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Las pandemias, un proceso bio-sociocultural

Omar Páramo/Myriam Nuñez

Los mensajes de las autoridades mexicanas tras la reciente declaratoria de emergencia sanitaria han sido faltos de claridad e incluso algunos resultan ambiguos, lo que además de provocar dudas y desconfianza hace que la gente no siga las indicaciones como debiera, señala la doctora Alejandra Monroy López, quien da clases en la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM.

“Por ejemplo, ¿qué se considera una actividad esencial y qué no?, eso es debatible porque para los trabajadores informales salir a laborar a diario es algo de lo que no pueden prescindir, a riesgo de quedarse sin sustento para sus familias. Quienes han impuesto estas medidas deberían explicar a qué se refieren, evitando caer en zonas grises y acabando de una vez por todas con malentendidos”.

Que los señalamientos del gobierno se presten a interpretación ha provocado que incluso grandes consorcios como Grupo México no atienda a los señalamientos oficiales y mantenga en funciones sus centros mineros en Sonora aduciendo que lo que hacen es crucial para la región —pese a que la autoridad local ya le señaló que su labor no es prioritaria—, o que la industria automotriz exija ser considerada esencial para que a sus empleados no se les aplique cuarentena y las plantas ensambladoras sigan funcionando.

A decir de la antropóloga, más allá de asuntos semánticos, parte del problema es que los mensajes difundidos por el gobierno tienden a estar recargados de tecnicismos y se pliegan a una lógica biologicista que no contempla que, en esta crisis sanitaria, inciden también factores de índole social y cultural, ni que el público al que se dirigen se conforma de personas de muy diferentes estratos económicos, edades y con niveles educativos de lo más variado.

“¿Qué pasa con los indígenas? Recién se tradujo a sus lenguas el lema “quédate en casa”, aunque no las medidas a seguir ni el porqué de cada una, y omitir esa parte equivale a no comunicarles nada. La interrogante aquí es ¿cómo explicarles, en términos sociales, culturales y lingüísticos lo que deben saber?, y la misma pregunta se aplica a otras poblaciones, como a la gente en situación de calle”.

Para la doctora Alejandra Monroy, esta estrechez de miras al transmitir mensajes se debe a que entre los asesores del gobierno federal abundan las eminencias en el área médica, pero no los expertos en ciencias sociales, lo que hace que las estrategias para llegar a la población sean incompletas y no permeen en todos.

“Estamos desaprovechando, por ejemplo, el saber de disciplinas como Trabajo Social que, desde siempre, se ha involucrado no sólo en la atención, sino en procesos de prevención y promoción de la salud. Debido a que sus profesionistas interactúan de manera muy estrecha con los enfermos y sus familias, ellos bien podrían contribuir a que los mensajes emitidos desde las estructuras gubernamentales bajen de forma mucho más digerible y accesible a toda la población”.

Las pandemias, un proceso bio-sociocultural

Pese a las llamadas disuasorias de las autoridades, en México miles de fieles marcharon en procesión este domingo de Ramos en Oaxaca y en Chiapas, mientras que grupos de vacacionistas celebraron el inicio de Semana Santa en playas de Jalisco y Veracruz. 

Ambos hechos muestran la reticencia de algunas personas a aceptar que esta crisis sanitaria implica romper temporalmente con el mundo tal y como lo conocen y, por ende, con muchas formas simbólicas que han interiorizado desde su nacimiento y que materializan a través de diversas prácticas culturales, señala la académica.

“Se nos pide quedarnos en casa porque los médicos han determinado que ésta es la forma más efectiva de ralentizar el ritmo de los contagios y en eso tienen razón, aunque quizá no han reparado en cómo el encierro afecta a las personas, en especial ante un sentimiento generalizado de miedo, en escenarios donde muchos han tenido una repentina pérdida de ingresos y otros temen quedarse sin empleo, y cuando los mexicanos, tan acostumbrados a la cercanía con los suyos, ven que su realidad se trastoca”.

Para la antropóloga, no es recomendable atrincherarse en enfoques biologicistas pues esta pandemia plantea procesos bio-socioculturales que ya comienzan a mostrar su complejidad. 

“La reclusión domiciliaria disminuye la posibilidad de contraer el virus, ¿pero hemos considerado que el encierro puede detonar problemas mentales? ¿Sabremos cómo tratar a alguien que, por medidas de seguridad, no pueda pasar a despedirse de un familiar en agonía? ¿Le daremos al personal sanitario lo necesario para que arriesguen al mínimo su vida? Las experiencias vividas en otras partes del mundo podrían servir de guía para atajar problemas que, de seguro, se nos presentarán en breve, y parecemos no pensar en ello”.

En opinión de la académica, es iluso esperar que, tras la pandemia, la vida cultural y social de México no se vean afectadas, por lo que propone trabajar ya en esto. Y otra vez —añade la académica—, un primer paso para hacer las cosas bien es evitar los mensajes equívocos, algo que sucede, por ejemplo, cuando el gobierno usa el término “distanciamiento social”, pues en realidad éste es físico.

“Parecería que con eso se nos pide romper vínculos y exiliarnos de nuestra comunidad, y no es así. Por ello, a fin de evitar algunas de las secuelas del encierro sería bueno facilitar condiciones para que la gente se mantenga en contacto mediante las nuevas tecnologías, pero siempre sin dar cosas por hecho, como cuando se lanzó la app Covid-19mx, que como herramienta es útil, aunque me parece que caemos en el error de creer que todos en México tienen acceso a un teléfono o a una computadora, y eso no lo sabemos”.

En busca de información fiable

El 25 de marzo y en conferencia de prensa, el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, aseguró que el coronavirus sólo contagia a gente con dinero y “los pobres estamos inmunes”, declaración que aunque va en sintonía con los dichos del gobierno nicaragüense (“la Covid-19 es un virus de ricos y burgueses”), contradice lo que anticipan la mayoría de los expertos: la enfermedad se ensañará con los pobres.

A decir de la profesora Monroy, es preocupante que las autoridades comuniquen datos de este tipo, “pues se supondría que su información es fiable y no siempre resulta así”. Por ello su recomendación es que, tanto gobierno federal como los estatales, conformen equipos de trabajo que validen lo que se va a comunicar con criterios científicos, ya que malinformar es contraproducente.

“La gente ya de por sí tiene muchas dudas y, por lo mismo, políticos y funcionarios deben consultar fuentes veraces antes de emitir juicios o comentarios, y abstenerse de expresar ocurrencias. Ello evitará que la población difunda rumores sobre la enfermedad o datos erróneos sobre las medidas de seguridad y lo que se está haciendo. Proceder de esta manera es relevante pues hay vidas de por medio”.

Para que México afronte de mejor manera esta crisis es crucial que la población entienda las medidas tomadas y el porqué de cada una, y ello pasa necesariamente por tenerle confianza a la información recibida; “sólo así se generaremos ese vínculo indispensable para protegernos y actuar todos juntos, como sociedad”. 

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