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Al Zócalo se llega por Madero

Daniel Francisco/Freddy Pastrana/ Arturo Nuñez / Edición: Myriam Nuñez

Y puede ser una larga caminata de doce años llenos de paciencia, necedad y obcecación, tal y como lo dijo Andrés Manuel López Obrador en su cierre de campaña el miércoles 27 de junio en el Estadio Azteca. Al igual que ese día sus seguidores, los que votaron para hacer historia, para por fin verlo llegar a la Presidencia, se apretujaron en un lugar sagrado: el Zócalo de la Ciudad de México.

Una vez que se hicieron públicas las primeras encuestas de salida la gente buscó estar cerca de Andrés Manuel. Afuera del Hotel Hilton, casi enfrente del Hemiciclo a Juárez, comenzaron los gritos de siempre: “es un honor estar con Obrador”. Las pantallas dentro y fuera del hotel repetían los resultados de las encuestas de El Financiero-Bloomberg, Mitofsky y Buendía y Laredo. En todas ellas AMLO arrasaba dos a uno a sus rivales más cercanos.

Banderas de Morena, PT y Encuentro Social ondearon, los reporteros en la sala de prensa aguardaban la llegada del candidato ganador, miraban los noticieros y con mucha atención el recorrido del ganador desde su casa de campaña a la sede del mensaje a medios. Durante 90 días de campaña oficial habían seguido el peregrinar de AMLO. Hoy tendrían frente a ellos al personaje que después de tres intentos logró la victoria, como Lula en Brasil. Y allí mismo vieron el mensaje del presidente del INE y del presidente de la República corroborando que esta vez AMLO había vencido.

Al final del mensaje de López Obrador la gente y la prensa se dirigieron al Zócalo. Miles desfilaron por Juárez para encaminarse al lugar del festejo donde tantas arengas pronunció su candidato en contra del gobierno. Justo al pisar la calle de Madero alguien gritó: para llegar al Zócalo teníamos que entrar por Madero. Muchos cantan el Cielito Lindo, otros continúan con las loas a favor de AMLO. Hay quien ya se puso una máscara del ganador. En las calles no sólo hay vendedores ambulantes que ofrecen comida; también están los que ofertan playeras con las frases del triunfo, con la caricatura del futuro presidente, tazas, calcomanías. La Torre Latinoamericana, justo debajo de su reloj, publicó: “Vamos México” y luego rota para mostrar la bandera mexicana.

El Zócalo está lleno, es difícil moverse, algunas personas bailan al ritmo del tema de “Morena”. Y como en el Estadio Azteca, hay gente de todas las edades, de todos los estratos sociales. Una anciana es llevada en silla de ruedas, niños en los hombres de sus padres. Niños que no alcanzan a entender la alegría de sus padres. Alguien comenta: “imagínense si no hubiéramos ganado…todos nosotros en la calle iniciando las protestas. Yo -dijo con lágrimas en los ojos- ya me había despedido de mi mamá por la mañana. Si no ganamos estoy dispuesto a todo”. Pero ganaron y está feliz.

Hay más banderas de México que de partidos. Un anciano está sentado en una banca, exhausto, no suelta la bandera de México, sonríe para las fotos. “Vengo desde Iztapalapa”, dijo. La gente al salir del Zócalo no dejó de cantar, los autos apoyaban las consignas de la victoria con sus cláxones. Los reporteros no dejaron de tomar fotos y videos. Los triunfadores sonríen. La tensión ha desparecido. El mismo López Obrador mandó un mensaje de conciliación a los medios en su mensaje. No es como en el cierre de campaña, no hay esos gritos directos a la prensa: “No somos bots”, “nos somos acarreados”, “cuenten bien”.

El Zócalo hoy fue de todos los que quisieron festejar el triunfo de López Obrador. Él les agradeció así: “No tengo más que decirles, sólo así, abrazarlos mucho. Decirles que amor con amor se paga y así como me quieren a mi los quiero yo a ustedes”.

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