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Apoyemos al futbol femenil

Fabiola Méndez / Damián Mendoza
Mientras que la Copa del Mundo masculina deja muchos recursos, en el futbol femenil se tiene que pagar
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La octava edición del Mundial Femenil de Futbol 2019 se inauguró el pasado viernes 7 de junio con el partido Francia contra Corea del Sur. Sin embargo, las calles no se han visto plagadas de personas vistiendo “la verde”, ni playeras de otros equipos.

En esta fiesta futbolística no estará la Selección Mexicana, ya que no consiguió su pase en el Premundial del año pasado. De acuerdo con Patricia Martínez Torreblanca, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, mientras que la Copa del Mundo masculina deja muchos recursos, en el futbol femenil se tiene que pagar, “es un torneo con pocos años de haber iniciado (1991), el número de selecciones ha ido en incremento, pero tiene poco de haber logrado financiadores locales”.

Para la docente, lo que le da gran importancia y trascendencia a estos eventos deportivos son las transmisiones y los patrocinios asociados, que en el futbol femenil no existen, “de lo que gana en trasmisiones la FIFA en mundiales, destina sólo el uno por ciento al futbol femenino”.

En ese contexto, hay una diferencia abismal entre torneos, por ejemplo, en las transferencias de jugadores entre clubes, en las varoniles se realizan por grandes sumas de dinero y con las mujeres es por trueque y no hay ninguna posibilidad de recibir dinero por esto. “La mujer mejor pagada del futbol recibe 400 mil euros, lo podemos comparar con los 30 millones de euros que recibe Neymar”.

A pesar de que la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) ha iniciado un programa para que la copa del mundo y el futbol femenil sean igual de importantes, la realidad es que el femenil “es simplemente un subproducto del futbol varonil, porque no tiene una estructura propia”.

No sólo por los salarios diferenciados, en los galardones, los hombres reciben primas y el reconocimiento internacional, pocos son los ídolos femeninos que conocemos. Lo mismo ocurre con las empresas que lanzan campañas. Su interés respecto al mundial no es la trasmisión de éste, sino el mercado que pueda ganar con la promoción de la ropa deportiva femenina.

Por otro lado, las estructuras del futbol a nivel internacional también son diferenciadas, no existen las mismas potencias que en el futbol varonil. Los torneos mundiales femeninos se han divido en cuatro países: Estados Unidos, Alemania, Noruega y Japón, entre los cuales destaca Estados Unidos, el futbol femenino en ese país se ha incorporado a la base deportiva que existe en las universidades.

Para cambiar este paradigma, hay que incentivar la participación de las mujeres, promover el futbol femenil y reforzar las ligas, “los recursos que reciben los equipos no les permite realizar el impulso que necesitan, para los organizadores el futbol masculino es una ganancia y el femenino es un gasto, hay que romper con esa ecuación, invertir y apoyar al futbol femenino”.

Afortunadamente, FIFA toma el evento con más seriedad que hace años, aunque hacer cambios culturales, estructurales, deportivos y económicos lleva tiempo, “no hay que perder esperanza y no dejemos de apoyar el fútbol femenino, una primera medida sería apoyar al futbol que se hace en esta universidad, que es de muy buena calidad y de ahí que permee hacia arriba”.

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