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Historias de terror científico

Brenda Terrazas
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Toni Collette 'Hereditary'

REVIVIR A LOS MUERTOS

Robert E. Cornish, niño prodigio que a los 18 años se graduó con honores de la Universidad de Berkeley, y cuatro años después obtuvo la licencia para practicar medicina.

A los 20 años, Cornish trabajó en varios proyectos en Berkeley, desde fabricar gafas de lectura hasta el estudio del agua pesada. Pero su interés favorito era la reanimación de cadáveres humanos y animales después de la muerte, lo que Cornish pensó que era completamente posible.

Para 1933 había desarrollado un método inusual de reanimación.

Él mismo sacrificaba a los perros con los que iba a experimentar (cinco fox terriers que él llamo Lazarus 1-5). Primero hacía circular la sangre usando, a falta de un corazón activo que la bombease, el teeterboard: una especie de balancín sobre el que depositaba el cuerpo y cuya inclinación basculante facilitaba que fluyera la sangre por las venas y arterias. Después inyectaba, una solución que combinaba suero salino, oxígeno, adrenalina, eparina (sustancia anticoagulante extraída del hígado), fibrina (una proteína coagulante) y sangre. Simultáneamente, insuflaba oxígeno soplando por un tubo de goma introducido en la garganta del animal.

 

Un balancín mecánico, que demostró en Londres, reavivar a una persona después de la asfixia (izq.) inventada por Cornish. Máquina del corazón (der.) inventada por el Dr. Brukhanenko, actuaría como un corazón cuando se conecta a la cabeza de un perro muerto. Imagen: Popular Science.

Si hacemos caso a la prensa de la época, que asistió a una demostración pública, el 22 de mayo de 1934 logró revivir a los tres primeros, que llevaban cinco minutos muertos tras morir asfixiados con nitrógeno, aunque volvieron a fallecer enseguida. Pero con Lazarus IV, la cosa fue distinta. Un artículo del New York Times narra cómo el perro volvió a la vida, aunque en un estado muy precario, ciego y tembloroso, sin apenas capacidad motriz. Aún así, se mantuvo vivo varios días y ello sirvió de acicate para insistir. Al año siguiente, repitió éxito con Lazarus V, que sobrevivió más tiempo aún pese a los graves daños cerebrales que le hacían estar en un estado semiinconsciente. Por lo que dijo, la evolución de los perros fue aceptablemente buena, mejorando físicamente a lo largo de más de dos semanas, ignorándose qué pasó luego con ellos. Es difícil saber hasta dónde llega la realidad y dónde empieza la leyenda porque el artículo no era de primera mano, sino tomado de la revista Modern Mechanix . Todo ello, aunado al trato que recibían los perros hicieron que la universidad le prohibiera continuar sus experimentos. Después intentó experimentar con cerdos, siendo éstos más parecidos a los humanos.

Cornish, siguió trabajando en casa y obtuvo presupuesto en 1947 distribuyendo la película Life returns de la Universal Pictures. El científico es el propio Robert E. Cornish interpretándose a sí mismo y el último tramo del film muestra imágenes reales suyas trabajando en su laboratorio con Lazarus [1]. Esto ayudó a alcanzar su siguiente objetivo, probar en humanos, el problema de revivir a un ser humano estaba en la necesidad de encontrar un voluntario que antes aceptara morir.

Thomas McMonigle (un infanticida), convicto condenado a muerte, ofreció su cuerpo para después de la ejecución; no tenía nada que perder, evidentemente. Sin embargo, ante la idea de que los abogados obligaran a liberar al reo si sobrevivía, el estado de California denegó el permiso y McMonigle no pudo pasar a la posteridad, falleciendo en la cámara de gas de San Quintín en febrero de 1948. No queda muy claro qué sucedió después, el investigador insistió pero la comunidad científica lo fue apartando, murió a los 60 años el 6 de marzo de 1963.

 

LOS COMIENZOS DE FRANKENSTEIN

A propósito de Cornish, la máquina del corazón inventada por el doctor Sergei Brukhonenko (ganador del Premio Lenin), fue utilizada en experimentos de reanimación de organismos clínicamente muertos en 1940.

En plena época estalinista, se trataba de demostrar que la ciencia en la URSS no tenía límites, ni siquiera los que impone la propia naturaleza. Este video de casi 20 minutos realizado en 1940, y que resume algunos de aquellos trabajos, fue presentado por primera vez en 1943 ante científicos norteamericanos en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York.

 

En el video se observa cómo Brukhonenko y su equipo reaniman primero un corazón, luego la cabeza decapitada de un perro y finalmente un animal completo. Gráficamente se enseña cuáles son las vías esenciales para mantener al animal con vida y cómo es que éste reacciona a estímulos externos: sonido, luz y sabor [8].

El documental fue presentado y narrado (en su versión en inglés, la única que ha llegado hasta nosotros) por John Burdon Sanderson Haldane, uno de los padres, junto con Alexander Oparin, de las modernas teorías sobre el origen de la vida.

Nunca se supo si era propaganda soviética o no. Lo cierto es que una película de la época muestra cómo Brukhonenko lograba mantener viva una cabeza de perro decapitada, al que, previamente, se había dejado morir desangrado.

Lo que sí, es que este dispositivo es muy similar a las máquinas OMEC, las cuales ayudan a pacientes con órganos gravemente dañados a tener asistencia respiratoria o cardíaca y en la nefrología.

Buena parte del mundo científico se ha llevado las manos a la cabeza tras leer los resultados del estudio del doctor Canavero, publicado en Surgical Neurological International. Afirman que la reconexión de la médula espinal no es tan sencilla y que estamos a años luz de hacer esta clase de operaciones.

Otra parte de la comunidad científica ve con buenos ojos la iniciativa y aseguran que no es necesario reconectar todo el circuito nervioso para tener motricidad completa, bastaría con entre un 10 y un 30%.

PARTÍCULAS CADAVÉRICAS

La fiebre puerperal era una verdadera plaga en las maternidades de los hospitales: luego del parto, morían muchas mujeres (nueve de cada 10).

Ignaz Semmelweis nació el 1 de julio de 1818 en Taban, Hungría, quien desde sus tiempos de estudiante de medicina se había sentido intrigado por qué la fiebre no afectaba a las mujeres “acomodadas” que parían en sus casas.

El húngaro había observado que las mujeres contraían la fiebre cuando los ayudantes en el parto eran estudiantes que venían directamente desde la sala de cadáveres, donde habían estado realizando sus prácticas de anatomía.

Entonces, sucedió que a un médico, amigo suyo, se le infectó una herida que se había hecho mientras estaba trabajando con el cadáver de una mujer muerta por la fiebre. El amigo también murió con los mismos síntomas de quienes padecían fiebre puerperal. Fue la ocasión en la que Semmelweis pensó que los estudiantes y médicos que tenían a su cargo la atención de las madres en trabajo de parto, transportaban una «materia cadavérica».

 

Dr. Semmelweis. Imagen: PeriniJournal

Postuló que estas partículas cadavéricas entraban por el torrente sanguíneo de la persona afectada y que podía afectar no sólo a puérperas sino a las embarazadas y a sus propios hijos recién nacidos. Propuso el uso de soluciones con cloro para el lavado de manos de los médicos, antes y después de atender y examinar a sus pacientes, medida que se inició a mediados de mayo de 1847.

Semmelweis indujo la enfermedad en animales como conejos, pero decidió no utilizar el microscopio para observar los tejidos afectados, ya que lo consideró irrelevante. Sus observaciones no tuvieron eco, él mismo fue amenazado. No era posible que se culpara a los propios médicos de estas muertes, era un insulto para la imagen de los médicos. Incluso su propio jefe de Obstetricia, el profesor Klein, estuvo en contra de él y prohibió esta medida sanitaria, relevando del cargo a Semmelweis en 1849 y dejando a Braun, quien creía que todo era problema de mala ventilación con lo que la tasa de mortalidad aumentó nuevamente.

Biógrafos como Frank Slaughter en 1950, plantearon que las experiencias trágicas que le tocó vivir a Semmelweis «destruyeron su mente» y lo hicieron «un mártir de la estupidez del mundo«.

Sus amigos observaron un progresivo deterioro intelectual, psicosis con rasgos paranoideos y decidieron internarlo en un sanatorio en Viena, a cargo del psiquiatra Riedel en julio de 1865. En el sanatorio se descubrió que Semmelweis presentaba una herida en unos de sus dedos, atribuyéndose a alguna cirugía, pero parece más cierto que se haya provocado en las medidas de contención que necesitó. La herida se gangrenó, se desarrollaron múltiples abscesos y Semmelweis murió el 13 de agosto de 1865 a los 47 años de edad [2].

«Medidas higiénicas que ahora, salvan vidas».

CIGARRAS ZOMBIES

Investigadores de la Universidad de West Virginia descubrieron que el hongo exclusivo de las cigarras (Massopora) contiene químicos similares a aquellos encontrados en hongos alucinógenos. 

Está infección les causa la pérdida de sus extremidades y provoca un comportamiento extraño. Por ejemplo, los machos desarrollan conductas hipersexuales: tratan de aparearse con todo lo que encuentran, a pesar de que el hongo ha consumido sus genitales y colillas.

 

Estas cigarras están infectadas con un hongo que las convierte en ‘zombies’. Imagen: alleghenyfron.org

Sin importar el estado físico de las cigarras infectadas, continúan deambulando libremente como si nada estuviera mal, pero infectando a otras cigarras con su enfermedad.

«Son zombis en el sentido de que el hongo tiene el control de sus cuerpos», explicó Matt Kasson, uno de los autores del estudio. Has oído hablar de The Walking Dead, esto es The Flying Dead.

Las cigarras primero se encuentran con el hongo bajo tierra, en donde pasan de 13 a 17 años antes de salir a la superficie como adultas. De 7 a 10 días sobre el suelo, el abdomen comienza a desprenderse y revela la infección por hongos al final de la cigarra. Las adultas infectadas mantienen o aceleran la actividad normal del huésped durante la esporulación (reproducción de esporas), lo que permite una dispersión rápida de la infección antes de la muerte del huésped [3].

PARÁSITOS MENTALES

Leucochloridium paradoxum es un parásito platelminto (gusanos planos) que subsiste gracias a un ciclo biológico que precisa de varios huéspedes. Se desarrolla en un tipo de molusco, concretamente el caracol, éste ingiere vegetación y también puede alimentarse de excrementos de aves, los cuales han sido infectados por el platelminto.

El huevo madura en el cuerpo del caracol y las larvas (llamadas miracidios), tras un proceso de agrupación (esporocisto) se instalan en su antena izquierda, también en la derecha en caso de la presencia de un número elevado de larvas. Una vez instaladas se crea una especie de bolsa palpitante en los tentáculos oculares del caracol originada por los movimientos del parásito. Las larvas se alojan en los tentáculos y ojos y se mueven para atraer a los depredadores.

 

Si el caracol es de colores se debe a que el parásito los provoca para atraer a los pájaros y que se coman al gasterópodo, ya que el parásito tiene que terminar su ciclo de vida en las heces de aves, quienes también son huéspedes y, posteriormente, los huevecillos del parásito vuelven a ser consumidos por estos caracoles. ¡El ciclo sin fin!

De acuerdo con González, el parásito crece dentro del hígado, similar a un tumor, y poco a poco va apoderándose del cerebro del caracol para aprovechar toda su energía y nutrientes. A partir de ahí controla los movimientos del caracol y lo lleva a su muerte.  Es, como «un caballo de Troya para pájaros» [4].

EXPERIMENTOS DE OBEDIENCIA

Stanley Milgram, psicólogo de la Universidad de Yale, realizó uno de los estudios más famosos de obediencia en psicología. Realizó un experimento centrado en el conflicto entre la obediencia a la autoridad y la conciencia personal.

¿Eres realmente un pensador independiente? ¿Te consideras un iconoclasta, viviendo según tus propios estándares en lugar de ser guiado por las señales y expectativas de los demás?

No estés tan seguro. El Experimento de Obediencia de Milgram básicamente mostró cuánto escuchamos a las personas si representan una “autoridad”.

Milgram examinó las justificaciones de los actos de genocidio ofrecidos por los acusados ​​en los juicios penales de Núremberg en la Segunda Guerra Mundial. Su defensa a menudo se basaba en la «obediencia«: que sólo estaban siguiendo las órdenes de sus superiores.

«El experimento requiere que continúes». Eso fue lo que el psicólogo Stanley Milgram les dijo a los participantes después de presionar un botón que electrocutaría a un «sujeto» en la otra habitación.

 

Milgram, experimento de obediencia. Imagen: allthatsinteresting.com

En realidad, el «sujeto» era un actor y no fluía electricidad a través de los cables. El actor agitaba, gritaba y rogaba al participante que no continuara, pero un investigador con una bata blanca le pedía que subiera el voltaje, y le informaba que «el experimento requiere que (él) continúe».

Más tarde, el investigador diría «no tienes otra opción que continuar». Finalmente, a medida que el voltaje se «incrementaba», el actor dejaría de moverse por completo.

Crees que te habrías detenido tan pronto como hubieras causado dolor a otra persona, ¿verdad? Te equivocarías: el 65% de los participantes continuaron incluso después de que el receptor de las sacudidas se sacudió en agonía y parecía estar totalmente muerto [5].

BROTE DE PODER

Un tranquilo domingo de agosto por la mañana, en Palo Alto, California, un coche de la policía realizó una incursión por la ciudad y detuvo a estudiantes universitarios como parte de una redada. Metieron a los sospechosos en la parte posterior del vehículo policial y los llevaron a la comisaría con las sirenas a todo volumen.

Los sospechosos habían contestado a un anuncio del periódico local que pedía voluntarios para un estudio de los efectos psicológicos de la vida en la cárcel. Queríamos ver cuáles eran los efectos psicológicos de convertirse en un preso o carcelero. Para ello decidimos construir una cárcel y después observar los efectos de esta institución sobre el comportamiento de todo aquel que estuviera entre sus paredes. El grupo de 24 sujetos de prueba, que no presentaban problemas psicológicos, discapacidades médicas o un historial delictivo o de abuso de drogas, se dividió aleatoriamente en «guardias» y «prisioneros». Se les remuneró con 15 dólares diarios.

¿Crees que actuarías de manera apropiada si te dieran todo un bote de poder sobre otra persona? El experimento de la prisión de Stanford, realizado por el psicólogo Philip Zimbardo, probó exactamente esa pregunta.

Los «reclusos» fueron secuestrados de sus hogares, se les registró y se les dio nuevas identidades, con la humillación, vejaciones, sin intimidad, y esas cosas de la cárcel (al menos para la mayoría de reos). A los «guardias» no se les dio ninguna formación específica sólo les dieron bastones de madera y se les dijo que no lastimaran físicamente a los internos, sino que hicieran sus vidas lo más arbitrarias e impotentes posible. Eran libres, dentro de unos límites, para hacer lo que considerasen necesario para mantener la ley y el orden en el interior de la cárcel y obligar a los reclusos a que mostrasen respeto. «Vamos a quitarles su individualidad de varias maneras», diría Zimbardo a los guardias seleccionados al azar.

 

El estudio duró seis días y se descubrió que un tercio de los «guardias de la prisión» mostraban un «comportamiento verdaderamente sádico». Le llevó menos de una semana convertir a una persona totalmente normal en sádica, o despojarlo de su identidad y deshumanizarlo por completo [6].

“PÁJARO O DEMONIO, PERO AL FIN PROFETA”

Los córvidos han demostrado ser capaces de distinguir a los humanos de manera individual por sus rostros. En un estudio realizado en 2008, John M. Marzluff, biólogo de la Universidad de Washington, demostró que los cuervos reconocían los rostros de los investigadores individualmente y que, además, se lo enseñaban a otros cuervos.

Para realizar el experimento utilizaron dos tipos de máscaras: una con un hombre de las cavernas y la otra, curiosamente de Dick Cheney. Los investigadores que llevaban la máscara del hombre de las cavernas capturaron siete cuervos a los que marcaron y después soltaron (“peligrosa”). La máscara de Dick Cheney se consideró como neutral (“amigable”).

 

El biólogo John M. Marzluff usó máscaras para demostrar que los cuervos reconocen las caras. Imagen: eluniverso.com

En los meses siguientes, los investigadores paseaban por la universidad en unas rutas delimitadas previamente portando máscaras del hombre de las cavernas y máscaras neutrales. En ninguno de los dos casos se molestaba a los cuervos. Sin embargo, los investigadores que llevaban las máscaras del hombre de las cavernas experimentaban actitudes más hostiles por parte de los córvidos que aquellos que llevaban la máscara neutral. Los cuervos se comportaban de la misma forma aunque los investigadores que llevaban la máscara del hombre de las cavernas usaran sombrero o llevaran la máscara del revés.

Con el paso del tiempo, este comportamiento no desapareció sino que pasados dos años la máscara del hombre de las cavernas despertaba miedo entre los cuervos, y aún más, 47 de 53 cuervos amenazaron a los investigadores, muchos más que los siete cuervos capturados inicialmente. Probablemente, este comportamiento haya sido fruto de la adaptación de los cuervos a un ambiente con seres humanos [7].

OTRA Y NOS VAMOS

Existe un científico Harry Harlow, psicólogo estadounidense, quien realizó dos experimentos bastante sádicos e importantes en el área, pero como no tengo el estómago para describirlos puedes informarte aquí: El apego y la privación materna, y El pozo de la desesperación.

Muchas historias más, que de una manera u otra, han dado paso al desarrollo tecnológico y al avance científico. No es necesario buscar en la ficción para encontrar historias escalofriantes: la realidad es, muchas veces, más terrorífica que las películas.

Referencias:

  1. Robert Cornish, el científico que resucitaba perros y no le dejaron probar con humano
  2. Miranda, M., & Navarrete, L. (2008). Semmelweis y su aporte científico a la medicina: Un lavado de manos salva vidasRevista chilena de infectología25(1), 54-57.
  3. Flying salt shakers of death:’ Fungal-infected ‘zombie’ cicadas.
  4. Leucochloridium paradoxum, el parásito mimético y el caracol.
  5. The Milgram Shock Experiment
  6. The Stanford prision experiment: a simulation study on the psychology of imprisonment.
  7. Cuervos, aves de una inteligencia sorprendente.
  8. Un experimento de 1940 mantuvo con vida la cabeza de un perro sin cuerpo.

 

Puedes ver también:

Hormigas zombis muerden al mediodía y después mueren.

25 of the Scariest Science Experiments Ever Conducted.

 

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