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Diario de la pandemia | Lo esencial y lo mundano

Jimena Rivera*

Turín, Italia

El siguiente texto es un relato basado en las experiencias que he tenido como mexicana viviendo en la ciudad de Turín (Piamonte, Italia). Está compuesto por hechos y juicios adheridos a mis creencias y realidad inmediata, no pretendo ser una fuente de información y mucho menos de consulta en cuanto a temas de la reciente crisis sanitaria por la que estamos pasando.

25 de marzo

Hoy salí a la calle por primera vez desde el 9 de marzo, necesitaba ir a la farmacia y me equipé con lo necesario: cubrebocas, un par de guantes de látex y el documento oficial que declaraba que no tenía síntomas de enfermedad y que salía de casa con un argumento de necesidad básica.

En los 250 metros que caminé, encontré a un par de señores con cubrebocas que llevaban bolsas bastante pesadas con verduras y frutas, en una esquina, algunos ancianos estrechándose las manos y riendo.

Al entrar a la farmacia me aseguré de permanecer lejos de los dos clientes que estaban primero. Las dos cajas señalaban una distancia de un metro entre el mostrador y el cliente, además, tenían una pantalla de acrílico de metro y medio de alto. Se pagaba por un orificio y los vendedores tenían guantes y cubrebocas, aunque uno de ellos (como yo) tenía un cubrebocas improvisado, uno de esos que se compran en la ferretería para proteger del polvo. Es lo que hay.

De regreso, me quité los guantes como pensé que debía hacerlo, sin tocar la parte externa, y los tiré junto con la bolsa que me habían dado, lavé mis manos y limpié con una toallita con alcohol mi cartera y mi teléfono.

29 de marzo

Terminamos el mes con temperaturas invernales. En estos días estuve preocupada, porque mis padres y mi hermano se encuentran en 3 estados diferentes de la República, ya sea por trabajo o por escuela.

Acá las noticias van de la emergencia sanitaria a la emergencia económica, las negociaciones con la Unión Europea para saber cómo se apoyará a los países más golpeados por el virus no son claras.

En estos días se prevé que lleguemos al pico de los contagios, mientras en China están cerrando fronteras para que no surjan nuevos brotes, en Estados Unidos se calcula que los contagios podrían superar los de China e Italia.

30 de marzo

Hoy salí por segunda vez a la calle desde el inicio de la cuarentena, necesitábamos unas cosas del súper y debía hacer un segundo viaje a la farmacia. En la última, las cosas fueron similares a la vez pasada, en el súper tuve que esperar un poco para entrar, porque podía ingresar un cliente sólo si otro salía.

Mientras hacía las compras, con cubrebocas y guantes, encontré a una ancianita que parecía buscar algo… el vapor de mi respiración en el cubrebocas y los lentes empañados me fastidiaban.

Le pregunté si necesitaba algo y balbuceó que había perdido su bolsa de mandado y se alejó en la dirección opuesta.

Hacer compras en línea, aún de los productos más básicos, requiere varios días de espera, por lo que no lo hemos considerado.

1 de abril

Empieza el mes cruel.

Afuera sopla el viento cálido de la tan esperada primavera, y arrastra el polen dorado por toda la ciudad.

Después de darme un baño con agua caliente, sentí presión en el pecho y dificultad para respirar mientras me pintaba las uñas, supuse que era el cambio de temperatura y me fui un rato a la cama, vi una película, traté de relajarme. Cada vez tuve más dificultad para respirar y sentí presión sobre el pecho, después de un par de horas le dije a Toño qué me pasaba, era medianoche, pero llamamos a la guardia médica.

2 de abril

Ayer nos dijeron que mi molestia puede ser un efecto colateral de un medicamento que estoy tomando desde hace unos meses, pero sigo teniendo problemas para respirar y empiezo a tener tos. Angustiados, llamamos temprano a nuestro doctor, en este momento las consultas son por teléfono, así que le pidió a Toño que revisara mi garganta, que me escuchara respirar y me envió por mail una receta para un antibiótico. Nos comentó que el material para hacer revisiones a domicilio era muy limitado, y que en unos minutos tenía que salir a ver a una señora con una seria apnea.

Tomé el medicamento en cuanto me lo trajeron de la farmacia, el malestar iba y venía a lo largo del día. Al anochecer volvió la presión en el pecho, la tos y la dificultad para respirar, estoy jodida, pensé, si estoy infectada, pueden pasar días para desarrollar más síntomas y que me pueda ver un doctor.

Repasé en mi mente el par de veces que salí a la farmacia, al súper y recordé a la ancianita que deambulaba por los pasillos buscando su bolsa. Me sentí perdida, confundida, no entiendo por qué de la nada me siento mal y respirar se ha vuelto tan difícil, comienzo a pensar lo peor.

En la noche, al sentir los mismos síntomas de ayer, llamamos de nuevo a la guardia médica, me recomiendan dormir con varias almohadas para facilitar el flujo de aire. Pienso que sus recomendaciones son una burla y me enojo, pierdo la concentración y Toño empieza a hablar con la doctora del otro lado de la línea… no respira bien, en la noche parece que no puede tener aire dentro de sus pulmones, ya está tomando antibióticos, ¿qué más podemos hacer?

Nos dicen que esperemos, que el efecto de la medicina aún puede tardar un poco en verse, pregunta por mis alergias y me suena fuera de lugar, los años anteriores tuve problemas que no se parecen en nada a esto. Es diferente, y no sé qué me está pasando.

5 de abril

Hoy me sentí muy agotada, respiro con dificultad cuando anochece, tomo mi temperatura regularmente y no hay señas de fiebre, ni de algún otro síntoma. Pero la desazón de no saber por qué no puedo respirar me entristece, me molesta, es una sensación fastidiosa y eso, aunado al encierro, es como una gota de agua dura y constante que cae de mi garganta al pecho, creando una caverna.

Me tomé una hora para ir a la cama en la tarde, antes de volver a la fatiga de respirar con esfuerzos por el resto de la noche. El impulso de la tristeza me hizo pensar que me encantaría escuchar jazz por última vez, y escuché casi dormida, hasta que fue la hora de cenar.

6 de abril

Hoy amanecí de mejor humor, mi tratamiento con antibióticos está por terminar, mi garganta se siente mejor, aunque sigo sin respirar bien.

Me acomodé en mi escritorio para dibujar un poco y pensaba en la videollamada que tendría con mi familia más tarde. Afortunadamente, mi hermano y mi mamá ya están juntos, aunque no les había comentado nada de mis problemas para respirar.

Mientras trabajábamos, alrededor de las 4 de la tarde, Toño abrió las ventanas completamente, para dejar entrar la luz del sol y el aire… alrededor de unos cinco minutos después, empecé a sentir dificultad para respirar y presión en el pecho, recordé a la doctora que me había dicho que podía ser una alergia, pero en ningún momento fue tan claro como en ese momento. Sentí alivio, al menos, podíamos agregar una opción a las posibilidades de mi malestar, una alternativa, y no sólo aquella que Toño y yo no nos atrevíamos a pronunciar.

8 de abril

Desde antier estoy tomando algo para la alergia y me siento mucho mejor, ya no tengo tantos problemas para respirar. Me sentí tan bien que hasta salí al pequeño jardín con mi gata y Toño, mientras él hablaba con uno de sus amigos, yo quería testimoniar los movimientos de la bestia, la veía oler las flores, brincar entre las hortensias y restregarse contra el olivo, viéndola así la sentí tan cautiva en casa como nosotros.

10 de abril

Después de haberlo abandonado un rato, estoy estudiando italiano para poder certificarme, dibujo, veo recetas y algunas hasta las llevo a cabo, escucho documentales, veo noticias y a veces, solamente me dedico a vegetar, porque puedo y estoy agradecida por ello.

La relación con las noticias se ha vuelto un poco pesada, entre aquellas sobre si vamos bien o no, sobre lo que va a pasar después de esta crisis, Vogue que no se decide si la prenda de la temporada es la chaqueta de motociclista o el jumpsuit… me siento sobrepasada, siento que hay temas tratados muy superficialmente y otros cuya cobertura me parece irreal.

Después me calmo, todos necesitamos noticias que nos hagan sentir que las cosas son normales, o que podemos volver a la normalidad, una frase que se escucha mucho.

He escuchado también, y en diferentes contextos, lo esencial. Las compras esenciales, las relaciones esenciales, los motivos. La Rae dice que es lo sustancial, lo principal, lo notable; pero es una definición en efecto, poco sustanciosa.

Me encontré también tratando de evitar ese pensamiento, como si no quisiera pensar mucho en la taxonomía que se requiere para hacer una diferencia entre lo esencial y lo mundano.

12 de abril

Día de Pascua

Almorzamos en el balcón, con el sol y el calor de primavera, incluso estoy planeando en dónde voy a meter el tapete de yoga para broncearme. En la tarde, vimos por streaming el concierto de Andrea Bocelli en el solitario Duomo de Milán. Se está haciendo costumbre escuchar desde la casa de algunos vecinos, el himno de Italia.

13 de abril

Toño estuvo planeando esto desde hace tiempo. Se hizo de todo lo que necesitaba para salir al balcón y hacer una parrillada, como es tradición, el día después de Pascua. La manera en la que hace las cosas, y el entusiasmo con el que hace lo que le gusta, me espabila; y mientras lo veo ir y venir, pienso que lo amo.

Como esperábamos, comimos plácidamente, el clima estuvo de nuestra parte y nos regaló luz para cocinar y sombra para reposar el banquete.

Después, dedicamos tiempo para llamar a amigos, familia o simplemente convivir con otros por medio de las redes sociales. Ambos sentimos la necesidad de salir, y después de casi un mes, hicimos una caminata de ida y venida sobre nuestra calle.

Algunos negocios, como librerías y tiendas de productos para bebés y niños empezarán a abrir mañana. Aquellos que requieren contacto directo con los clientes, como las peluquerías, bares y restaurantes aún no ven fecha de regreso.

*Egresada de Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

 

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