Campus Nacional

Hasta que la vida nos separe

Magali Espinosa y Jimena Zavaleta/Damián Mendoza
A juicio de Ricardo Trujillo Correa, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, los mexicanos ya no se casan por un cambio en la constancia de los eventos, ya sea en el ámbito familiar, económico o social.

México ha dejado de casarse. De acuerdo al Instituto de Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el año 2000 se registraron más de 707 mil uniones matrimoniales, sin embargo, para 2017 la cifra disminuyó en 26 por ciento, con poco más de 500 mil parejas que decidieron unir sus vidas. Por otra parte, los divorcios se incrementaron más de la mitad en el periodo 2000-2016, de 52 mil 358 a 139 mil 807 separaciones anuales.

El matrimonio, de acuerdo al Código Civil, es un contrato que expresa la unión voluntaria de dos individuos para realizar la comunidad de vida en la que ambos se procuran respeto, igualdad, asistencia y ayuda mutua.

A juicio de Ricardo Trujillo Correa, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, los mexicanos ya no se casan por un cambio en la constancia de los eventos, ya sea en el ámbito familiar, económico o social. En el pasado, se podía planear a quince, veinte o treinta años y no había un estigma al respecto, hoy necesitamos que todo sea inmediato.

“Esto tiene una serie de consecuencias, un peso simbólico diferente de cómo conceptualizamos nuestro tiempo. Tenemos prisa para todo”.

Trujillo Correa acotó que la forma en la que se vive actualmente simula una carrera constante donde no se aprecia el presente. “Este tipo de vida económica capitalista posmoderna tiene un impacto también en la forma en la que nos vinculamos y nos relacionamos con los demás. De tal manera, que a mí ya no me interesa formar una comunidad, sino que yo soy mi propia comunidad”.

Ya no creemos en el matrimonio

De acuerdo con cifras del INEGI, de 1990 al 2015 se registró un incremento en la convivencia por unión libre del 2.5 por ciento al 5 por ciento, en la población de entre los 12 y 19 años de edad.

Trujillo Correa comparó este fenómeno de no crear proyectos de vida de largo plazo con la compra de un refresco de cola, una vez que se termina el producto se tira la lata a la basura.

“Desde esta perspectiva, como tú, pareja, ya no me das los satisfactores que estoy buscando, entonces ya no me interesa permanecer contigo a largo plazo. Hay un descreimiento del matrimonio como estructura social que permanezca fija para determinar una forma de relación amorosa”.

Ante esto, ¿cuáles son las consecuencias en la sociedad? El académico refirió una pérdida de profundidad del sentimiento en la que la experiencia se torna más superflua y crea un sentimiento de soledad generalizado.

“Entonces es el café sin cafeína, la revolución sin revolución, es el ya nada tiene peso simbólico en esta cultura, porque todo lo vivimos de manera inmediata creando una sociedad acultural.”

Yo no nací para amar

“Si hacemos un ejercicio y vemos en una librería los libros que hablan sobre el amor, podemos encontrar títulos como: Aprende a conocerte como persona para amar más, Cómo tener una relación duradera, Cómo ser una persona inteligente emotivamente hablando. Lo que nos muestra cómo la sociedad se siente hoy en día solitaria, incompleta, insatisfecha, molesta y enojada porque no puede encontrar a la persona que realmente necesita”.

Ante este escenario, Trujillo Correa apuntó que en 20 o 50 años podrá apreciarse un regreso nostálgico del matrimonio, el cual aumentará pero con una estructura diferente que será similar a un simulacro, como el smartphone al que se le instala un ringtone de un teléfono de los años 50.

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