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“Luego seguimos platicando manita”

Luisa González*
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La vida nos juntó en la universidad, con sueños e ilusiones. Eras morena, siempre delgada y de rizos que te afanabas en alaciar con una liga todas las mañanas.

Desde entonces me quedó claro que tu pasión eran la radio y el cine. Nos encantaba la clase de cinematografía del profesor Marco Julio Linares, a la cual llegábamos a tiempo, sin falta.

Un día me invitaste a ver en tu casa ‘Carlito´s Way’. Yo no sabía quién era Al Pacino y tú me lo explicaste todo: “fíjate en esta escena, fíjate en este diálogo, el director se llama tal”.

Fuimos buenas compañeras y confidentes en ese periodo de nuestras vidas. Películas, comidas, reuniones, pláticas interminables y tareas fueron parte de nuestra formación. Al terminar los estudios tomamos caminos diferentes porque nuestros intereses también lo eran. Nos dejamos de ver por mucho tiempo.

Lograste entrar al medio de moda, hacer radio y comenzaste a forjarte una trayectoria como comunicadora.

Un día me armé de valor y te llamé: “Ely, ¿me perdonas por todo este tiempo que no nos hemos visto?”. “Sí, mensa, olvídalo” y soltaste la carcajada.

Me invitaste a participar en tu espacio radiofónico: “¿Oye?, tú que tanto amas la UNAM, ¿haz algo de la universidad, no? Platícanos sus actividades culturales, científicas, deportivas”. Y colaboré varios años contigo.

Al principio fue todo un desastre. Tú, experimentada frente al micrófono y yo totalmente novata pero aprovechando la oportunidad de salir en un medio importante a nivel nacional y de aprender de ti.

Nos tocó una época difícil en los medios de comunicación mexicanos: recortes, bajos sueldos y cero prestaciones, pero tú te sabías mover: hacías anuncios, demos, viajabas para estar en los eventos de cine, transmitías, y hacías cuanto esfuerzo extremo te permitías.

“Casi no dormía, se la pasaba haciendo anuncios, trabajaba mucho”, me dijo tu mamá cuando llegué a la funeraria donde te esperábamos para darte el último adiós.

Puse mis manos sobre tu féretro y entre lágrimas sólo atiné a decirte, “Luego seguimos platicando, Manita, Flaquita”.

Hoy ya no estás más en el mundo pero dejaste muchas amistades y contagio por el gusto de hacer radio y cine, y eso es para siempre.

Te recordaré siempre, Elizabeth Bobadilla Valle.

*Maestra en Diseño, Información y Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana

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