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Norman Manea, encadenado a la quimera de la literatura

Discurso de recepción del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances (Extracto)

“La mañana del 9 de octubre de 1941, después de que el Gran Monstruo de la cruz gamada había declarado la guerra, fui incluido entre los enemigos de la humanidad y expulsado, junto con la familia y los demás condenados del mismo origen, en el vagón de ganado que nos iba a llevar al otro lado del Stix, llamado Nistru, al apocalipsis.

“En el camino sin fin la masa de desesperados se lamentaba entre heces y oraciones —una primera y esencial lección sobre vida y horror—. El campo fue un continuo ejercicio de deshumanización, humillaciones y salvajadas, donde reinaba la incertidumbre: no podías estar seguro de que en el próximo momento no se decidía el final del juego de la muerte. La relación entre cautivos estaba dominada por el espanto y el hambre, la enfermedad y las tumbas; la solidaridad estaba vencida por los instintos primarios de la supervivencia a toda costa”.

“El mundo de hoy enfrenta no sólo las contradicciones de una modernidad rápida y rápidamente cambiante, sino también las nuevas contradicciones y los nuevos conflictos de la actualidad: la energía revanchista de Rusia, el desarrollo dinámico de China, las crecientes migraciones desde Oriente y África hacia Europa, la oscuridad belicosa y glacial de Corea del Norte e Irán, la rutina cada vez más rebatida de los principios democráticos en muchas partes del mundo incluidos los Estados Unidos.

“Necesitamos más que nunca lucidez y coraje, solidaridad y sabiduría. Y, me atrevo a decir, el consejo de la página escrita que inspiró en tiempos difíciles a nuestros antepasados”.

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