Cultura

Francisco Toledo, sembrador de arte y cultura

Arnulfo Aquino Casas/Revista de la Universidad

En la Academia de San Carlos de los años sesenta teníamos referencias de Francisco. En esa época estudiantes oaxaqueños de arte, como Roberto Donis, Edmundo Aquino o Virgilio Gómez, estudiaban en los talleres de la Academia y comentaban acerca de Francisco y su obra. Muchos también asistíamos a algunas de las exposiciones del joven Toledo (recuerdo particularmente una exposición en la galería Souza). En algún otro momento nos enteramos de que recorría galerías y museos en París, y que había expuesto su obra, pero no se le había permitido la entrada al lugar porque lo confundieron con un indigente. Estas anécdotas nos causaban hilaridad, a la vez que construían la fama de Francisco, artista y vagabundo por el mundo. Con estas referencias, Melecio Galván, el mejor dibujante de la generación, hizo un magnífico retrato en tinta sobre papel con la imagen del sembrador de arte y cultura.

Recuerdo este dibujo porque, si bien a los miembros mi generación nos marcó el movimiento estudiantil de 1968 y somos parte de los grupos plásticos de los años setenta, siempre estuvimos atentos al movimiento cultural y a la trayectoria de algunos artistas, particularmente la de Francisco Toledo; por este motivo, en los años noventa, cuando el Maestro me invitó a exponer en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), me dio gustó y me trasladé a esa ciudad para reunirme con él. Recuerdo de entonces a Francisco por su lúcida mirada, que por instantes destellaba chispas de energía cuando alguien o algo atraía su atención. En abril de 1994 mostré mi obra gráfica en el IAGO y dialogué con el Maestro acerca de la impartición de cursos y talleres de capacitación para jóvenes oaxaqueños. En esa etapa de mi vida me correspondió crear la Unidad de Posgrado y Educación Continua en la Escuela de Diseño del INBA, así que el diálogo fue sobre mi experiencia como coordinador; parte de mis actividades eran la organización de diplomados, cursos y talleres como procesos de gestación para una maestría. Cabe aclarar que si bien el INBA era responsable de la educación en el posgrado para los alumnos, las actividades con profesores invitados tenían un costo extra. Después de un par de charlas, consideramos las dificultades para desarrollar en Oaxaca un proyecto similar: el problema principal era la diferencia económica de los estudiantes. Toledo señaló claramente que en Oaxaca los jóvenes no tenían recursos para costear los gastos de su aprendizaje; con esta referencia, parte de las tareas que él enfrentó fue encontrar soluciones para impartir educación artística sin costos.

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