FIL Guadalajara

Las palabras no se las lleva el viento

Daniel Francisco
Laura García presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara su libro “Funderelele y más hallazgos de la lengua”

Las palabras no se las lleva el viento porque tú te las quedas, las memorizas, las guardas, las sientes, las padeces y las palabras si se van vuelven, es decir, no es que sean un búmeran pero las palabras siempre están, aguantan viento y marea, las inclemencias del tiempo. Tienen un poder maravillos0 y las palabras se las puede llevar el viento si uno quiere que se las lleve, afirmó Laura García Arroyo en entrevista con UNAM Global.

Para la escritora las palabras están en todas partes, le pertenecen a todo el mundo. Las palabras pueden ser usadas por todos en cualquier momento. Es un súper poder, tienen el don de la ubicuidad y de la atemporalidad. Precisa: “si cada uno de nosotros nos dam0s cuenta de la relación afectiva, de esa emoción que nos une a una palabra va a ser mucho más fácil memorizarla y volverla a traer a la memoria para usarla, y eso se me hacía interesante, como mi granito de arena. Esa es mi propuesta para decir que el vocabulario es muy rico”.

Quien lea su libro recordará sus propias palabras, las que tal vez, lo llevarán a recordar su infancia, los momentos importantes de su vida, las palabras de satisfacción, amor y dolor; las palabras cómplices con los padres, los amigos, las parejas. Las palabras son fundamentales. En la introducción de su libro la autora acota: “no es lo mismo pronunciar te amo que lanzar un te odio. La diferencia puede ser sólo una palabra y, sin embargo, el impacto en el que las escucha nunca será el mismo”.

Las palabras nos rodean, añade, hay que estar pendientes, abrir los ojos y cacharlas, porque pasan de largo y nadie les hace caso. Hay que estar atentos, guardárselas en el bolsillo. No se trata de usar las palabras sin ton ni son. Puedes decirle a la gente el significado de Fundurelele, “le vas a provocar una sonrisa a la gente”. Y para quien no lo sabe “Fundurelele” significa: “Utensilio de cocina similar a una cuchara, que incluye un mecanismo con el que se da forma de bola al helado”.  Explica la autora: “Me gustan las palabras que bailan. Esas cuyas sílabas transmiten ritmo, sonoridad y prácticamente provocan una sonrisa al pronunciarlas y al escucharlas”.

El idioma es un reflejo de cómo vives y entiendes el mundo que te rodea, indica. “Celebro mucho que el mundo tenga localismos y que tenga regionalismos y diferentes acentos. Para mi no hay un español correcto. Hay diferentes maneras de entender la vida por la geografía que te rodea, por la comida. Al fin y al cabo es una filosofía de vida que tienes que transmitir con palabras.

Las benditas redes

Antiguamente las palabras nacían en las academias lingüistas, relata. Los expertos se reunían durante días para a partir de raíces formar un término y decidir. Recientemente ya no da tiempo para que la gente se reúna y decida cómo nombrar algo, ellos ya han logrado ponerse de acuerdo para reunirse. “Para mi twitter, las redes sociales en general, se han convertido en fábricas de palabras. No hay nadie cerca para que nos dé una solución inmediata. Entonces decidimos hacerlo nosotros. Si es buena sugerencia, buen hallazgo y buena invención y funciona la palabra se va a quedar; si no, será una moda y desaparecerá.

Indica que el léxico no juzga, pero sí define: “A veces culpamos al idioma de ser sexista, racista, de ser discriminatorio, pero los que somos todo eso somos los hablantes que usamos las palabras para hacer todas esas acciones y lastimar, herir e insultar”.

 

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