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Norman Manea, la voz del exilio

Daniel Francisco

Alberto Manguel:  Semblanza de Norman Manea

Para el exiliado lo único permanentemente es el viaje. Ese ha sido el destino de Norman Manea, escritor galardonado con el  Premio de la FIL en  Lenguas Romances. De la persecución nazi, el holocausto, a la dictadura comunista, el escritor rumano ha sido testigo de esas atrocidades.

La literatura lo salvó de las pesadillas del campo de concentración. A los 9 años se le abren las puertas de la imaginación, recibe de regalo un cuento de hadas. Y es en ese momento que desea ser aceptado por la familia de los hacedores de libros, por la literatura, esa quimera que lo ha tenido cautivo.

Escribir para sobrevivir. Manea lo dice así: relatar la experiencia del mundo por más atroz que fuese. La historia de Rumania está marcada por el horror del holocausto: «fui incluido entre los enemigos de la humanidad». Y su peregrinaje fue entre heces y oraciones, espanto y hambre.

Manea describe la atmósfera tóxica de la dictadura: el Comunismo fue una parodia burlesca de complicidades y cinismo. Y siempre hay esperanza: «Mi página tiene la cicatriz de los traumas pero también la resistencia». Manea nos dijo que México es un «Vecino espiritual cercano a mi corazón».

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