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El colapso financiero del 2008

Hugo Maguey / Ilustración: Andrés Otero
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Hace diez años, en 2008, se vivió la segunda mayor crisis financiera a nivel mundial después de la Gran Depresión de 1929.

La rapacidad de los bancos y la especulación fueron la causa de este suceso. Las hipotecas de alto riesgo comenzaron a venderse a millones de clientes en todo Estados Unidos sin que hubiera una garantía firme de pago. Al mismo tiempo, se ofrecían fondos de inversión con base en ese negocio inmobiliario. La administración de riesgo y de cartera vencida fueron ineficientes, que como consecuencia generó una deuda sin precedentes. Es decir, la gente no pagaba sus hipotecas, y los bancos no pagaban a quienes contrataron fondos de inversión hipotecarios.

Este hecho provocó una crisis de liquidez en los bancos, que llevó a que el banco Lehman Brothers, institución que tenía 160 años de vida, se declarara en bancarrota. Y, aunque muchos gobiernos evitaron la bancarrota de muchos otros bancos a nivel mundial, los mercados de valores se desplomaron y llevaron a una crisis económica global.

El rescate de bancos en Estados Unidos significó un aumento en su deuda internacional, siendo China su principal acreedor. Cuando la unión americana entra en recesión, provoca un efecto dominó en las economías que dependen de la estadounidense, sus bolsas bajan, su economía se desacelera y también tienen que rescatar instituciones financieras.

La falta de pago y la necesidad de recuperar activos lleva a embargos de las propiedades, dejando a millones sin casa; hay despidos masivos y el desempleo llega a niveles históricos. La falta de liquidez que comenzó en agosto de 2007, hace que baje el consumo, afectando a negocios y empresas que generan empleos y activan la economía. Para 2008, la recesión está en pleno y duraría hasta 2012.

Para salir de la recesión, los gobiernos, empezando por Estados Unidos tienen que recuperar la confianza de los consumidores y de los inversionistas, para lo cual lanzan estímulos fiscales sin precedentes, además de adoptar políticas públicas de protección a los ahorradores. La política monetaria de los bancos centrales también juega un papel muy importante al tomar acciones para que la inflación se mantuviera estable. En México, la inflación se mantuvo en menos de 7% en 2008, y en los años subsecuentes en menos de 5%.

La crisis económica, además de afectar en los hábitos de consumo y de ahorro, permeó en la cultura popular y en el ánimo de la gente. El cine, la televisión, el periodismo, y muchas otras expresiones vieron presente este fenómeno cíclico que por ahora se ha superado, pero cuyo fantasma amenaza con volver a presentarse con las condiciones necesarias.

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