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Día uno

Farrah de la Cruz Cárdenas/fotos: Leslie Barragán
Las horas de espera entre cansancio y calor marcaron el ritmo de un suceso sin precedentes. “Juntos haremos historia”, coreaban eufóricos los presentes.

El día esperado llegó. Las calles de la Ciudad de México denotaban una momentánea sensación de tranquilidad. Aguardaban un gran festejo.

Actores, invitados, escenario, todo había sido preparado desde años atrás. El grito ahogado estaba a punto de estallar, y tras bambalinas, un movimiento del tamaño de México preparaba su mayor actuación.

Ni los arreglos decembrinos que adornaban los principales edificios del zócalo capitalino parecían suficientes para darle la bienvenida al generador de la cuarta transformación. Habría que vestir con playeras, gorras y banderas el corazón de la ciudad. Y así, el rostro del principal actor plasmado en cada uno esos artículos se convertía en la gran sensación.

Las horas de espera entre el cansancio y el calor marcaban el ritmo de un suceso sin precedentes: la izquierda en la política mexicana había elegido el 2018 para conquistar la silla presidencial.

No por nada coreaban los presentes: “Juntos haremos historia”.

Entre la vendimia de diferentes artículos de celebración y carritos de comida, los invitados a la celebración “apartaban” y “relevaban” sus lugares con familiares y amigos.

Estaría mintiendo si digo que todos festejaban. Entre los hombres, mujeres, niños y ancianos procedentes de todas partes de la República, había quienes cuestionaban las promesas de campaña del actual Presidente de la nación.

En un lado de la plaza, un grupo de personas yacía sentada en el piso. Uno de ellos se paró y saludó a un chico que se acercaba presurosamente a saludarlo.

– “¿Ya tan temprano? Me cae que tú sí eres de los que cree que a partir de hoy el precio de la gasolina va a bajar, ¿verdad?

– “¡Cálmate, wey! Nada de lo que ha prometido se hará de la noche a la mañana. Para de chingar”, le respondió.

Mientras en el escenario se presentaban bailes folklóricos de los diferentes estados del país, los cánticos no dejaban de sonar. “¡Es un honor estar con Obrador! ¡Sí se pudo, sí se pudo!”.

Minutos pasados de las cinco de la tarde, las puertas de Palacio Nacional se abrieron para dar paso al primer mandatario. Él saludaba y le sonreía a la masa. En su recorrido hacia la tarima principal, los fanáticos preparaban sus teléfonos celulares y cámaras fotográficas para grabar el gran momento.

Andrés Manuel López Obrador recibió de ellos felicitaciones y hojas de papel con peticiones personales. En algunos puntos se detuvo para platicar con algunos y estrechar sus manos. De repente, entre la multitud, un hombre gritaba: “No tienes derecho a fallar, Andrés”. Y continuaba: “No te olvides de nosotros”.

AMLO subió al escenario. Después de recibir el bastón de mando de parte de los pueblos indígenas, ofreció un discurso al pueblo de México. “No me dejen solo, porque sin ustedes no valgo nada”, recalcó en medio de un Zócalo a punto de reventar.

De esta manera culmanaba el día uno de su mandato presidencial.

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