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Golem gana en la RoboCup German Open un bronce con sabor a oro

Omar Páramo / Francisco Medina

Hay terceros lugares con sabor a oro, comparte el doctor Luis Pineda al referirse al bronce obtenido por Golem en la decimosexta edición de la RoboCup German Open, torneo anual de robótica que, en esta ocasión, se realizó en Magdeburgo, ciudad con un notable pasado industrial erigida en las márgenes del lago Elba.

Y es que según el investigador del IIMAS, un triunfo se disfruta más si parece improbable y es resultado de trabajar al límite. “Algo así nos pasó en Alemania, pues desde el inicio —un miércoles 25 de abril— hubo contratiempos. Cuando llegamos a la arena los demás equipos ya estaban ahí, con sus robots armados, y nosotros no hallábamos nuestros contenedores. Pronto nos enteramos de la razón: nuestro Golem había sido retenido por la aduana y no podía salir de ahí”.

La RoboCup German Open es un evento nacido en 2001 —año que da nombre al filme de Kubrick que motivó a Pineda a estudiar inteligencia artificial— que progresivamente ha ido ganando lustre, al grado de ser considerada hoy la justa regional de autómatas más importante del orbe, ya que a diferencia de encuentros similares ahí contienden los tres primeros lugares del Mundial de Robótica.

“Asistir te da la oportunidad de medirte con los mejores y ver qué se hace en otras partes. Nosotros volamos a Magdeburgo por eso y porque nuestro robot llevaba ya mucho tiempo sin competir, pues últimamente nos habíamos dedicado a hacerle mejoras tanto en hardware como en software y nos sentíamos listos para ponerlo a prueba; jamás anticipamos el reto que se nos venía por delante”.

Golem es un robot creado por Pineda y su equipo en el Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM, el cual —desde su presentación al público un 22 de junio de 2007— no sólo ha evolucionado, sino que ha protagonizado todo tipo de historias, como ser entrevistado por Cristina Pacheco para el programa Aquí nos tocó vivir, fungir como adivino de cartas en un museo o contar chistes en cadena nacional, “pero jamás pensamos en que un día se quedaría atorado en una aduana y eso nos obligaría a presentarnos a un torneo sin nuestro competidor”.

It’s alive!

¿Cómo se participa en una copa de robótica sin robot? Es difícil, señaló el académico. “Por fortuna, aunque mandamos la maquinaria de Golem en la sección de carga de un avión, su mente iba en las laptops de quienes viajamos a Magdeburgo; eso nos salvó”. 

Al igual que en las justas deportivas, acotó Pineda, en las tecnológicas suele haber gestos solidarios y de fair play, y justo eso se vio cuando la escuadra de Koblenz (los actuales campeones del mundo) se enteraron de que el autómata mexicano seguía atorado en la aduana debido a una anomalía en el pago de impuestos. 

“De inmediato nos prestaron a uno de los suyos, sin software, y decidimos hacer algo tan inusual como desesperado: una cirugía de tipo Frankenstein, es decir, trasplantamos el cerebro de Golem en un cuerpo ajeno. No funcionaba igual y era incapaz de girarse para ver a su interlocutor cara a cara, pero al menos estaba vivo”.

Como ya intuía el equipo del IIMAS, el desempeño en la primera prueba no fue la óptima y la calificación resultó baja; sin embargo, les dio los suficientes puntos para pasar a la siguiente etapa y, lo más importante, les regaló el tiempo necesario para que Golem fuera liberado por la aduana. Finalmente, Pineda recibió los contenedores a la medianoche, justo cuando el jueves comenzaba a ser viernes.  

En la Fórmula 1 se dice que las distancias se corren en bólidos, pero las carreras se ganan en los pits, en alusión a la capacidad de una escuadra para cambiar llantas en un parpadeo (el récord es de 1.89 segundos y se estableció en junio de 2016, en Azerbaiyán). En esta ocasión los mexicanos impusieron una marca igual de impresionante e hicieron algo nunca visto en una RoboCup: en apenas siete horas (de la una a las ocho de la mañana) armaron y programaron a su robot, un proceso que usualmente demora dos días.

A las nueve de la mañana Golem ya estaba listo y así, sin haber sido calibrado, se lanzó a competir en la categoría Robot de Servicio. En esta ocasión las dinámicas consistieron en escuchar órdenes, ejecutar tareas domésticas, caminar por una casa, reconocer objetos y traerlos consigo, y algunas misiones más por el estilo. Ya con su cuerpo original y no con uno prestado, el autómata comenzó a realizar las encomiendas, a remontar sitios y, de estar en lo más bajo del tablero, para el sábado era uno de los cuatro finalistas.

En la mente de Golem

“A diferencia de los demás competidores, el nuestro es un robot que piensa y eso hizo toda la diferencia en la última prueba”, dijo Luis Pineda quien desde hace 20 años se ha dedicado impulsar el desarrollo de la inteligencia artificial en México. 

Al respecto, el académico explicó que los autómatas de servicio suelen enfocarse en sus habilidades motoras y perceptuales para acometer sus tareas, es decir, en reconocer objetos, seguir personas o caminar según indica un mapa, todas ellas conductas reactivas y esquemáticas, pero Golem es diferente, pues se involucra con la situación y razona sobre cómo hacer las cosas de la mejor manera.

Para determinar el primero, segundo y tercer lugar de la RoboCup German Open se promedia la puntuación de la primera y segunda etapas del torneo con el resultado de la final, el cual es determinado por dos jurados: uno interno, integrado por expertos en robótica, y el otro por invitados provenientes de la rama industrial y comercial.

Con el objetivo de definir el medallero, en el último reto se pidió a los autómatas fungir como asistentes de un supermercado, atender a los clientes y ordenar las estanterías. Fue aquí donde, en opinión del investigador, Golem demostró su potencial y ante especialistas y público en general, ejecutó una prueba casi perfecta.

Mientras que sus adversarios acometieron la tarea de forma preprogramada y reactiva, el robot del IIMAS analizaba el escenario, razonaba, diagnosticaba, infería y formulaba una estrategia ad hoc, y si ésta no funcionaba, repetía el ciclo a fin de realizar ajustes, algo necesario ya que, en palabras del universitario, “con frecuencia los planes no son constantes con el mundo, porque los diagnósticos siempre se hacen con información incompleta”.

La demostración fue tan impecable que no sólo el público respondía con aplausos a cada maniobra, sino que el jurado de expertos le concedió el primer lugar a Golem, pues quisieron premiar la aportación técnica de pensar en vez de limitarse a la conducta reactiva “lo cual, por sí solo, es un éxito extraordinario. Sin embargo, contra cualquier pronóstico, los jueces no especialistas nos dieron el cuarto sitio y ello, al promediar números, se tradujo en bronce. Eso causó sorpresa a todos; no sé qué competencia estaban viendo”.

Luis Pineda ya está de vuelta en México y desde su cubículo, en el tercer piso del IIMAS, confiesa que le gusta recordar la experiencia alemana e imaginar lo que pudo haber sido. “Por los problemas en las fases iniciales nuestro puntaje no fue el más alto, pero si en la final el veredicto de ambos jurados hubiera coincidido, como casi siempre pasa, hubiéramos regresado a casa con un segundo lugar en las manos, y no con un tercero. Lo que sí es innegable es que volvimos con un gran aprendizaje y con una mayor certeza, la de que trabajar para que un robot piense resulta una buena idea”.

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