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Rojo Amanecer se hizo con pocos recursos y en la clandestinidad

Fabiola Méndez/ Damián Mendoza
Hubo dimes y diretes a la hora del estreno de la película

A 50 años del Movimiento Estudiantil de 1968 el cineasta Jorge Fons recuerda que su generación estuvo muy presente registrando los acontecimientos previos y posteriores a aquel 2 de octubre. Tomó varios testimonios de todo el movimiento, las manifestaciones, los mítines, “lo vivimos de cerca”.

En aquel tiempo, refiere el director, todos querían dar a conocer aquello de lo que habían sido testigos, pero no sabían cómo hacerlo y tampoco existía libertad absoluta: “me sentía con una obligación de hacer un registro de los hechos, decir y hacer algo sobre esa tragedia que nos marcó, no sólo a nuestra generación sino a anteriores y posteriores”.

La película Rojo Amanecer la filmó 21 años después, el cineasta recuerda que tenía un año con el guion bajo el brazo, se lo ofrecía a los directores, pero “nadie le entraba”. Héctor Bonilla, mientras hacían juntos una telenovela, le dijo que al terminar hicieran juntos una película. Fue el momento exacto para sacar el guion que guardaba.

Así que empezaron a “armarla” en una oficina, ahí se reunieron los actores: “lo único que no teníamos era dinero, pero a nadie le importó, todo el mundo le entró, miedo no había, pero sí había optimismo”. El set se ambientó con muebles de las casas de todos, las fotos del Che, los libros, crearon una gran familia.

Por recomendación de un amigo de Jorge Fons que trabajaba en la Secretaría de Gobernación, encargada en aquella época de los dictámenes de los proyectos, les sugirió que no entregaran el guion porque se iba a quedar enlatado en el último cajón de un escritorio.

Decidieron filmar la película a escondidas, procuraron que nadie se enterará de la grabación, no tenían productor, “el que salvó la película fue Valentín Trujillo”. Trabajaban desde las ocho de la mañana hasta las 11 o 12 de la noche.

Con cuidado, pero sin miedo la terminaron. La edición la realizaron en un departamento de Valentín Trujillo, la musicalizaron en el Ajusco. Como protección mandaron una copia a Los Ángeles y una más a RTC para su clasificación.

Hubo dimes y diretes a la hora del estreno de la película, al final pudo realizarse en 1990. El autor de largometrajes como “Los Albañiles” y “El Callejón de los Milagros”, está satisfecho de haber hecho una obra que todo mundo quería hacer, “todos queríamos hablar de ese movimiento y de esa injusta, cruel e infame matanza”.

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