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Picasso, un puma en busca de la gloria

Vaya pintura de golpes y obra universitaria: en el cuadrilátero es identificado como Rey Picasso, y Alan como alumno escolarizado del tercer semestre en la Facultad de Ciencias.

A sus 19 años es un atleta de alto rendimiento sin algún indicio de vanagloria; su perfil pugilístico se inscribe desde la física y el hipotálamo, no en lo físico de sus nudillos.

Alan David Picasso Romero es boxeador desde los ocho años de edad. Su estirpe lo delata, porque Alfonso, su padre y entrenador, así como su abuelo y su tatarabuelo tuvieron también lona recorrida.

La campana de su profesionalismo se tañó el 25 de marzo de 2016, ahora con una marca de 12 peleas, cinco de ellas vencedor por nocaut. El 21 de diciembre en Tijuana, Baja California, expondrá su invicto y peleará por el campeonato juvenil del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

“Si le preguntamos a cien personas si creen que soy boxeador, 90 me dirán que no porque soy sumamente tranquilo. El boxeo no es violencia, es inteligencia y disciplina, es respeto por tu rival. Hasta entre contrincantes nos respetamos. Mi deseo es convertirme en campeón mundial en diferentes categorías. Con eso me encantaría abrir fundaciones de ayuda para la educación y la salud; en el ámbito profesional, pienso en una empresa de biotecnología. Esos son mis mayores sueños.”

Su dermis, limpia de tinta, refleja su vida fuera y dentro del ring: estudiante rumbo al cuarto semestre de la licenciatura en Física; como pugilista amateur alcanzó 128 peleas con una marca arrolladora.

“Mi sueño siempre ha sido ser neurocientífico; sólo de pensar en las posibilidades que puede generar juntar la física con las neurociencias me explota la cabeza. El ser humano siempre ha tratado de descubrir el mundo exterior, pero casi nunca nos hemos detenido a reflexionar en qué tenemos dentro de nosotros mismos. Tenemos un potencial enorme y me gustaría explorarlo y hacerlo crecer. Al boxeador lo ven con el prejuicio de que no es inteligente, de que derrocha dinero; yo quiero cambiar eso.”

Fotos: Erik Hubbard.

Once guantes

“Llevo 11 años en esto, más de la mitad de lo que va de mi vida. He combinado el deporte con la escuela y ha dado buenos resultados. Mi padre cuenta que inicié como sparring de otro niño. Nunca me ha gustado que me peguen. Lo que sí me agrada es la disciplina y la responsabilidad. Actualmente los boxeadores debutan a los 16 años, y la edad para retirarse es muy amplia; yo quiero hacerlo entre los 25 y 27 años, para dedicarme a mi carrera académica”, indicó.

Admirador en el ring de Óscar de la Hoya y Ricardo Finito López, y en la arena social de Muhammad Alí y Many Pacman Pacquiao, Alan David no deja de soñar aun cuando se despierta a diario a las cuatro y media de la mañana, para iniciar con trote a las cinco horas. Tras un entrenamiento de 120 minutos, viene a Ciudad Universitaria, y en la tarde practica en una segunda sesión.

“Empecé en la categoría mosca, ahora estoy en supergallo; me gustaría llegar a welter. Me encanta estudiar el cuerpo humano para saber dónde están las zonas blandas y dónde puedo generar más daño. Me caracteriza un boxeo estilista, estratégico, pues al final la inteligencia es la que decide las peleas”, concluyó.

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