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Adiós, Fidel Castro

Enrique Flores

Más que un ícono, una efigie, un símbolo de la Revolución cubana y de la izquierda política latinoamericana, Fidel Castro fue, ante todo, un compañero. Así se expresó de él su hermano Raúl al enterar de su muerte y de la última voluntad de que sus restos fueran cremados.

Fidel Castro fue el compañero de su pueblo, entendido este sustantivo más allá del individuo que forma parte de una comunidad y que comparte una circunstancia con otra u otras personas. Ser compañero para Fidel Castro fue un cargo de servicio para su pueblo.

Murió Fidel Castro y con él el vestigio de un mundo polarizado por las dos potencias resultantes de la II Guerra Mundial que dieron paso a una etapa de constante amago de confrontación. En ese marco y aprovechando las coyunturas de tensión de ese periodo, Castro se movilizó para llevar a su país a un proceso de segunda Independencia, esta vez de los capitalistas que, de acuerdo con su cosmovisión, empobrecían a Cuba.

Fidel Castro fue condenado en 1953 por haber encabezado a 135 guerrilleros en el asalto al Cuartel Moncada, símbolo militar de la dictadura de Fulgencio Batista, cuando apenas tenía 27 años, y luego indultado gracias a la presión pública que pidió su liberación. Se exilió en nuestro país, al que primero llegó su hermano Raúl, en 1955. En México, Fidel conoció a Ernesto “Che” Guevara, e incluso fueron arrestados por la policía mexicana, a la que no le ocultaron sus propósitos: preparar una guerrilla que derrocara al presidente Fulgencio Batista. Aún no queda claro por qué la policía mexicana los liberó. Obviamente, la geopolítica de antes era tan distinta a la de hoy.

En 1956, desde el puerto de Tuxpan, Fidel Castro y 81 hombres más, incluido Ernesto Guevara, partieron a Cuba para iniciar su revolución, la cual triunfaría los primeros días de 1959.
A partir de febrero de ese año y hasta el 2011, Fidel Castro gobernó Cuba. Desde entonces no dejó de sufrir los embates de quienes pretendieron revertir el triunfo de la Revolución. A las intentonas militares para derrocar y/o desestabilizar su gobierno, como las emprendidas desde República Dominicana y Estados Unidos, se sumaron otras para asesinarlo. No consiguieron ni lo uno ni lo otro. Incluso la defensa de Cuba dio lugar a la Crisis de los Misiles, el punto más álgido, por su cercanía geográfica a la Unión Americana, de la Guerra Fría, y que pudo suscitar una tercera guerra mundial.

Nunca el gobierno de Castro tuvo un momento de tranquilidad, ya no digamos de estabilidad. Las premuras económicas resultantes del triunfo de su Revolución se agudizaron con el rompimiento de relaciones diplomáticas y comerciales con Estados Unidos en 1961. A partir de entonces Castro y sus economistas emprendieron reformas económicas que fueron pasando del modelo agroexportador al desarrollo biotecnológico hasta llegar a la prevalencia del turismo en fases de mera sobrevivencia hasta periodos de excedencia poco conocidos en la historia del pueblo cubano.

En lo político vivió la hostilidad permanente de Estados Unidos y de los países latinoamericanos de su entorno por la sospecha, no siempre infundada, de sus pretensiones de exportar su Revolución, pero también porque su ejemplo cundía en los jóvenes latinoamericanos que pretendían mejoras en sus países. En respuesta a esta inquietud social del subhemisferio las dictaduras surgieron para contener los brotes socialistas.

A ello siguieron los éxodos cubanos, particularmente a Florida, con la consiguiente tensión, nuevamente, con Estados Unidos.

Fidel Castro y Cuba vivieron ese periodo más aislados que nunca, pero al interior se continuó avanzando en el desarrollo de su aporte social: la igualdad. Se emprendió el desarrollo educativo y cultural, y con ello se sentaron las bases de un nuevo modelo económico basado en una mano de obra calificada que pudo dejar atrás la vertiente agroexportadora.

Luego vino la caída de la Unión Soviética y con ella la conclusión, sobre todo, de los acuerdos comerciales y la reducción de sus exportaciones. De nueva cuenta, Castro y sus economistas readecuaron su economía a nuevos polos de desarrollo.

En lo político Cuba volvió a ser un ejemplo tácito de independencia y bajo el liderazgo moral de Fidel Castro América Latina vivió un auge de gobiernos de izquierda y de tendencia popular en Venezuela, Brasil, Nicaragua, Argentina y Bolivia. A esa misma autoridad moral apeló el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, la guerrilla más añeja del subhemisferio, para alcanzar su primer acuerdo de paz. Fidel Castro, antes de morir, debió haber sido enterado que ambas partes, firmaron antier un segundo acuerdo, que revalida su intención de alcanzar la paz.

Enfrentará Cuba las veleidades, una vez más, de los gobiernos estadunidenses para levantar el embargo económico, pero el buen entendimiento que tuvo con Barack Obama, es sin duda, un avance en esa dirección.

Castro deja una profunda transformación en su país. Murió a los 90 años y, sin duda, su país es ahora mejor a cuando, con 27, fue apresado por asaltar un cuartel militar en protesta por la condición social en que vivía él y el resto de sus compatriotas, sus compañeros de siempre.

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