Cultura

Maridaje musical perfecto en el marco del Festival Internacional de Piano

CulturaUNAM Nota: René Chargoy G. Fotos: Barry Domínguez
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Alexei Volodin, originario de Leningrado, hoy San Petersburgo, es uno de los más importantes pianistas de su generación, intérprete de un toque altamente sensible y que invariablemente ha sido aclamado por su brillantez técnica. La noche del miércoles 13 se reunió en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario con otra pianista igualmente destacada y de grandes méritos, la venezolana Edith Peña. Juntos hicieron un programa musical  con cuatro obras memorables.

Su concierto incluyó, en una primera parte, la Fantasía en fa menor, D 940 de Franz Schubert, una de las trágicas obras maestras del último año de su vida,  y Suite para dos pianos n°2, op.17 de Sergei Rachmaninov. Para la segunda mitad eligieron presentar la Suite Gogol de Alfred Schnittke y Variaciones sobre un tema de Paganini del compositor polaco Witold Lutoslawski.

Ambos intérpretes están estrechamente vinculados por la música, por el mismo instrumento que los seduce y por una vida en común como esposos. Volodin y Peña tienen una formación musical muy sólida y cuentan con una amplia trayectoria profesional. Juntos y por separado han realizado conciertos en grandes escenarios de los Estados Unidos, Alemania, Francia, España, Rusia, Polonia y México, por mencionar algunos.

Llamaron especialmente la atención las dos últimas piezas del programa. La que originalmente compuso en 1980 Schnittke para una obra de teatro experimental basada en la literatura de Gogol, fragmentos que fueron recuperados posteriormente bajo el nombre de Gogol Suite, composición disonante que transmite el ingenio mordaz y satírico de su autor.

En la Obertura de la Suite, cacofonía tempestuosa que justamente al alcanzar el clímax uno reconoce en parodia los compases iniciales de la quinta sinfonía de Beethoven. El segundo movimiento, La infancia de Tchtchikov, es una danza cortesana, el tercero titulado Retrato, un vals oscuro repleto de disonancias, al igual que los movimientos siguientes. El así llamado Burócratas parodia el comienzo de la obertura de la flauta mágica de Mozart. Los dos últimos movimientos, Bola y Testimonio, evidencian un desenfreno sonoro. La obra concluye casi en el silencio en un tono pesimista y grotesco. Escucharla nos sugiere que bien podría tratarse de la banda sonora de una película moderna.

El conjunto de la obra de Schnittke es considerado como sospechosamente ecléctico y etiquetado peyorativamente como “neo”. En contraste, los burócratas de elite del Kremlin relegaron muchos de sus estrenos al silencio oficial por considerarlo disonante y extravagante.

La última pieza del concierto fue Variaciones sobre un tema de Paganini, para dos pianos, obra de gran virtuosismo con una armonía que frecuentemente roza con la atonalidad. Con el tiempo, las Variaciones se convirtieron en repertorio de los dúos de piano más interpretados en el mundo. En 1977 Lutosławski hizo una transcripción para piano y orquesta.

Alexei Volodin y Edith Peña en una primera pieza compartieron piano, luego, frente a frente, sincronizaron a la perfección sus geniales interpretaciones a cuatro manos, y en más de una ocasión intercambiaron lugares. En cualquiera de esas coordenadas, marido y mujer nos hicieron disfrutar de la música, dejando un impacto emocional enorme en los oyentes, impresión duradera que invita a no rehuir de las complicadísimas tonalidades y sentir de manera muy natural, casi orgánica, el ritmo de obras tan ¿extrañas?, ¿divertidas?, ¿alucinantes?…

 

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