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Ya no hay que salir del país para hacer cine: González Iñárritu

Fotografía: Francisco Parra y Barry Domínguez / Realización Daniel Francisco / Francisco Medina
La UNAM otorgará el grado de doctor honoris causa al cineasta Alejandro González Iñárritu

Sin escuelas, sin posgrados, sin traje, sin corbata y con una ligera carcajada Alejandro González Iñárritu dice que el honoris causa que le otorgará la UNAM “quizá (es) un error pero para mí un gran honor”. 

Durante tres horas y media les narra a sus colegas universitarios sobre el sacrificio, los riesgos y la locura de hacer cine. Ninguna película vale lo que una vida humana, “no puedes poner en riesgo la vida de alguien”, y recuerda las dificultades al filmar la escena del choque en Amores Perros, en la que por centímetros los mirones estuvieron a punto de sufrir un accidente.

Uno de los estudiantes le confiesa: ¡Eres mi héroe! González Iñárritu sonríe. “¿Qué película te ha conmovido?”, “ninguna”, respuesta desprovista de diplomacia. No duda en criticar lo vertiginoso de los contenidos de televisión. Es una máquina hambrienta que pide más y la calidad se pierde. El cine ha dejado de soñar e imita a la literatura. 

Si su visión de la película amerita trabajar 18 horas en un bosque canadiense o en calles peligrosas de la Ciudad de México, lo hará. Es un trabajo artesanal, perfecto, obsesivo, “como el de los carpinteros”. No como las escenas en un estudio cerrado y con pantalla verde “como en Game of Thrones”. 

Hoy los jóvenes no le tienen miedo a la globalización. Antes había muchos tabús, ahora el mundo es muy pequeño, ya no hay tantos miedos como había antes y creo que la libertad y las posibilidades tecnológicas que existen son muy superiores. Los jóvenes cineastas mexicanos ya no tienen la necesidad de salir del país. Hay otros retos que son el lenguaje, el ser relevante, el poder ser visto, señala el cineasta.

En entrevista, refiere que los jóvenes cineastas “están viviendo una época de sueño en comparación de como estábamos nosotros, en esa época no podíamos hacer cine. Realmente, era una montaña muy grande para subirnos, había muy poca producción. La producción estaba realmente en manos de muy pocos, el costo era altísimo, la exhibición y la distribución eran casi imposibles. Todo era para muy pocos. Hoy con un teléfono celular puedes hacer una obra, la puedes montar en las redes sociales, tienes acceso”.

Agrega que “hay una cantidad de producción que no se hubiera imaginado alguien, de muchos formatos, de muchos géneros. No quiere decir que la calidad haya aumentado, pero cuantitativamente estamos viviendo una época de oro en ese aspecto y en las oportunidades que tienen los chavos. Hay tanta opción que también se convierte en un problema la cantidad de opciones, pero definitivamente creo que no tienen la necesidad de salir”.

Con respecto al doctorado honoris causa que le conferirá la UNAM, destaca que es un gran honor, “me llena de orgullo y de alegría el obtener un doctorado de la UNAM, que para mí siempre ha sido no solamente una universidad bellísima a nivel estético, arquitectónico, sino lo que significa la primera universidad de América. El ser miembro de esta comunidad tan importante en México me motiva muchísimo, lo agradezco en el alma”.

Al conversar con estudiantes de la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas de la Máxima Casa de Estudios, afirma que le gusta hablar con los jóvenes “porque aprendo mucho de ellos. Me gusta compartir mis experiencias porque a partir de ahí ellos las pueden utilizar o desechar, por acción o por omisión, pero compartirlas es una forma de vivirlas de nuevo”.

Precisa que el cine y las cosas de calidad “necesitan un tiempo de maduración y germinación”.

El dos veces ganador del Oscar como mejor director (Birdman y The Revenant), expresa que no está de acuerdo con quienes dicen que lo digital ha roto el celuloide.

“Creo que las técnicas son bienvenidas. Son herramientas para ejecutar, depende de la pieza, creo que debemos utilizar todas las herramientas técnicas. El lenguaje cinematográfico sí necesita realmente considerarse, porque si no va a haber una transformación del lenguaje mismo, porque se pierde el medio y el medio no debe perderse”.

González Iñárritu se conmueve, la voz se le quiebra cuando cuenta la anécdota de su participación con un cortometraje para la cinta Septiembre 11. La llamada de una esposa que le avisa a su marido que el avión en donde va ha sido secuestrado, una llamada sin sobresaltos, que intenta tranquilizar al marido. Después de escucharla sabe que tiene que hacer ese corto. Es un recuerdo vivo. 

Finalmente, le preocupa la involución que conlleva el uso de las redes sociales, se “está perdiendo el lenguaje, los simbolismos”, la conexión con la naturaleza.

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