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🔊Ana María Cetto y el Museo de la Luz, una historia en común

Omar Páramo

La historia de Ana María Cetto y el Museo de la Luz (ML) comenzó con un libro, uno escrito por ella y titulado La luz en la naturaleza y en el laboratorio —publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1987, como parte de la colección La Ciencia desde México—, pues debido a la popularidad de este texto de poco más de 100 páginas, la investigadora del Instituto de Física (IF) fue invitada en diciembre de 1994 por el entonces rector de la UNAM, José Sarukhán, y el doctor Jorge Flores, a imaginar y proponer cómo debería ser un recinto dedicado a los fenómenos luminosos.

“Dije que sí y recurrí a un equipo de especialistas en diferentes disciplinas. Así integramos un pequeño grupo y diseñamos, primero, el guion conceptual; después el proyecto, y al final los prototipos a exhibir. En menos de dos años, el 18 de noviembre de 1996, abrimos las puertas del lugar”, recuerda la hoy directora del recinto.

A dos décadas de su nacimiento, el ML es el único museo del mundo especializado sólo en la luz. “Hay otros con salas dedicadas al tema, pero dentro de un marco de ciencia más general. Por ello, especialistas de diversos países han comenzado a voltear los ojos hacia nosotros y a ver la relevancia de una iniciativa como ésta”, expuso la experta en mecánica cuántica.

¿Por qué un museo sólo para la luz?

De 1944 a 1979, el Antiguo Templo de San Pedro y San Pablo albergó a la Hemeroteca Nacional y después quedó en el abandono. A fin de rescatar a este edificio y emocionadas por el éxito de Universum, las autoridades de la UNAM pensaron en crear un museo similar en el sitio, aunque por lo reducido de la iglesia (mil metros cuadrados) la opción idónea era consagrarlo a un solo tema: la luz.

“Se discutieron varias alternativas y desde un principio coincidimos en crear una narrativa que girara en torno al asunto a fin de que el visitante percibiera una unidad secuencial; además, como el lugar albergaba obras como los vitrales La vendedora de pericos y El jarabe tapatío, o la pintura El árbol de la ciencia, se decidió que el papel de lo luminoso en el arte sería crucial”, refirió Cetto Kramis.

Las cosas funcionaron bien por cuatro años hasta que el 1 de octubre de 2010, el ML cedió sus instalaciones y se trasladó al Patio Chico de San Ildefonso, inmueble que aunque más amplio que su casa original, obligó a replanteamientos. “De entrada, se perdió un poco de esa cohesión al transitar de una sección a otra; lo sorprendente de esto es que nos demostró que tenemos un público recurrente que, al visitarnos, intenta reconstruir esa lógica de tránsito que se apreciaba en el Antiguo Templo de San Pedro y San Pablo”.

Hace dos décadas los diarios describían a este museo como una iniciativa de vanguardia, pero el tiempo no pasa en vano y las tendencias museísticas hoy son muy diferentes a las de los 90 —se comienza a experimentar con ambientes inmersivos y se dejan de lado carteles o pantallas—. En esta lógica, y aprovechando que 2015 fue el Año de la Luz, el exrector José Narro pidió a la doctora Cetto renovar la propuesta, lo que de nueva cuenta abrió escenarios para reimaginar y, sobre todo, para arriesgar.

“Al recibir esta nueva encomienda lo primero que hice fue invitar a quienes trabajaron en el primer proyecto (eran los candidatos naturales) y anexé a muchos expertos más; al final, nuestra lista de asesores sumaba más de 60 nombres”, expuso.

De concretarse lo planteado por este equipo, el ML se trasladará a un espacio más grande (de más de nueve mil metros cuadrados) y dejará el Centro Histórico para asentarse en Ciudad Universitaria, muy cerca de Universum, en colindancia con Avenida del Imán.

“Ya tenemos el terreno, el proyecto e incluso los cálculos arquitectónicos; sólo aguardamos semáforo en verde del nuevo rectorado. La UNAM no puede desembolsar todos los recursos para construir, lo sabemos, por ello impulsamos una campaña a fin de conseguir financiamiento de otras instancias, incluso privadas. Somos optimistas y creemos que esto llegará a buen puerto”, dijo.

Para Cetto Kramis, el ML es un museo en evolución, pero con una visión que se mantiene desde su nacimiento y que la académica plasmó en uno de los párrafos de aquel libro de 1987 con el que arrancó esta travesía:

“Al conocer mejor la luz y los fenómenos ópticos hemos ampliado nuestro entendimiento y concepción de la naturaleza. La luz ha dejado de ser un elemento mágico o misterioso para convertirse en un fenómeno de determinadas características físicas, cuyo origen puede ser explicado y cuyos efectos se pueden predecir. Aún puede haber sorpresas y el futuro quizá nos tenga nuevos descubrimientos”.

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