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Necesitamos limitar a 1.5 grados el calentamiento global para sobrevivir

Omar Páramo / Francisco Medina
En vista de que llegaremos a ese tope entre 2030 y 2050, aún hay tiempo para pisar el freno a fondo y no transgredir dicha frontera.

En 1968, doce expertos convocados por la Foreign Policy Association sacaron la bola de cristal y lanzaron una serie de hipótesis sobre cómo sería el mundo en 50 años. El resultado quedó consignado en el libro Toward the year 2018, donde se vaticinaba que, en medio siglo, tendríamos cinturones antigravedad, economías estables, una Unión Soviética pujante y máquinas para evitar la formación de rayos en las tormentas. Estas predicciones justifican el subtítulo que lleva el ejemplar: “Más sorprendente que la ciencia ficción”; sin embargo, entre ellas destaca una por su precisión y vigencia, la de Thomas F. Malone, integrante de la National Academy of Sciences de Estados Unidos.

En un párrafo casi profético —antes de que tal escenario fuera tomado con seriedad— se adelantaba que uno de los principales problemas del mundo para 2018 sería “una modificación del clima a gran escala que se intensificaría, poco a poco, debido a índices de COcada vez mayores” y, para encarar esta amenaza el meteorólogo proponía crear un cuerpo internacional capaz de establecer normas de mitigación atendiendo sólo al bienestar común y no a intereses financieros.

A decir de Aleida Rueda, quien recién ganó el premio Pantalla de Cristal como Mejor Reportera por Sismos, ¿otra vez?(audiovisual producido por TV UNAM), de escoger el hecho más relevante en el ámbito científico en el año pasado, ella se inclinaría por la decisión del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de reducir de dos grados Celsius a uno y medioel límite en el cual el planeta entraría a una catástrofe sin retorno, algo muy parecido a lo que avizoraba el doctor Thomas F. Malone en el 68.

“De tiempos preindustriales a la fecha hemos elevado en un grado la temperatura del orbe. Lo que hizo el IPCC fue señalar las diferencias que se darían si este incremento sigue y alcanza los 1.5 o si llega a los 2°C en términos de pérdida de insectos, vertebrados, plantas, ecosistemas, etcétera. Si bien en el primer caso los daños son severos, en el segundo estos crecerían exponencialmente. No hemos hecho nada para frenar esta inercia, desoímos a las autoridades científicas y los grandes gobiernos no han puesto en marcha acciones contundentes. En el fondo este reporte es una forma de advertir que, si no reaccionamos ya, habrá consecuencias graves y nuestra supervivencia estará en riesgo. Esto es preocupante para todos”.

Medio grado sí hace la diferencia

“Si deseamos sobrevivir los próximos 100 años no debemos rebasar los 1.5°C de calentamiento. Medio grado no parece mucho, pero es muy importante”, alertaba Aleida Rueda en un reportaje transmitido por TV UNAM el 2 de noviembre y grabado en las instalaciones del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología en Puerto Morelos, Quintana Roo. En vista de que llegaremos a ese tope entre 2030 y 2050, aún hay tiempo para pisar el freno a fondo y no transgredir dicha frontera, añadía en su colaboración para el programa Simbiosis.

“Parece improbable que el mundo reduzca sus emisiones a tiempo y, por ello, deberíamos invertir en tecnología para capturar gases de efecto invernadero, pero no lo hacemos ni impulsamos investigación traducida en desarrollos para contrarrestar lo que viene. Éste es un llamado al que no estamos prestando la atención merecida”.

Pese a su relevancia, el reporte especial del IPCC ha hecho poco ruido, algo que para la universitaria se debe —en gran parte— a que los especialistas han errado en sus estrategias comunicativasy, por ende, no han sabido generar conciencia sobre lo que está en juego.

“El discurso alrededor del cambio climático suele ser contradictorio, pues los científicos, al querer dar una idea de gravedad, suelen incurrir en un alarmismo que no hace eco entre las personas y algo parecido sucede con nosotros, los periodistas, quienes echamos mano de un lenguaje radical y, con frecuencia, hueco, en vez de desglosar procesos, exponer datos y explicar el fenómeno y sus consecuencias”.

Por ello, para Aleida Rueda es preciso buscar nuevas formas de abordar la información y acercarla al día a día de cada individuo, es decir, no sólo mencionar el deshielo de los glaciares, sino darse la oportunidad de hablar de la aparición del sargazo en las aguas del Caribe, de su impacto en la industria pesquera y turística mexicana y de cómo el cambio climático es la razón de que esta alga recale en Quintana Roo y sepulte sus playas bajo toneladas de residuos vegetales parduzcos y en descomposición, por poner un ejemplo.

“Así, al exponer las repercusiones económicas, sociales y hasta culturales, problemas aparentemente lejanos se nos vuelven cercanos. Cambiar el lenguaje usado habitualmente nos permite contextualizar”.

Enfoque humano

Aleida Rueda es una convencida de que, para lograr un impacto real, quien escribe o habla de ciencia debe dirigirse a las personas y hacer que éstas relacionen la nueva información con sus vidas y esto fue lo que intentó con el reportaje Sismos, ¿otra vez?, por el cual fue reconocida por la RevistaPantalla.Com—junto con Karla Iberia Sánchez— como la Mejor Reportera de 2018 (aunque en la portada de su número más reciente la publicación olvidara consignar este hecho y sólo diera espacio y titulares a la periodista de Televisa).

“En esa ocasión pensé en la necesidad de abordar los terremotos no sólo desde la tragedia humana, sino desde la sismología y la geofísica a fin de ligarla con los intereses ciudadanos. Ya sea en éste o en otros trabajos mi manera de desarrollar la exposición es la misma, me gusta mostrar cómo la ciencia nos permite saber más sobre un tema o plantear soluciones a diversos asuntos, trátese de una enfermedad, nuestros hábitos de sueño, formas de conducir o qué se yo”.

Para la comunicadora, a diferencia de lo que sucede con fuentes como política, economía, sociales, deportes o internacional, quien se dedica al periodismo de ciencia tiene el privilegio de exponer cómo la creatividad, el conocimiento y la curiosidad humanas son herramientas para resolver conflictos, por lo cual no le extraña el interés de la gente por leer o escuchar de esos temas ya que no sólo son una invitación a saber más, sino a reflexionar sobre qué hacer para vivir mejor.

Por ello, se trate de casos de urgente actualidad o de ejercicios imaginativos de anticipación como el realizado hace 50 años con el libro Toward the year 2018, es evidente la importancia de escuchar a los expertos y sus decires sobre escenarios que podrían agravarse a futuro, y en este renglón es crucial la labor del periodista de ciencia.

“Si tengo una historia ¿por qué importaría contarla? Porque todas muestran cómo la ciencia nos ayuda a entender de manera más amplia los problemas que nos aquejan, y en eso radica la esencia de nuestro trabajo: en revelar cómo ésta puede ayudarnos a tomar decisiones que no necesariamente cambiarán nuestras vidas, pero que sí nos llevarán a tomar posicionamientos respecto a algo”.

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