Ciencia Salud

La UNAM te enseña cómo reutilizar tu cubrebocas

Facultad de Química/Myriam Nuñez

 

Las mascarillas o cubrebocas N95 y KN95 para uso de personal médico pueden ser reutilizables si se esterilizan por medio de la luz utravioleta a 254 nanómetros (UV-C, germicida); además, no deben usarse por más de 40 horas, indicó Iván Puente Lee, académico de la Facultad de Química, al participar en la cuarta y última sesión del webinar La Facultad de Química de la UNAM: acciones e investigaciones sobre COVID-19. 

Durante la videoconferencia Cubrebocas. ¿Se pueden reutilizar?, ¿se pueden mejorar usando nanomateriales?, el también responsable del Laboratorio de Microscopía Electrónica de la Unidad de Servicios de Apoyo a la Investigación y la Industria (USAII) de la FQ, comentó que este trabajo surgió del cuestionamiento por parte de autoridades hospitalarias de la Ciudad de México, sobre si se podrían reutilizar los cubrebocas para el personal de salud. 

En este sentido, lo más recomendable, de acuerdo con la literatura científica y los fabricantes, es que los cubrebocas se utilicen y se desechen. No obstante, debido a la gran necesidad de mascarillas en el sector Salud, se pueden esterilizar además de la luz ultravioleta, con vapor de peróxido de hidrógeno o calor seco a 70 grados centígrados, comentó en esta sesión organizada por la Facultad de Química y su Patronato. 

Una de las interrogantes en esta investigación, apuntó el académico, consistió en saber si la luz ultravioleta dañaba las mascarillas. Se observó que después de más de 30 ciclos de esterilización, los tejidos continuaban intactos: “No vemos deformación, ni quemado de las fibras en ninguna de las capas; se siguen conservando”, dijo. 

El universitario también señaló que los cubrebocas N95 y KN95 no deben usarse por más de 40 horas y su esterilización debe ser diaria. En el caso del personal de hospitales, recomendó contar por lo menos con cinco mascarillas para utilizar una diario y los usados se envíen a esterilizar.

Además, aconsejó no usar agua con jabón, cloro ni alcohol para limpiar este tipo de mascarillas, así como no guardarlas para desactivar al virus con el tiempo, pues cualquier sustancia en éstas va a disminuir su capacidad de filtración, del 95 por ciento que tienen estipulado, a un 80 o 70 por ciento. También recomendó no utilizar labial o maquillaje mientras se les emplea, ya que puede adherirse a las fibras del objeto. Reiteró que no basta con esterilizarlos, pues con el uso van acumulando partículas y aunque se esterilicen van a continuar fijas en los tejidos. 

El docente detalló que las mascarillas N95 y KN95 contienen cuatro medios filtrantes que ayudan a detener las partículas de bacterias o virus: “Los filtros tienen un tejido donde se detendrán las nanopartículas, con un entramado muy pequeño por donde va a pasar el aire. El virus mide de 100 a 200 nanómetros y se puede retener por medio de las fibras que contiene cada uno de los filtros”. 

Una ventaja de estos cubrebocas es que poseen carga electroestática y filtran hasta 10 veces más las partículas que un filtro normal, apuntó.

Para el caso de la elaboración de cubrebocas caseros, el docente sugirió emplear toallas, camisetas de algodón, fundas de almohada y bufandas, entre otros materiales: “Como lo indica la Organización Mundial de la Salud, las mascarillas deben contar por lo menos con tres capas: de polipropileno, algodón y poliéster. Al colocar la capa de poliéster en la parte externa permitirá que sea más impermeable; en la interna, la de algodón evitará dañar la cara, y como medio filtrante sirve la película de polipropileno”, detalló. 

Los cubrebocas caseros, aseveró, se deben elaborar con telas sin tramado, porque pueden tener aperturas por las cuales podrían entrar las partículas o el virus. A diferencia de los KN95, las mascarillas elaboradas en casa se pueden lavar, sumergir en cloro y son reutilizables, concluyó. 

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