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No hemos entendido nada

Daniel Francisco/Farrah de la Cruz/Damián Mendoza
La crisis del periodismo no es una crisis de calidad, es una crisis de negocio, señala Diego Salazar en su libro No hemos entendido nada
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El periodismo tiene futuro, lo que ocurre es que “el ecosistema de medios está cambiando de una manera radical y no creo que vayan a sobrevivir muchos de los medios que conocemos hoy”, afirma el periodista Diego Salazar, autor del libro No hemos entendido nada. Qué ocurre cuando dejamos el futuro de la prensa a merced de un algoritmo.

En la adaptación van a morir muchos medios. Esto tendrá consecuencias negativas. Los medios servían a una localidad específica, incluso, los medios que tenían una vocación nacional tenían ediciones locales. Los periódicos de la comunidad son los más golpeados por la crisis actual, añade.

En entrevista con UNAM Global, indica que el periodismo no va a desaparecer, está condenado a adaptarse. “Muchos responsables de medios y muchos periodistas nos hemos negado a esa adaptación con uñas y dientes y en ese trance hemos perdido muchas fuerzas en resistirnos a los cambios antes de entenderlos, y por ende, adaptarnos. El libro se llama por eso No hemos entendido nada”.

Afirma que el cambio que ha ocurrido en estos años sólo tiene 13 años, son cambios muy recientes y los medios no han sabido adaptarse a la nueva realidad por ignorancia. Los periodistas no hemos sido capaces de entender cómo funciona una parte de internet.

Los periodistas tenemos una obligación, precisa, tenemos una responsabilidad con los lectores, con nuestra audiencia. No todo el contenido que se produce en internet es periodismo.

Diego Salazar fue tres años editor multiplataforma en Perú. Sabe que la información que aparece en internet puede ser “un caudal tóxico que emponzoña la discusión pública”. En su libro, el lector encontrará un compendio de equivocaciones, de sinsabores, producto de la nueva dinámica de los medios de comunicación.

La crisis económica trae consigo siempre los recortes de personal. Lo que hacían tres o cuatro personas ahora lo tiene que hacer una. Lo que se podía reportear en las calles o al menos por teléfono hoy se tiene que tomar de comunicados de las instituciones o de los publirrelacionistas. Lo que antes eran horas de estar encerrado en una hemeroteca, en archivos o legajos judiciales, hoy tiene que buscarse en las redes sociales, hay que ir por el video viral.

Salazar documenta grandes fiascos, información falsa que publicaron algunos medios de comunicación, que no cumplieron con los estándares básicos de verificación. Jamás se publicó una disculpa. La trampa provocada por ese vértigo de publicar antes que todos: “Publicar más pensando en que eso va a traer lectores o visitas y que eso se va a transformar en publicidad”.

Respecto a los columnistas, señala que “la columna se ha vuelto o quizás siempre fue (ocurre que ahora nos damos cuenta) una excusa para ciertos periodistas, columnistas o analistas para contar cómo se sentían esa mañana y expresar una opinión tajante, muchas veces alineada a intereses políticos o de ciertos poderes. Hay mucha corrupción en el periodismo. Hemos dejado de lado lo que debería ser una de las principales características de alguien que tiene una tribuna en un medio de comunicación, y es la argumentación”.

Refiere que “la regla mínima de cortesía es la argumentación”. Los columnistas “deciden saltarse procesos, buscar en la hemeroteca o algo tan sencillo como googlear”.

Añade que es importante que los periodistas tengamos la humildad suficiente para admitir cuando nos hemos equivocado y explicar a las audiencias las razones de ese equívoco.

Muchas grandes cabeceras optarán por un modelo de suscripción, concluye, con un muro de pago duro, donde se tendrá un acceso limitado. No es una solución viable para medios más pequeños. “Muchos fracasarán, la audiencia tendría que verte como un producto necesario”.

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