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El destino de los murales del Centro SCOP no debe decidirse sin diálogo de por medio

Omar Páramo/Francisco Medina
Estamos ante un problema de conservación de grandes dimensiones y sin soluciones obvias; justo por ello la discusión pública es una ruta para entender mejor el escenario y para allegarnos más luz”.

Para quienes viven cerca de Eje Central y Xola, los murales del Centro SCOP son parte de su historia: ahí se citaban para ir al cine, figuran como telón de fondo en sus fotos de familia y, para unos pocos, son el sitio de su primer beso; por eso, frente el anuncio de su retiro tras las afectaciones por el sismo del 19 de septiembre de 2017, y ante la incertidumbre de dónde quedarán, toda decisión sobre su destino debe por fuerza considerar a la gente, plantea Francisco Alvarado, estudiante de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), quien junto a ocho compañeros más y con el respaldo del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM, se ha dedicado a entrevistar a quienes habitan en las cercanías a fin de entender cómo estas obras se ligan con el entorno y biografías de quienes crecieron en las colonias Narvarte, Postal y Álamos.

“Con base en una metodología desarrollada en Brasil, la idea es proporcionar a las personas una representación monocromática de estos edificios —con todo y murales— para que, con pinturas vinílicas, coloreen de blanco lo que deseen eliminar, de amarillo los elementos a preservar, con rojo aquellos aspectos a incluir y con azul hasta dónde piensan que debería llegar el cielo en caso de incluirse una nueva construcción. Teniendo estos datos en la mano podremos hacernos una idea más o menos fiable de qué desea la comunidad”.

La labor de los jóvenes comenzó hace medio año, después de que el 14 de marzo se supiera, por un trascendido de prensa, que el titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruiz Esparza, le había asegurado a senadores del PRI y del Verde Ecologista que los murales de Xola y Eje Central serían trasladados a Texcoco a fin de integrarlos en el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), todo ello sin ahondar en las razones o estudios detrás de esta iniciativa que, más bien, parecía un calco de lo propuesto por la galería privada Archivo Diseño y Arquitectura (fundada por Soumaya Slim y Fernando Romero).

En respuesta a esta aparente decisión unilateral, el 6 de abril el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM emitió un pronunciamiento en el que llamaba al diálogo con voces expertas y a publicar cualquier especificación técnica antes de fijar cualquier resolución, pues como se especificaba en el documento, “el divorcio físico-espacial respecto al lugar de origen alteraría en forma negativa el conjunto y está expresamente desaconsejado por todos los documentos normativos y éticos referentes al patrimonio”.

Al igual que Francisco, Stephanie Vega estudia en la FFyL y forma parte del grupo de alumnos que, para apoyar al IIE, se han dado a la tarea de recorrer la colonia Narvarte para hablar con los vecinos, y de peinar diversos archivos en busca de piezas que sirvan para armar el complejo rompecabezas que es la historia del Centro SCOP, del cual —asegura la joven— aún no se ha dicho todo.

“Muchos creen que los historiadores sólo nos dedicamos al pasado, pero nuestro campo de de interés es más amplio y, como muestra de ello, en esta ocasión lidiamos con un asunto que afecta nuestro presente y que implica revalorar cómo se pensó esta obra, su integración plástica y su relación con la gente y el paisaje. El vernos impelidos a trabajar debido a las declaraciones de un alto funcionario vertidas en una nota periodística, y a todas las inquietudes derivadas de sus palabras, nos muestra que no hay claridad en el tema”.

Una apuesta por el diálogo

Desde aquel miércoles 14 de marzo —cuando el secretario de la SCT aseguró que los murales de la SCOP se montarían en las paredes del NAICM— hasta el día de hoy se han dado eventos que desafían todo cálculo, como la cancelación del aeropuerto en Texcoco, lo cual muestra que, de origen, se soslayaron muchas variables; no obstante, lo que sí se ha mantenido es la ruta trazada por el Instituto de Investigaciones Estéticas, la cual pasa por el debate y el diálogo.

“Adoptamos esta vía porque una decisión estructural no se impone a partir de un artículo aparecido en los periódicos, sino con base en dictámenes técnicos y estos deben ser públicos. El Centro SCOP es una de las realizaciones más importantes del arte del siglo XX en México y, por ello, no puede estar a merced de decisiones carentes de argumento”, explica el director del IIE, Renato González Mello, quien asegura que, más que defender tal o cual postura, lo que se busca en la UNAM es favorecer el libre intercambio de ideas.

Y como no se puede debatir desde una torre de marfil, el mismo Instituto decidió dar voz a los defensores de Texcoco y en su revista Imágenes publicó una carta de Mario Ballesteros, director de la galería Archivo Diseño y Arquitectura. “Él abogaba por lo pertinente de mover las obras a un puerto aéreo entonces en construcción, mientras que nosotros argumentábamos que todo documento normativo referente a la conservación de monumentos desaconseja cualquier intento de traslado. Siempre es bueno contrastar posturas y la intención aquí no era desacreditar a nadie, pues en el fondo todos anhelábamos lo mismo: la conservación óptima de los murales”.

Del Centro SCOP se ha llegado a decir que es el mayor experimento muralístico con mosaico y que, por haber sido inaugurado en 1954, permitió enmendar algunas fallas detectadas por O’Gorman en 1952, cuando empleó la misma técnica para recubrir la fachada de la Biblioteca Central de CU. En este conjunto colaboraron los pintores José Chávez Morado, Jorge Best, Luis García Robledo, Guillermo Monroy, Arturo Estrada, Rosendo Soto y Juan O’Gorman, así como los escultores Francisco Zúñiga y Rodrigo Arenas Betancourt.

De ahí, el interés suscitado por el futuro de estas obras pictóricas y de qué se hará con el terreno ubicado en Eje Central esquina con Xola. Las propuestas que se han colocado sobre la mesa van desde la reinstalación de las oficinas de la SCT hasta la creación de un parque o de un espacio parecido al Cenart, como recientemente sugirió el alcalde actual de Benito Juárez, Santiago Taboada.

“Esta situación plantea interrogantes que no pueden decidirse mediante una consulta breve y sin argumentación pública. Lo que hemos visto al recorrer la colonia es que este conjunto arquitectónico está entretejido con la memoria e identidad de quienes viven en las colonias aledañas, por ello consideramos que el último factor debe ser tomado muy en serio”, apunta el profesor González Tello.

Por lo pronto, el que la Universidad haya puesto el foco en la necesidad de debatir sobre el destino de un patrimonio perteneciente a todos como antídoto a las pretensiones de llevárselo al Estado de México sin mediar justificación alguna ha fructificado al grado de que 10 de octubre el Instituto Nacional de Bellas Artes tuvo que aclarar —en su boletín 1423— que aunque el futuro de estas obras será decidido por la siguiente administración federal, es menester integrar una comisión observadora con miembros tanto del CENIDIAP del INBA como del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

“Dudo que esto lo puedan resolver un puñado de funcionarios y expertos legales asesorados por un par de especialistas. Estamos ante un problema de conservación de grandes dimensiones y sin soluciones obvias; justo por ello la discusión pública es una ruta para entender mejor el escenario y para allegarnos más luz”.

Repensar el siglo XX

 A decir del doctor Renato González Mello, un asunto que se hace evidente con la polémica en torno a los murales del Centro SCOP es que la ley es muy deficiente a la hora de proteger el patrimonio del siglo XX, pues aunque este conjunto es considerado Inmueble con Valor Artístico por el INBA e Inmueble Afecto al Patrimonio Cultural Urbano por la por la SEDUVI, carece de declaratoria de monumento.

“De tener dicho carácter el escenario no se hubiera complicado tanto, pero en 1972, cuando se redactó la Ley General para Monumentos y Sitios, se consideraba que el arte de siglo XX era muy reciente como para ser patrimonio y se temía que llamarlo así haría que cualquiera pudiera objetar la demolición de un inmueble bajo el argumento de que todo lo construido es cultura para alguien, lo cual hubiera representado un obstáculo serio para la salud inmobiliaria”.

Para el director del IIE, toda fecha —aunque suene lejana— termina por llegar y así fue como entramos a un nuevo milenio sin un marco legal sólido para proteger las creaciones de la centuria pasada. “A diferencia de lo clara que es la ley en cuanto a la salvaguarda de lo prehispánico y lo colonial, en lo tocante al siglo XX es difusa; por ejemplo, para que uno de estos bienes sea considerado patrimonio establece que su autor debe estar muerto, lo cual ha hecho que muchas obras relevantes de artistas vivos queden en la indefensión”.

Por el momento, ya ha comenzado la remoción de parte de los murales del Centro SCOP y, hasta saber qué se hará con ellos, serán almacenados en bodegas de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Para evitar la repetición de tales incertidumbres, el profesor González Mello sostiene que es indispensable crear conciencia entre las nuevas generaciones sobre estos problemas a fin de tener profesionistas más sensibles.

“Los especialistas de los años 70 jamás pensaron que ello causaría inconvenientes en el futuro y, sin embargo, a nosotros nos toca lidiar con el asunto. Parte lo hacemos formando a los alumnos mediante talleres y proyectos de titulación y de servicio social. Una de nuestras estrategias para hacer frente a esto es un programa docente, es lo que nos toca pues a fin de cuentas somos una universidad”.

Por las calles de la Narvarte

Como parte del equipo de estudiantes que apoyan al IIE, Francisco y Stephanie han recorrido las calles de la colonia Narvarte a fin de comprender el significado del Centro SCOP para la comunidad que habita en los alrededores o que trabaja en la zona.

“Estamos ante el proyecto más ambicioso del siglo XX en cuanto a integración plástica, propuesta que buscaba crear vasos comunicantes entre lo arquitectónico, lo pictórico y lo escultórico; lo relevante es que a la par de eso también se logró un vínculo tanto con el paisaje como con la gente, por lo que desde un principio pensamos que, de trasladarse a un entorno ajeno, los murales perderían casi todo su sentido”, señala Francisco Alvarado.

Al profundizar bajo qué principios se construyó el Centro SCOP resulta evidente que todo guarda una relación orgánica y que las representaciones pictóricas de las paredes no son mera decoración, sino elementos en equilibrio con su entorno, por lo que nuestro planteamiento es que si deben moverse —sabemos que no se pueden quedar así debido al severo daño estructural en las construcciones—, no lo hagan más allá de ciertos metros del lugar para el cual fueron pensadas, expone por su parte Stephanie Vega.

A partir de los datos recabados por el equipo de universitarios se redactará un documento que podría ser publicado por el IIE a fin de esclarecer parte de lo mucho que se desconoce sobre este conjunto de inmuebles, pues mucho del material sobre este complejo arquitectónico se encuentra en el archivo de la SCOP, de muy difícil acceso para los investigadores, por lo que ya se han tramitado varias solicitudes de acceso la información pública.

En este ejercicio de tomarle el pulso a la comunidad para determinar su parecer, los jóvenes encontraron que hay un consenso en cuanto al deseo de que los murales permanezcan en la colonia y un repudio generalizado a la posibilidad de que en el sitio se erija una más de las tantas plazas comerciales que ya hay en la Ciudad de México.

Para Stephanie Vega este esfuerzo académico no basta para determinar si las obras se quedan o se van, “pero tenemos propuestas y las propuestas sirven justo para ser pensadas. Lo que nos queda claro es que ninguna decisión debe tomarse a la ligera, de forma interesada y, mucho menos, sin considerar a la comunidad, porque además de ser un hito arquitectónico del siglo XX, con los años el Centro SCOP ha sabido volverse un lugar de pertenencia”

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