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¿Eres alérgico al polvo?¿Estás seguro que es al polvo?

Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica
Sophie limpiando en "El Castillo Vagabundo"

Seguro habrás observado alguna vez que cuando alguien entra en contacto con el polvo, empieza a lagrimear y a estornudar de manera dramática. Entonces pensamos que es alérgico al polvo y muchos estarían de acuerdo con ello, pero la medicina no tanto.

Según los especialistas, el polvo como tal no produce alergia en las personas, y su reacción al contacto no deberían exceder una irritación que ni siquiera llega a activar el sistema inmunológico.

Lo que sucede en realidad es que el polvo puede contener partículas provenientes de los ácaros, restos de animales domésticos, esporas de hongos y pólenes, las cuales sí pueden generar alergia en algunas personas.

Es por ello que muchas personas alérgicas al polen también desarrollan los síntomas al entrar en contacto con el polvo, sobre todo en otoño y primavera. Sin embargo, los alérgicos a los ácaro pueden presentar síntomas en cualquier estación del año siempre que existan condiciones propicias para la proliferación de estos pequeños arácnidos.

«Tradicionalmente se ha equiparado la alergia al polvo con los ácaros, dado que estos animales se localizan en el polvo de la casas«, según señala la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).

Por tanto, hablando con propiedad, los términos no se corresponden y se debe desechar el concepto de “alergia al polvo”.

Los ácaros del polvo doméstico (Dermatophagoides) son muy comunes y constituyen una de las causas más frecuentes de alergia respiratoria. En general crecen en ambientes con una humedad superior al 70% y a una temperatura óptima en torno a los 25ºC. Se alimentan de residuos orgánicos, sobre todo restos de piel muerta, por lo que se encuentran fundamentalmente en colchones, mantas, almohadas, alfombras, moquetas y muebles tapizados. Su población aumenta significativamente en zonas costeras.

Eliminar a los ácaros por completo es una tarea imposible. Sin embargo, existen algunas medidas que pueden ayudar a reducirlos y evitar su proliferación dentro de nuestros recintos.

Es aconsejable retirar alfombras, además de evitar la acumulación de mantas, peluches y libros en exceso. También es recomendable prescindir del uso de colchones y almohadas de lana. Son medidas útiles cubrir colchones y almohadas con un protector impermeable a los ácaros y lavar las sábanas y mantas semanalmente en agua caliente.

Se recomienda mantener una humedad relativa por debajo del 60%, evitando el uso de humidificadores ambientales. También debe evitarse la estancia prolongada en ambientes húmedos y lugares que hayan permanecido cerrados durante largo tiempo (sótanos, bodegas, trasteros, etc.).

Fuente: SEAIC

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