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Hacia el aborto legal en Argentina

Tihui Campos[1]
Un ejemplo para las mujeres de Latinoamérica

Un nuevo capítulo de la historia de América Latina lo escribieron las mujeres de Argentina. La marea verde, como ahora se les conoce cariñosamente, tiñó de verde las calles de Buenos Aires el 13 y 14 de junio pasados, donde después de una maratónica sesión de más de 20 horas, se aprobó en la Cámara de Diputados, la legalización del aborto hasta las 14 semanas de gestación. Durante este tiempo, en las calles del invierno porteño, resaltaban las cantatas de pañuelos verdes: niñas, pibas, madres y abuelas, mujeres de todas las edades que cantaban y bailaban, esperaban la respuesta de lo que ya no se puede detener, ejercer su derecho a decidir sobre su cuerpo.

La discusión presentó más de 150 alegatos a favor y en contra de la ley, algunos tan extremos como los de la diputada Ivana Bianchi de Unidad Justicialista, que se manifestó en contra del proyecto de despenalización del aborto, argumentando que, si se aprobaba esta ley, habría una proliferación de «tráfico de cerebros e hígados de fetos». O como los de la diputada Estela Regidor, de la Unión Cívica Radical: «¿Qué pasa cuando nuestra perrita se nos queda embarazada? No le llevamos al veterinario a que aborte. Salimos a ver a quién le regalamos los perritos. Las peores fieras quieren a sus crías. ¿Qué nos pasa a los seres humanos que tenemos esa maldita razón que nos tapa el corazón?», el cual fue muy criticado por la sociedad en su conjunto al comparar a las mujeres con los animales.

Uno de los discursos más emotivos, casi al final de la sesión, fue el de la diputada Silvia Lospennato, que con el llanto a flor de piel dijo: “Todos atravesamos un proceso de profundo aprendizaje, de eso no hay vuelta atrás, porque pudimos nombrar el dolor que significa el aborto en nuestro país, un dolor que se confunde con la culpa, la criminalización y la desigualdad”, mostrando que no es un problema moral, sino un problema económico, social y de salud pública, criticando a un Estado que invisibiliza el derecho de las mujeres de decidir sobre su vida y su cuerpo.

Es importante resaltar que esta ley no trata solo de aprobar o no el aborto, sino de confeccionar un plan integral que permita mejorar la vida de las mujeres argentinas, por lo cual propone:

  1. Educación sexual para decidir: Información clara y objetiva, que llegue a toda la población y que le permita conocer su sexualidad y tomar decisiones sobre su cuerpo.
  2. Anticonceptivos para no abortar. Promover el uso de anticonceptivos gratuitos, para evitar los embarazos no deseados y las enfermedades de transmisión sexual.
  3. Aborto legal para no morir. Ser madre es una elección y no una imposición. El aborto existe y es la última instancia de esta consigna por una razón: jamás sería utilizado como un método anticonceptivo más. Con o sin ley, los abortos se seguirán practicando, por lo cual, es necesario que se legisle para evitar que sigan muriendo mujeres por prácticas insalubres.

Uno de los discursos que recogía la importancia de escuchar lo que las mujeres pedían, fue el de Gabriela Cerruti, que durante sus más de ocho minutos dijo que lo personal se vuelve político y que la única obligación que tenían “como legisladores era ser capaces de representar la conciencia colectiva de ese momento”. Esa conciencia colectiva que Cerruti definió como «feminista, joven y con un pañuelo verde estaba en la calle, gritando por un cambio”, que después de 23 horas llegó.

Es importante insistir, que esta ley no obliga a nadie a abortar, es dotar de una opción legal a las mujeres que así lo necesiten, sin poner en riesgo su vida, y apoyarlas para que un embarazo no deseado no vuelva a suceder.

Esta batallada ganada por las mujeres argentinas, es un gran aliciente para el movimiento feminista en América Latina. Solo en nuestra región, las víctimas de abortos inseguros suponen un 24 por ciento del total de muertes relacionadas con el embarazo y el parto. Además, el hecho de que el aborto sea ilegal en nuestra región, no disminuye el número de legrados practicados, ya que la proporción de mujeres que abortan es más alta que en Europa Occidental donde está permitido: de cada mil mujeres en edad reproductiva, 32 abortan en América Latina, 29 en África y 12 en Europa Occidental[2].

Las cartas están sobre la mesa. Argentina tiene una segunda batalla que ganar en el Senado el mes de septiembre, donde el cabildeo nos dice que existen más votos en contra que a favor de esta ley. Sabemos que será difícil pero no imposible, porque la marea verde ya está en las calles y nadie la va a detener.

Los demás países de Nuestra América tenemos una gran tarea que realizar, debemos crear las condiciones para que, en cada localidad, sea un debate público la legislación del aborto. Debemos informar, platicar y poner a discutir a las mujeres que están al lado nuestro, las de nuestros centros laborales y escolares, con nuestras hijas, hermanas, madres y abuelas. La gran tarea es manifestar que el aborto no es un tema de creencias, que es un derecho de salud pública, seguridad y educación.

El aborto legal, es una muestra de dignidad de la sociedad argentina que nos llena de esperanza a toda Latinoamérica. Queda trabajar, dialogar y luchar para motivar la discusión y compartir las dudas y los puntos de vista. Después de eso, que logremos un consenso, luchemos juntas por la vida, la vida de las mujeres que tiene derecho a decidir sobre su salud, su cuerpo y su camino.

 

💚

[1] Profesora de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM

[2] Información tomada de www.alianzaporlasolidaridad.org

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