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Fui la primera en nombrar a Los Zetas en mis textos: Fernanda Melchor

Farrah de la Cruz Cárdenas/Azucena Reyo
La escritora revela que con su trabajo nunca tuvo la intención de señalar a nadie. Su propósito era contar historias basadas en hechos reales

Originaria de Boca del Río, Veracruz, Fernanda Melchor comenta que fue la primera persona que nombró a Los Zetas «como tal» en una crónica periodística. Eran los años de Fidel Herrera y Javier Duarte, una época donde la violencia ejercida por el narco no sólo comenzaba a afectar a la población entera, sino a la economía del estado.

Si bien una de las misiones más importantes del periodismo es la denuncia, Melchor revela que con su trabajo nunca tuvo la intención de señalar a nadie. Su propósito era contar historias basadas en hechos reales.

Sus crónicas, lejos de ser tratadas como realidad -porque eran hechos que sí estaban aconteciendo-, suponían relatos sostenidos por un cuento. Fue la ambigüedad en su estilo literario lo que le valió para no ser silenciada.

«Y es que con la ficción tienes ventaja de disfrazar elementos preocupantes como si fueran verdades a medias o mentiras. Con el periodismo no puedes hacer eso», argumenta en entrevista.

De acuerdo con la joven escritora, escribir crónica no le implica otra cosa sino buscar la mejor forma de contar un hecho, “pues la historia en sí ya está hecha”.

A este respecto, señala que a la gente le interesa el lado sociológico de Temporada de huracanes porque «retrató muy bien una capa de la sociedad, la miseria de las zonas rurales de Veracruz, pero en realidad la novela va más allá de eso”.

Durante la Feria Internacional del Libro Monterrey 2019, la autora de Aquí no es Miami confesó su gusto por contar historias sobre la «humanidad de las personas». Sentimientos y emociones que no siempre son de bondad o filantropía, sino aquellos de total desapego y violencia, como la envidia, el rencor o el odio, “un lado que, normalmente, evitamos evidenciar”.

Interesada en jugar con elementos mucho más apegados a la realidad, Fernanda Melchor últimamente se ha dado a la tarea de indagar más en torno a las historias que escucha o le cuenta la gente. Dice que es lo más cerca que puede estar a ser un detective.

“Es investigar, ir encontrando pedacitos de un rompecabezas para armarlo y presentárselo al lector con una narración dinámica, veloz y trepidante”.

Refiere que las historias que plasma en sus libros eligieron su pluma para ser contadas.

“No es que me ponga a buscar historias de violencia, sucede que me llaman la atención las personas que cometen un delito. Creo que la literatura se hace las mismas preguntas que se hace en otros ámbitos: ¿Qué es un crimen? ¿Qué es el amor? ¿Qué es el odio? ¿Qué es la ley?, pero desde otro ámbito. A mí me gusta hacerlo desde la literatura, desde la ficción, desde la narrativa o desde la crónica”, alude.

Escribir novela -dice- implica imprimirle emociones difíciles de aceptar o digerir.

“Cuando hice Temporada de huracanes acabé devastada; tuve que ir a terapia. Me puse en contacto con emociones con las que no estaba lista”.

Definida a sí misma como una amante del séptimo arte, Fernanda Melchor mezcla ficción y realidad en sus obras con el fin de plasmar emociones, un gusto que ha intensificado a través de sus lecturas (Inés Arredondo, Emmanuel Carrère y Delphine de Vigan).

“Jamás haría cine porque eso implica mucho dinero, sin embargo, la literatura cuenta con la ventaja de la imaginación, que puede hacer que las personas construyan películas en su mente. Leer una novela produce una imaginación distinta en cada lector porque es algo personal. Es una interacción muy íntima que se tiene con el lector”, asevera.

La escritora, distinguida con el Premio Internacional de Literatura 2019, asegura que el hábito de la lectura define la carrera de un escritor aun cuando se lee algo que comúnmente se cataloga como “mala literatura”.

En su experiencia, haber vivido en un lugar donde el acceso a los libros estuvo limitado a dos librerías y una biblioteca, no fue condición suficiente para mermar su vocación literata.

En ese sentido, argumenta que leer cualquier tipo de literatura abre panoramas y muestra no sólo lo que se quiere o no contar, sino cómo se quiere hacer:

“La carrera de un escritor siempre empieza por leer. Después de diez años de leer un libro a la semana, se puede hablar de estar en condiciones para escribir”.

Desde su punto de vista, el verdadero trabajo de un escritor no es ser un influencer, dar entrevistas y hacer presentaciones, «eso no se compara en nada con el hecho de enfrentarte a ti mismo y a esa historia que quieres contar y no te sale».

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