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El documental debe adaptarse a los nuevos tiempos para no desaparecer

Omar Páramo / Francisco Medina
Para sobrevivir, asegura Víctor Manuel Méndez, los documentales deben refrescar estructuras y narrativas, y adaptar a su discurso elementos nuevos.

El trabajo de Víctor Manuel Méndez en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) es filmar documentales, no importa si el tema son los pueblos desplazados por mineras canadienses, la pervivencia de los quelites en nuestras dietas, el movimiento estudiantil del 68, la privatización de las paraestatales, la ópera, las matemáticas o el feminismo.

“Cada historia que cae en mis manos implica la oportunidad de arrancar de cero, de aprender algo nuevo y de llevar a públicos más amplios estudios y textos que, de otra manera, quedarían tan sólo para consumo de pocos profesores, alumnos y especialistas”.

La idea de usar el documental para difundir las investigaciones del CEIICH fue de don Pablo González Casanova; él la impulsó cuando era director del centro —“es decir, desde el principio”— y, por lo mismo, es uno de los responsables de lo aquí generado, señala Méndez Villanueva, quien está a cargo del Departamento de Producción Audiovisual y Multimedia.

“Hacemos cinco de estas producciones al año, aunque si consideramos que hay 54 investigadores en la entidad es obvio que, pese a su potencial, esta herramienta aún no se explota cual debiera. Con frecuencia la academia llega tarde a su cita con la tecnología”.

Usualmente una investigación universitaria resulta en un artículo o en un libro —explica el comunicólogo—, pero estos documentales tienen alcances de mayor rango pues suelen proyectarse en los sitios donde se levantaron las imágenes y ante los entrevistados mismos, además de abrirse espacios en salas de cine e incluso emitirse por TVUNAM. De esta manera llegamos a donde la tinta y el papel no pueden.

Uno de los cortos más recientes de Víctor Manuel lleva por nombre Hijos del maíz, hijos del bosquey retrata a distintos ejidatarios de Chiapas que, al ser desplazados de sus milpas, dejaron la siembra para abrazar la tala sustentable. “Planeamos ir con ellos y mostrarles el filme. Ya antes hemos hecho esto de llevar este tipo de trabajos a comunidades tradicionalmente excluidas de los circuitos culturales y la recepción ha sido buena. Esto muestra que, si hay voluntad de acercarse, lo desarrollado en el CEIICH bien puede ser para todos”.

Un género en peligro

Vivimos en una sociedad que progresivamente lee menos y que cada vez gusta más de observar el mundo en la pantalla del celular. Para Víctor Manuel Méndez esto abre un abanico de posibilidades para el documental y, paradójicamente, también pone en riesgo a este género tan propenso a ir al fondo de las cosas, en particular por esa inercia al alza de consumir contenidos breves, simplistas y digeridos, la cual se ha vuelto ya un signo de nuestros tiempos.

“Pasa como en Fahrenheit 451, donde Bradbury advertía sobre esta inclinación a preferir al Hamletresumido en una página que leer la obra original. Hoy la gente elige ver videos de un minuto antes que documentales e imagina que con esa microdosis ya se informó; lo mismo sucede con el periodismo, pues hay quienes creen que con leer un encabezado y dos párrafos pueden opinar de cualquier tema”.

Para el universitario es preciso recuperar todas las formas de comunicación que apuesten a la profundidad, lo cual no equivale desdeñar lo nuevo. “¿Qué tienen los memes o las microcápsulas en video? Quizá deberíamos determinar qué elementos los hacen tan atractivos y aprovecharlos para crear contenidos de mayor impacto y calado. ¿Acaso no todos deseamos llegar cada vez a más gente?”.

A la fecha, el departamento de Producción Audiovisual y Multimedia cuenta con más de 150 producciones en su catálogo y la más reciente es Germi, pieza de corte biográfico que narra la vida y obra del físico Adonis Germinal Cocho, investigador emérito de la UNAM.

En una entrevista de 2009, la cineasta Leslie Cockburn aseguraba: “Al hacer un documental lo más difícil es lograr que algo complejo parezca simple” y Víctor Manuel llegó a pensar lo mismo; sin embargo, su último trabajo lo hizo replantearse la frase y vio que al modificarla un poco daba pistas sobre cómo responder a los desafíos de la actualidad, y todo surgió de una charla con el profesor Cocho.

“El doctor Germinal —o Germi, como le dicen sus amigos— fue de los primeros en estudiar los sistemas complejos en México y en algún momento del filme debíamos hacer un alto y hablar de esa teoría, lo cual me inquietaba porque no sabía nada. El académico nunca dudó en tomarme la llamada y aclarar mis dudas por teléfono. En alguna ocasión, para darme confianza, me dijo ‘lo complejo no tiene por qué ser complicado’. La frase me impactó de tan cierta y creo que se puede aplicar en muchos terrenos, el del documentalismo incluido”.

Para sobrevivir, asegura Víctor Manuel, los documentales deben refrescar estructuras y narrativas, y adaptar a su discurso elementos nuevos; ello implica complejidad, pero no complicaciones insalvables. “De lograrlo, estos materiales cobrarán nueva vigencia y evitaremos esa desaparición de la que tanto hablaba Bradbury”.

Una tarea siempre en proceso

Para Víctor Manuel Méndez hacer documentales es una pasión. “Me llena y da vida. Amo trabajar con historias que me son confiadas y el traducirlas en imágenes, sonidos y emociones”.

Por esta razón, aunque recién estrenó Hijos del maíz, hijos del bosquey Germi, el universitario está ya inmerso en un audiovisual sobre Da Vinci, otro sobre la privatización de las empresas públicas de México y en breve irá a San Luís Potosí para un tercer proyecto.

“No podemos parar; una misión del CEIICH es insistir en que los contenidos académicos (los de humanidades y los científicos) tengan presencia en todos los soportes posibles y eso es lo que hacemos en el Departamento de Producción Audiovisual y Multimedia”.

A lo largo de su carrera, Víctor Manuel ha sido acreedor a diversos premios, como el de la World Wild Foundation por su cortometraje Milpa; no obstante, más que los reconocimientos el universitario señala que lo más gratificante son las experiencias acumuladas en 20 años de oficio, pues cada una lo ha hecho crecer como persona.

Hablar con quienes saben es la mejor manera de entender cómo es una temática que ignoras o una vida que no te tocó vivir. En ese sentido me gusta estudiar y trabajar con historias y conceptos. No puedo saberlo todo y por ello cuando me trabo, pregunto. La curiosidad es una guía que siempre me ha sacado de todo problema”.

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