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Antes de que sea tarde

César Daniel Nájera Collado

Era una noche fría de 1899, y en Colorado Springs el viento no dejaba de arreciar. Un científico salió de su laboratorio ubicado en la pradera, y después de alejarse varios metros de él, clavó en el pasto una especie de foco con un tubo. Luego, dio una orden a su asistente, el cual activó la enorme antena de 43 metros que se encontraba encima del laboratorio. Lo que sucedió enseguida no tiene precedentes. A pesar de no contar con cables, este foco se iluminó sin más. Y por si no era ya suficiente hazaña, el científico lo desenterró del suelo y lo sostuvo en su mano, sin que este se apagara. Fue justo ahí cuando Nikola Tesla supo que lo que acababa de lograr cambiaría el mundo. Para entender su dimensión solo basta con decir esto: energía inalámbrica disponible hace más de 100 años atrás.

Nikola tenía planeado construir varias antenas transmisoras de señal alrededor del mundo, todas parecidas a la de su laboratorio. De esta manera, la Tierra estaría conectada entre sí mediante energía aprovechada de su mismo suelo. Sin embargo, estoy seguro de que ahora te preguntas: ¿por qué jamás había oído de esto? Pues la respuesta es simple: porque el proyecto de Tesla nunca se concretó. El científico buscó inversionistas por doquier, y a pesar de que encontró uno que le construyera un ejemplar en Nueva York, este se arrepintió y lo derrumbó,  todo después de enterarse que Nikola planeaba crear una compañía para repartir la energía de manera completamente gratuita para todos. Y he aquí el motivo de este texto. Yo me pregunto: ¿hasta cuando seguiremos poniendo el dinero y las ganancias económicas por encima del desarrollo humano? Con tan solo imaginar qué sería de nosotros si le hubieran dado una oportunidad filantrópica a Tesla. Y no vayamos tan lejos como pensar en autos voladores o viajes a Saturno, sino simplemente con el hecho de haberle prevenido a la Tierra el inmenso desgaste que le hemos causado por nuestra búsqueda de proveedores energéticos monetariamente redituables.

Confío en que estableceremos prioridades a tiempo. Espero también que un papel, el dinero, no se convierta en el engaño más grande de la humanidad, porque, citando un proverbio de los Indios Cree: “Cuando el último árbol sea cortado, el último río envenenado y el último pez pescado, solo entonces el hombre descubrirá que el dinero no se come.”

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