Cultura

Los años azules ya en cines

Rafa Paz
La película tiene como temas centrales la adolescencia, su fragilidad y la manera en que formamos familias alejadas de lo convencional.

Este 18 de enero llegará a las salas de cine Los años azules (2017), el primer largometraje de la directora hidrocálida Sofía Gómez Córdova. La cinta tiene como personajes a varios jóvenes de edad universitaria que comparten habitación en una casona derruida en Guadalajara.

La película tiene como temas centrales la adolescencia, su fragilidad y la manera en que formamos familias alejadas de lo convencional. Además de buscar retratar lugares que no aparecen comúnmente en el cine mexicano, porque éste se encuentra centralizado.

“Viví ahí de los 20 a los 24 y cuando empezamos a pensar en la película la casa siempre fue el punto de partida. Incluso, las decisiones del guión tenían que ver con la disposición de los espacios y acabamos filmando ahí”, explicó la realizadora en entrevista con el equipo de Resistencia Modulada, la barra juvenil de Radio UNAM.

Sin embargo, apuntó, su experiencia no se trasladó de manera directa al guión, que escribió en compañía de Luis Briones. “No hay muchos elementos tal cual que hubieran sucedido cuando viví ahí. Hay referencias vagas. Una de las pocas cosas que sí sucedió es que le cayó el techo encima a alguien,” comentó con alegría.

Gómez Córdova explicó durante la emisión que su intención era abordar la manera en que la convivencia con otras personas, deseada o no, nos transforma y nos vuelve más tolerantes gracias a dicha diversidad. “A mí me tocó vivir con personas con las que no hubiera hecho ni amistad afuera de la casa. A fuerza de convivir te conoces y rompes muchos prejuicios, te das cuenta de lo valioso que es el punto de vista del otro para entender mejor el mundo. Eso se refleja en una mejor armonía en cada grupo. Es uno de los temas que a mi me parecen más importantes, esta valoración del otro y la diversidad. Además de reconocer la huella tan profunda que dejan los otros en uno”.

“Nos inquietaba mucho, y nos sigue inquietando, cómo la personalidad de alguien se configura a partir de los núcleos en que se desarrolla a lo largo de su vida. Cómo eso responde a distintos modelos de familia o sistemas morales. En esa casa donde viví, llegamos a ser nueve personas, tres perros y dos gatos. La verdad había mucho caos, al mismo tiempo agradecí esas disfuncionalidades, los elementos que nos sacaban de cualquier zona de confort, de los valores relativos con los que crecimos. Aunque tú no cambies radicalmente, sí te obliga a ver las cosas desde otro punto de vista. Practicar la empatía.”

Para la directora, este enfrentamiento con el otro y la generación de empatía, sin herramientas básicas para crecer como personas. “Creo que mis peores defectos serían mucho mayores si no hubiera vivido esa experiencia. Muchas cosas que me provocaban conflicto, incluso en mi familia directa, soy capaz de trabajarlos mejor hoy por ese ejercicio constante de pensar cómo lo ve el otro, negociar o de imponer, dependiendo del caso.”

Los años azules, ganadora de premios en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) y en el Festival Internacional de Cine en Guanajuato (GIFF, por sus siglas en inglés), forma parte de una corriente de producciones mexicanas que buscan romper con el centralismo cinematográfico de la Ciudad de México. Llevar el cine a los lugares que no se ven en las postales. Asimismo, es un trabajo que comparte temas con otras producciones recientes de Guadalajara, como Somos Mari Pepa (2013) y Los insólitos peces gato (2013).

“Son coincidencias –temáticas y de estilo– que se dan por diferentes motivos. Soy de Aguascalientes, pero estudié en Guadalajara. Trabajé junto a Samuel Kishi en Somos Mari Pepa, también colaboré en su segunda película. Él es uno de los editores de Los años azules. Claudia Sainte-Luce, la directora de Los insólitos peces gato, estuvo en la escuela con nosotros, aunque en otra generación. Al estudiar en provincia una carrera como cine, que sigue siendo una actividad muy centralizada en México, uno es más susceptible de recurrir a las pequeñas historias. Para empezar, porque son más producibles.

Uno aprende a valorar aquellas microhistorias que parecen triviales, trabajar los proyectos desde una visión muy comunitaria, colectiva. Somos Mari Pepa y Los años azules tienen muchas coincidencias, no sólo en abordar el tema o el tono agridulce, también en el interés por retratar lugares que a nosotros nos gustaría ver en el cine. En Somos Mari Pepa, el barrio donde Kishi creció. En Los años azules, el lugar que conocí de manera personal. Ninguno de los dos estaría en una postal de Guadalajara. Eso nos fascina“.

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