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Solidaridad universitaria inagotable

Fabiola Méndez/ Francisco Medina
Atrás quedaron esos adjetivos que calificaban a esta generación como individualista e indiferente, ya que frente a la emergencia actuaron para ayudar a otro
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El papel de solidaridad de los jóvenes fue fundamental para superar la emergencia del pasado 19 de septiembre de 2017, no importó si fue a través de brigadas civiles, trabajo artístico, apoyo en albergues, colecta de donativos, transportación de víveres o personas, levantamiento de escombros o en alguna otra actividad, su móvil fue ayudar.

Atrás quedaron esos adjetivos que calificaban a esta generación como individualista e indiferente, ya que frente a la emergencia actuaron para ayudar a otro. Al menos así lo confirman Fátima Cortez Caudillo y Lizeth Ramírez Cruz, estudiantes de Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM, quienes después de localizar a sus familiares y saber que estaban a salvo, salieron a las calles con el único objetivo de hacer algo por los demás.

Al día siguiente del sismo, Lizeth, sin el permiso de sus padres, acudió como voluntaria al centro de acopio instalado en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza, donde a pesar del miedo a que volviera a pasar algo no se paralizó, “me quería sentir útil y ayudar a los demás”.

En la FES hizo de todo, además, utilizó las redes sociales para publicar los lugares donde se llevó a cabo el acopio de víveres en su colonia y verificó la información.

Sin embargo, compartirla y hacer voluntariado no era suficiente, así que se enteró y asistió a la asamblea convocada por el Colegio de Pedagogía y la FFyL. “Queríamos ayudar de muchas formas y finalmente se concretaron, entre otros proyectos, el llamado Pedagogos con el Rébsamen, se pensaba que no iban a necesitar pedagogos sino psicólogos en una escuela de clase media alta, pero nos enfocamos en las personas que laboraban ahí y se vieron afectados”.

Durante ocho meses, de octubre a mayo, Lizeth y Fátima, asistieron una vez por semana al lugar para platicar con administrativos, los niños y la familia que se dedicaba a la intendencia en el colegio de Coapa, “los niños en un inició estaban llenos de miedo y timidez, el progreso en cada sesión fue evidente y fue una gran satisfacción para nosotras”, afirmaron.

En las semanas de seguimiento, además de la sesión que ellas les daban, los canalizaban a diferentes especialidades: psicológica, médica, etcétera, “nos dimos cuenta que su realidad, con lo poco que los estábamos ayudando, no sería igual para todos, porque mientras nosotras íbamos recuperándonos del miedo y la incertidumbre de otro posible sismo, ellos, aunado a eso, también sufrían la muerte de un ser querido”, refirió Lizeth.

Para llevar a cabo su proyecto, buscaron la forma de allegarse recursos con la venta de playeras, tazas, sándwiches y más, para continuar con la ayuda porque nadie los apoyaba. También organizaron un concierto para recaudar fondos con la ayuda del profesor de música del colegio, quien sólo quería volver a ver a sus alumnos.

La convivencia llegó a ser cercana y en lo profesional muy enriquecedora, “me quedo con la gratitud de las personas, con un simple abrazo y un gracias de las personas a las que ayudamos nos reconforta. Sin duda y sin pensarlo, otra vez volvería a ayudar, en cualquier circunstancia,  esta generación y las que vienen no son individualistas sino todo lo contrario, los jóvenes dieron todo sin esperar agradecimientos, ese se queda en la Universidad”, finalizaron.

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