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Conservar la biodiversidad, una necesidad que va más allá de los beneficios que ésta nos da

Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad UNAM
  • La biodiversidad nos importa por razones utilitarias e intrínsecas, explicó Jorge Soberón, investigador de la Universidad de Kansas, en el Seminario Internacional Tópicos de Frontera en Sustentabilidad 2020.

  • Las actividades humanas dependen, a corto o largo plazo, inmediata o paulatinamente, de los servicios ambientales que prestan los ecosistemas, cuyo corazón es la biodiversidad, afirmó Irene Pisanty, investigadora de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

¿Por qué nos debe importar la biodiversidad? Con esta pregunta comenzó Jorge Soberón, investigador de la Universidad de Kansas, el tercer módulo del Seminario Internacional Tópicos de Frontera en Sustentabilidad 2020. En esta sesión, más allá de la necesidad de generar un argumento convincente para que se invierta en la conservación biológica, el ponente exploró un sentido ético y filosófico del tema.

El especialista expuso que las razones para que la biodiversidad nos importe son de dos tipos: utilitarias e intrínsecas. Las primeras hacen referencia a los servicios ambientales que obtenemos de los ecosistemas, es decir, a los beneficios que la biodiversidad nos brinda y que apelan a necesidades humanas básicas. El problema con este tipo de razones es que los valores que se asignan a la biodiversidad pueden llegar a ser sustituibles por tecnologías.

En cambio, las razones de valor intrínseco no buscan demostrar que la biodiversidad sea buena para algo, sino que solamente es buena y por lo tanto debemos cuidarla, independientemente de los beneficios que nos dé. Esto depende de un juicio moral que determina qué es bueno y qué es malo, además de determinados elementos culturales que llevan a distintas apreciaciones de la naturaleza. Por ejemplo, históricamente las culturas orientales e indígenas le han dado un mayor valor intrínseco a la biodiversidad.

Soberón enfatizó que debemos reconocer que somos una especie con enormes capacidades constructivas y destructivas, pero la única con sentido moral. Añadió que nuestra humanidad se hace más plena cuando respetamos a los otros: al destruir la biodiversidad nos ponemos en peligro a nosotros mismos, tanto económica como espiritualmente.

En este módulo, también se tuvo la participación de Irene Pisanty, bióloga de la Facultad de Ciencias de la UNAM, quien centró su plática en responder por qué la biodiversidad no tiene un lugar central en la agenda pública, política, académica y personal; además de responder por qué no estamos viviendo un cambio de conducta como sociedad respecto a la protección de la biodiversidad.

Pisanty explicó que el impacto de las actividades humanas es más antiguo de lo que solemos pensar, es decir, desde que vivíamos en grupos nómadas dedicados a la caza y a la recolección hemos provocado importantes procesos de defaunación y extinción de la megafauna. Estas actividades han dejado la primera gran huella de la especie humana a nivel planetario.

Enfatizó que las actividades humanas dependen, a corto o largo plazo, inmediata o paulatinamente, de los servicios ambientales que prestan los ecosistemas, cuyo corazón es la biodiversidad.

Puso el ejemplo de que pandas y jaguares han sido protagonistas de campañas publicitarias sobre la importancia de la biodiversidad, pero se han dejado de lado otras especies que aparentemente son menos carismáticas. Existe un juicio moral que introduce un sesgo en las especies que se aprecian y se invierte para conservar, mientras que no se toman en cuenta aquellas que no tienen valor de mercado.

En la actual situación de pandemia, la ciencia está más presente en la discusión pública y se habla del origen del virus, asociado a la degradación de los servicios ecosistémicos. No obstante, los procesos que subyacen a la biodiversidad son muy complejos y no siempre se aprecian a simple vista. Nos queda mucho por conocer acerca de su funcionamiento y hace falta que quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones cuenten con información especializada, porque sin esos procesos no podríamos vivir.

Esta sesión del seminario, iniciativa de la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad de la UNAM, cerró con un mensaje contundente por parte de Pisanty: la pandemia nos recuerda nuestra vulnerabilidad y nos hace preguntarnos sobre lo que es indispensable y, sin lugar a dudas, las instituciones ambientales lo son. Resulta urgente reconocer que no podemos prescindir del medio ambiente.

 

 

 

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