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Técnicos y diseñadores, verdaderos magos del teatro

CulturaUNAM Nota: Eduardo Bautista. Fotos: Barry Domínguez
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  • El Teatro Juan Ruiz de Alarcón y el Foro Sor Juana Inés de la Cruz de la UNAM cumplen 40 años
  • El arte dramático sería imposible sin la labor de esas personas anónimas que, fuera del escenario, vuelven realidad la magia del teatro

 

En un mundo cada vez más inmediato, donde el entretenimiento está al alcance de un solo clic desde una pantalla, el teatro se convierte en una opción única para vivir el presente. Porque no, nunca hay dos funciones iguales. Allí está la magia.

Nadie mejor para platicar sobre esto que los personajes que no aparecen en el escenario ni en las letras grandes del programa, pero que sin ellos toda esta experiencia sería imposible: los técnicos.

“El teatro es el arte del hombre porque nos da experiencia de vida a través de la risa, las lágrimas o la reflexión. Cuando entramos al teatro, siempre salimos de él de una manera diferente. Una obra es como el amor: cuando te enamoras y se acaba, vuelves a buscar otro amor”, dice Gabriel Pascal, experimentado diseñador de escenografía e iluminación y fundador del Teatro El Milagro, quien durante décadas ha trabajado en los foros de la UNAM.

Detrás de la magia siempre está el mago, y ese mago en el teatro, muchas veces, es el técnico de iluminación. Quizás no sea tan evidente desde la butaca, pero las trágicas escenas de Macbeth serían muy aburridas sin esos juegos de luces y sombras que hacen de los personajes auténticas fieras del drama. Lo sabe bien Agustín Casillas,Niño, jefe de iluminación de la Unidad Teatral de la Universidad, cuyo apodo se debe a que lleva toda una vida trabajando en esta casa de estudios, incluso desde antes de que cumpliera la mayoría de edad.

Son tantas y tan bizarras las habilidades manuales que debe tener un iluminador, que resulta difícil creer que, en estos tiempos, haya gente dispuesta a entregar su vida al teatro tras bambalinas. En la mesa de reflexión Técnicos, diseñadores y realizadores, organizada como parte del ciclo de conversaciones por el 40 aniversario del Teatro Juan Ruiz de Alarcón y el Foro Sor Juana Inés de la Cruz, El Niño compartió algunas anécdotas, como cuando alguien le dijo que para lograr la iluminación perfecta —ese momento en que las luces suben o bajan de intensidad muy lentamente— era necesario no respirar, porque si lo hacía, el pulso de la mano se alteraría y el cambio de iluminación sería muy brusco. “Puedes aguantar la respiración 5 o 10 segundos, ¿pero 20?”, comentó entre risas.

Cristina Sauza, una de las diseñadoras de vestuario más reconocidas del país, también contó algunas anécdotas que tuvo en los recintos teatrales universitarios con actores de la talla de Ignacio López Tarso. Con él trabajó para la puesta en escena de El rey Lear, de Shakespeare, dirigida por Salvador Garcini y la cual se montó en el Juan Ruiz de Alarcón en 1981.

“Nunca falta el actor o la actriz que tiene ciertos caprichos con el vestuario, pero con el señor López Tarso fue diferente. Yo quería que la túnica de la escena de la tormenta fuera muy rústica, así que la hice con hojas que recolecté de todos los jardines que hay en la Universidad. Cuando la vio el señor López Tarso me dijo: ‘yo no me voy a poner eso’. Le pedí entonces, con todo respeto, que hiciera un ensayo con la túnica porque así lo había acordado con el director. Aceptó y, cuando acabó de ensayar, me dijo que nunca había tenido una prenda favorita en el escenario hasta que se puso la mía”, compartió.

Xóchitl González, diseñadora de escenografía e iluminación que comenzó su carrera en los recintos universitarios, aseguró que el Juan Ruiz de Alarcón y el Foro Sor Juana Inés de la Cruz son los “teatros ideales” para cualquier montaje, tanto por su acústica como por su arquitectura.

Ella se inició en las tablas de forma empírica. Era apenas una adolescente cuando le pidió a los técnicos una sola cosa: permiso para observar su trabajo. Sólo así, pensó, aprendería un oficio del que se había enamorado intensamente, pero del cual sabía muy poco. Fue así que aprendió el abc del trabajo con escenógrafos reconocidos como Alejandro Luna o Carlos Trejo, así como del artista visual Sergio Mandujano, quien con su pintura escénica y sus excéntricos talleres con escuadras gigantescas de madera se ganó el respeto de Rufino Tamayo.

La diseñadora de escenografía e iluminación Patricia Gutiérrez llegó al circuito teatral de la UNAM a principios de los dos mil. No tiene duda que su paso por la Universidad fue fundamental para desarrollar su carrera, en la cual, asegura, cada vez más mujeres se inscriben, aunque sólo exista un lugar para estudiarla: la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA. “Y ojalá haya cada vez más jóvenes que se interesen en este maravilloso oficio”, comentó. Porque como dijo Federico García Lorca hace casi un siglo: “El teatro es poesía que se sale del libro para hacerse humana”.

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