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Danza en un barrio bravo

Daniel Francisco/Damián Mendoza

Desde que el pequeño vio anunciado que unos bailarines estarían en la Plaza de los Arcos le pidió a su mamá que lo llevara. Kimberly Karpanty (EU), Ashley Menestrina (EU), Bellanda Company (Italia) y la Compañía de Danza Contemporánea bailaron para Iztapalapa. El arte a unos metros de la precariedad, de la marginación, de la delincuencia. El baile no conoce fronteras. El público, respetuoso, derrochó aplausos ese sábado por la tarde (3 de agosto). Unas decenas de sillas, una lona y un equipo de sonido fueron suficientes.

Para llegar a la Plaza de los Arcos hay varios caminos. Si no se vive en ese lugar, si no se es conocido por los vecinos, resulta complicado acercarse. No se dejen engañar por el nombre. No es ningún centro comercial, es un pequeño oasis de pavimento, rodeado de algunos columpios. Como todas las poblaciones que rodean al monstruo urbano los servicios de transporte son deficientes. Uno de los que viven en esa zona cuenta que no hay transporte que los lleve del metro a esos lugares. Hay algo que se llama mototaxi, una moto que te lleva o te trae de la estación del metro más cercana. La oferta y la demanda lleva a que los precios se eleven hasta 25 pesos en la noche. Muchos prefieren irse caminando y conocen el riesgo.

La zona hiede, los canales de desagüe están cerca, esos donde no sólo se arroja basura. Del otro lado de la carretera, me dicen, el crimen organizado es dueño de los antros. Han quemado varios, el derecho piso que le llaman. Pero ese sábado, en La Plaza de los Arcos, el tiempo se ha congelado para el niño que observa a los bailarines, a los que representan la destructividad del amor o a los que recrean al revolucionario y su Adelita, a su pasión y muerte. Apenas termina el espectáculo y el niño corre a tomarse una foto con su héroe, el bailarín que desafía la gravedad.

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