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México no está listo para erradicar estereotipos de género

Michel Olguín Lacunza / Diana Rojas García
El acoso escolar es un problema que ha existido siempre en las escuelas y es reflejo del sexismo, clasismo, racismo, homofobia y transfobia presentes en la sociedad

El uniforme neutro es una medida que provocó polémica. No es que el simple hecho de usar una prenda de vestir, “prescrita para el sexo opuesto”, vaya a desencadenar algo que ya estaba presente en la sociedad, dijo Ana Celia Chapa Romero, investigadora de la Facultad de Psicología de la UNAM.

El acoso escolar es un problema que ha existido siempre en las escuelas y es reflejo del sexismo, clasismo, racismo, homofobia y transfobia presentes en la sociedad. Esta situación nos debe llevar a una reflexión profunda sobre nuestros propios prejuicios, añadió.

El uniforme neutro se trata de una estrategia que impulsa la igualdad de género, y sobre todo el derecho a la libre determinación de la identidad y expresión de género, detalló la académica universitaria. 

Originalmente el precepto planteaba que las niñas pudieran usar pantalón y los niños (sí así lo deseaban) falda. No obstante, la disposición se echó para atrás. Ahora, sólo las niñas podrán usar pantalón.

A decir de Chapa Romero, este cambio se debió a la resistencia de la sociedad mexicana y que las autoridades no mantuvieron la postura bajo la presión. 

Según los grupos opositores, los niños que usaran falda podrían sufrir bullying. No obstante, diversas investigaciones demostraron que no ceñirse a estereotipos de género y desarrollar capacidades al margen de estos, tiene consecuencias más favorables para la salud mental.

Por ejemplo, que un hombre pueda manifestar sus emociones como llorar o mostrar ternura y que una mujer se desarrolle en el plano profesional, deportivo y mostrar su fortaleza. “Esto tiene menos costos para la salud mental que guardarse sus emociones”.

En cambio, cuando deben seguir modelos rígidos, se dan mayores consecuencias psicológicas. Esto es porque se guardan esos sentimientos y muchas veces las canalizan en violencia, depresión, ansiedad o algún otro desajuste psicológico, agregó.

Un acierto de esta política, expresó la académica, es que hoy las niñas puedan usar pantalón. “Por muchos años, ellas debían usar falda, cerrar las piernas, no enseñar los calzones, y esto les limitaba el movimiento. De hecho, ellas quieren jugar igual que los niños”.

Además, es paradójico que si la vestimenta de acuerdo al sexo fuera “algo natural”, las faldas no tendrían porque incomodar a las niñas, limitarles el movimiento, ser poco efectivas para proteger del frío e incluso fomentar el acoso en las calles. Esto no está bien cuando en otros países las jóvenes pueden usar vestido y andar en bicicleta sin ningún problema.

Generar un cambio 

Es importante que tanto autoridades como la sociedad civil promuevan que todos y todas, aunque seamos diferentes, tenemos los mismos derechos, enfatizó.

Esta medida, aunque parezca mínima, impulsa la igualdad de género y nos sensibiliza para saber que existen otras posibilidades. Aunado a esto debe trabajarse y exigir la igualdad de oportunidades para las mujeres en el ámbito laboral, educativo, político, e incluso que los hombres sean co-responsables en la crianza y actividades de cuidado, etc.

A nivel escolar, es importante promover la igualdad porque los niños y niñas reproducen los mandatos de género, explicó.

Además, “sería importante transitar de modelos de familia autoritarios, en dónde el poder se centra en una sola persona, a modelos más democráticos dónde todos los integrantes tengan los mismos derechos y obligaciones”.

La disposición fomenta que la sociedad busque caminos más democráticos e igualitarios. “Debemos promover que las diferencias no importan, sino las capacidades. Todos tenemos los mismos derechos sin importar el sexo”.

En ese sentido, la sociedad tendría que aceptar estos cambios que en la historia siempre han sido muy difíciles, concluyó.

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