Cultura FIL Guadalajara

Un “escritor monje” llamado Sergio Pitol

Joel Cervantes E. / Francisco Medina
La FIL de Guadalajara homenajeó al escritor y traductor de Antón Chéjov, Tibor Déry, Henry James, entre otros.

Guadalajara.- A siete meses de su fallecimiento, el recuerdo del escritor mexicano Sergio Pitol pervive en sus ávidos lectores y en sus más caros amigos incondicionales. ¿Cómo olvidarse de una de las figuras señeras en el panorama de la literatura iberoamericana?

Venturosamente, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2018 le rindió un homenaje al Premio Cervantes 2005 con la participación de los creadores Margo Glantz, doctora honoris causa por la UNAM, y Mario Bellatin.

“¿Qué pensaría Sergio si hoy leyera alguna de las noticias que diariamente leemos y que se nos presentan como simple estadística?, ¿cómo reaccionaría? Lo había escrito ya en el capítulo final de El arte de la fuga, unas palabras que parecen dar cuenta de lo que está pasando hoy y que sucedieron, sin embargo, hace más de 15 años: ‘Crímenes cometidos por gobernantes y altos funcionarios juzgados y probados quedan sin castigo’”.

Por su parte, Mario Bellatin aseguró que la figura de Pitol pertenece a esa estirpe, extinta, de escritores que llevan a la literatura más allá de la simpleza de hacer libros. “Esa idea que se tiene de manera generalizada de que un escritor es el que hace un libro. Es alguien que trasciende, un poco como el escritor monje, el que deja la vida en su escritura y donde él va detrás de esa escritura. Sergio Pitol era un ejemplo de ello”.

Bellatin refirió que Sergio Pitol y Fernando del Paso son creadores emparentados, pues fueron los únicos “que asumían la literatura no como un oficio, no como una decisión, sino como algo que los trascendía a ellos mismos y en los cuales no había nunca límites”.

Finalmente, Margo Glantz dijo que el trabajo narrativo de Pitol es fascinante, “escribió El tañido de la flauta, dedicado a Mercedes Escamilla, y es un libro maravilloso que, sin embargo, casi no se leyó. Estuvo mucho tiempo en las librerías de viejo porque era como Muerte sin fin de Gorostiza, había mil ejemplares y aparecían en las librerías de viejo porque nadie había entendido”.

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