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Un fin de semana para acercarse a la danza butoh

Omar Páramo / Francisco Medina

Algo extraño pasa con el butoh en México, pues hace que los foros se llenen y que la gente compre sus boletos con anticipación; en el panorama dancístico de hoy esto es bastante inusual”, asegura Eugenia Vargas, directora del Laboratorio Escénico Danza y Teatro Ritual (LEDTR), compañía que, junto con el Museo Universitario del Chopo, organiza el encuentro Variaciones Butoh 2018.

El evento, en su segunda edición, se propone como un espacio para explorar las diferentes formas de apropiarse de esta manifestación artística nacida en el Japón de la posguerra, como una oportunidad para entender por qué el público se siente tan cercano a ella y como un escaparate para mostrar lo que hace el país en este rubro. 

“Desde hace años, el LEDTR ha estado trayendo de Asia a un sinfín de maestros butocas. Ha llegado el momento de cosechar los frutos de este esfuerzo y ver lo que los artistas escénicos —tanto emergentes como consolidados— han asimilado en este tiempo y cómo han plasmado estas enseñanzas en sus planteamientos”.

Por ello, a lo largo de esta semana El Chopo será punto de encuentro para aquellos interesados en este arte, pues habrá funciones coreográficas, instalaciones, clínicas, conversatorios, clases magistrales y conferencias a cargo de compañías como La Manga y Anzar Danza, y de artistas como Tania Solomonoff, Isabel Beteta, Wolfgang Scholz y Fernanda Palacios, aunque a decir de Eugenia Vargas lo más interesante será la presencia de seis intérpretes seleccionados a través de una convocatoria nacional, quienes son un ejemplo de la muy particular manera de hacer butoh en México.

“Recibimos 29 postulaciones y descartamos 23. Los criterios al elegir no tuvieron que ver con el virtuosísimo, sino con la congruencia de las piezas que nos hicieron llegar en video, la originalidad y honestidad de las propuestas, su capacidad de reflejar la intimidad y vivencias de los autores y la profundidad de la exploración”.

Para Vargas, lo que se busca aquí no es definir el butoh, sino observar cómo se ha transformado el escenario artístico mexicano a partir de la asimilación butoca. “No perseguimos un purismo, sino mirar los diferentes brotes y comprensiones que se han dado entre los creadores a partir de su acercamiento a este arte”.

El lento germinar de una semilla

La danza butoh nació en la década de los 50, después de que los coreógrafos japoneses Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata decidieran que, tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, era imposible expresarse como antes, pues la muerte y el absurdo se habían manifestado con un estallido y algo había cambiado para siempre. 

“Es preciso despojarse de los movimientos habituales y penetrar en el mundo incomprensible”, solía decir Ohno, y es quizá esta invitación a romper con toda convención lo que explica que ninguno de los seis seleccionados a través de la convocatoria de Variaciones Butoh 2018 se describa a sí mismo como un bailarín profesional.

“Yo, por ejemplo, soy un atleta de ultramaratones y he encontrado un puente entre el acto de correr y el de bailar, ya que ambas actividades me permiten experimentar con mi cuerpo. Nunca he estudiado butoh, pero sí lo he visto muchas veces y en cada ocasión me ha transmitido algo parecido a lo que quiero comunicar”, dice Isaí Misael Quintero.

Aunque en algún momento estudió coreografía, el joven no siente que dicha formación se refleje en lo que hace. “En la escuela, la estrategia era aprenderse pasos para repetirlos sobre una tarima, es decir, alguien externo daba instrucciones y yo las interiorizaba; aquí es al revés, pues yo genero algo desde adentro y luego lo exteriorizo, es como con las semillas, que sólo germinan de dentro hacia afuera”.

Al preguntarle si coincide con Kazuo Ohno cuando ésta aseguraba que “el alma es la que danza y el cuerpo la sigue”, Misael responde que sí. “Eso es algo que experimento cuando corro largas distancias o al estar sobre un escenario. No lo entiendo de otra manera”.

Hurgar en el subconsciente 

Debido a su capacidad de hurgar en la psique, el butoh es llamado la danza del subconsciente y esto es algo que, desde siempre, ha llamado la atención de Marinés Cardoso, quien además de ser una de las seleccionadas de Variaciones, también es psicoterapeuta.

“Más que bailarina soy una investigadora corporal. Hice mi maestría en Arteterapia y quizá ello me llevó a bautizar la pieza que presentaré con un nombre tan largo como peculiar: Tres métodos para combatir el síndrome disfórico premenstrual, la cual busca desmontar algunos mitos que giran alrededor de lo femenino”.

Para Cardoso, lo más interesante del butoh es que se trata de una propuesta que, a diferencia de otras manifestaciones dancísticas, no está obsesionada con la forma y lo estético, sino con las vivencias.

“Aquí el cuerpo es un contenedor de fuerzas incontrolables, pero que dan sentido a todo. Cuando te adentras en este tipo de baile el mundo se desdibuja, al tiempo que todos esos lugares desconocidos que habitan en nuestro interior comienzan a hacerse nítidos”.

Desde que descubrió el butoh, Marinés no ha dejado de usarlo al dar terapia. “Sigue siendo crucial para tratar a mis pacientes y, sobre todo, se ha vuelto una herramienta para trabajar conmigo misma”.

El arte del vacío

Claudia Ramírez descubrió el butoh hace siete años, cuando su mejor amiga la llevó al teatro. “Acababa de perder a mi mamá y estaba devastada. Al ver por primera vez a los butocas me pareció que no estaban vivos ni muertos y eso me intrigó a tal grado que comencé a investigar sobre Kazuo Ohno y de pronto leí algo que me cimbró, pues el maestro alguna vez declaró que, aunque lo vieran solo en el escenario, cada vez que danzaba lo hacía con su madre”.

Tras aquella experiencia, la joven comenzó a buscar talleres y a crear coreografías. “Como los otros seleccionados, yo tampoco soy una bailarina profesional, pero como antropóloga y maestra de yoga estoy convencida de que ésta es una vía para alejarme de mi identidad y contactar con mi memoria ancestral. Esa es mi búsqueda”.

Por esta razón, Claudia define al butoh como el arte del vacío. “Quizá lo más difícil es lidiar con el ego, que siempre busca hacerse presente. Por ello, los maestros butocas han intentado mostrarnos cómo hacer para que se manifieste la nada a fin de que algo más entre y se comunique. Para cada quien esto significa algo diferente; para mí es la posibilidad de bailar con quienes ya se han ido”.

El encuentro Variaciones Butoh 2018 tendrá lugar este fin de semana en el Museo Universitario del Chopo. Las piezas de Misael, Marinés, Claudia y las de los otros tres seleccionados se presentarán este domingo, después de las seis de la tarde.

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