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Más corazón que piel, donde las fronteras entre danza, teatro y fotografía se diluyen

Omar Páramo / Francisco Medina
Al estilo de las óperas, la pieza se divide en tres partes: Resurrección, Industrialización y Naturaleza.

“¿Una película sobre la vida de un fotógrafo?”, así arranca el filme La sal de la Tierra, de2014, que recorre la historia y evolución de Sebastião Salgado, desde que abandona su natal Brasil, obligado por sus encargos como fotorreportero y huyendo de la dictadura militar, hasta que regresa a la casa paterna y siembra una selva donde la erosión y el olvido habían dejado montes yermos. Cuando el bailarín Aladino Rivera Blanca vio el largometraje se conmovió a tal grado que se hizo una pregunta similar a la planteada por Wim Wenders: “¿Y si hago una obra sobre la vida de un fotógrafo?”.

Así nace Más corazón que piel, montaje coreográfico que se presenta en el Museo Universitario del Chopo y donde el autor hace coincidir danza, plástica, ópera, paisajes sonoros y dramaturgia en una propuesta escénica empeñada en mostrarle al público que el arte y la creación son terrenos donde, con frecuencia, todo límite es difuso.

“No quisimos dar la sensación de que todo se desarrolla en compartimentos específicos para cada disciplina, sino presentar algo donde todo fluye y se comunica. Al estilo de las óperas, la pieza se divide en tres partes: Resurrección, Industrialización y Naturaleza, un poco para desarrollar los temas tratados en el filme sobre Salgado, otro tanto porque esos conceptos cruciales en mi propia vida”.

Aladino Rivera lleva 12 años fuera de México y actualmente radica en Alemania, donde forma parte de la compañía Sasha Waltz & Guests. Fue allá donde vio La sal de la Tierray fue desde ese país desde donde comenzó a telefonear al dramaturgo José Antonio Becerril, a fin de platicarle su idea y escribir Más corazón que piel, porque como dice el bailarín “esta obra se hizo a la distancia”.

El documental firmado por Wenders muestra el periplo de Salgado por lugares como Congo, Ruanda, Croacia o Ecuador, es decir, a donde hubiera historias merecedoras de ser contadas por el lente de su cámara. Ello inspiró al coreógrafo a plantear una pieza sin fronteras en el que la música se mezclara con la foto y la danza; donde el teatro más que narrar una historia desarrollara conceptos, y donde la ópera cantara en francés, portugués y árabe al tiempo que pinta emociones y dibuja paisajes sonoros.

La obra fue estrenada en noviembre pasado como parte de los festejos por los 100 años del Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, donde no sólo recibió buenas críticas, sino que fue vista por el director de Artes Vivas del Chopo, Gabriel Yépez, quien decidió invitarlo a Santa María la Ribera y abrirle las puertas del museo.

El largo regreso a casa

Aunque lleva ya tiempo fuera de México, Aladino siempre pide a sus contratadores que se le otorguen algunas semanas libres para regresar y desarrollar sus proyectos, lo cual le permite, como en esta ocasión, posponer ensayos con su compañía en Berlín, abordar un avión y presentar aquí obras comoMás corazón que piel, montada con apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

En la cinta La sal de la Tierra, Sebastião Salgado reflexiona: “Si pones a muchos fotógrafos en un mismo sitio cada uno tomará imágenes muy diferentes porque todos vienen de lugares diferentes y cada quien crea su visión de acuerdo con su particular historia”.

Justo por eso, para Rivera Blanca fue sorprendente el juntar lo desarrollado por cada uno de los involucrados en este proyecto y ver lo que cada uno hizo a partir de una misma idea. También por ello para él es crucial defender esta libertad para ir y venir, pues aunque trabajó la parte coreográfica en Berlín con la bailarina Zaratiana Randrianantenaina, “no todo se puede hacer a distancia, el leer, investigar y escribir sí, pero hay un momento en el que debes ensamblar todas esas partes e ir dándole forma a una visión”.

Un ejemplo es la labor del iluminador Sebastián Solórzano, “quien concibe a la luz como un cuerpo casi palpable que ocupa un lugar en el foro e interpreta un papel, lo cual me intriga, o a Alejandra Pérez, quien además de ser soprano compuso los segmentos de ópera cantados en escena. Fue fundamental estar presente para moldear esta propuesta que, en mis 12 años de director, considero la más poderosa que he logrado justo por sus dimensiones humanas”.

Wenders decidió filmar un documental sobre Salgado tras ver una de sus fotos en una galería y llegar a la siguiente conclusión: “A él realmente le importa la gente. Eso me significó mucho, después de todo la gente es la sal de la tierra”. E igual que el cineasta, Aladino Rivera quedó impresionado por la capacidad del brasileño para traspasar lo superficial y captar la esencia de lo humano, de ahí que su pieza busque algo similar y se llame Más corazón que piel.

En 1759, Voltaire publicó Cándido o del optimismo, relato donde el protagonista navega el globo, observa dramas por doquier y ante la imposibilidad de enmendar los males del mundo decide volver al hogar y mejorar su entorno por la vía de trabajar en su huerta. La obra culmina con una de las frases más famosas de la literatura francesa: “Hay que cultivar nuestro jardín”, que ha sido interpretada de múltiples formas. En la película filmada por Wenders 255 años después se narra cómo Salgado hace algo similar y viaja de país en país retratando tragedias y, abrumado, regresa a la finca paterna y decide plantar millones de árboles para crear una pequeña jungla.

“La pieza presentada en el Museo del Chopo nos muestra un camino que va de las sombras a la luz, pues aunque inicia en lugar muy oscuro, poco a poco se abre brecha hacia la esperanza, retomando un poco lo que hizo Sebastião Salgado al tomar un terreno árido que todos daban por perdido, y cultivarlo hasta transformarlo en selva”.

Las funciones de Más corazón que pieltendrán lugar hasta el 10 de febrero los días jueves y viernes a las 20 horas; sábados a las siete de la noche, y domingos a las seis de la tarde. El costo del boleto es de 100 pesos, con descuento del 50 por ciento para la comunidad UNAM, profesores, estudiantes y personas de la tercera edad.

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