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Comunidad LGBTTTIQ, entre conformarse con lo logrado o expandir el significado de ser humano

Omar Páramo / Francisco Medina
Se debe reflexionar sobre cómo la persona se configura en lo cotidiano a partir de ciertas normas, ya que esto es un primer paso para pensar de forma crítica, evitar los conformismos o creer que con lo conquistado es más que suficiente

Hoy, los integrantes de la comunidad no heterosexual viven un momento crítico, pues pueden conformarse con lo que la sociedad les ha concedido y elegir cuál de las letras LGBTTTIQ les acomoda más, o replantear qué significa ser humano, ampliar los alcances de esta definición y ocupar un espacio dentro de este concepto, pero ya con horizontes más vastos, expuso el profesor Cuauhtémoc Sánchez Vega, de la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la UNAM.

“La invitación es a cuestionar estos moldes, expandir sus límites y decidir si enarbolar la bandera del arcoíris desde la disidencia es suficiente o si el objetivo es que el otro nos mire con respeto, como a un semejante, y aceptando nuestras diferencias”, añadió al dar una conferencia magistral en el Museo Memoria y Tolerancia (MMyT).

Para el académico, el problema es que la concepción actual de lo humano es aún excluyente y priva a muchos de derechos básicos, como bien sabe la comunidad transexual en México, que carece de reconocimiento incluso a nivel civil al no poder modificar su acta de nacimiento y, en consecuencia, no puede manifestar su voluntad ciudadana, pues ello les impide tramitar su credencial de elector.

“Histórica y culturalmente, a la sociedad le gusta que todos nos parezcamos. Por ello, al nacer nos asignan un género en función de lo que sobresale en nuestra pelvis y, heteropatriarcalmente, se establece por anticipado y con base en nuestros genitales cuál será nuestra preferencia sexual; no es un secreto que salirse de este pensamiento normativo puede acarrear la pena de muerte en ciertos países o hacernos propensos a crímenes de odio en el nuestro”.

Por ello debemos analizar qué tipo de ciudadano estamos construyendo; cómo favorecemos que los sujetos sean sometidos a un escrutinio hegemónico a partir de sus características biológicas, y cómo reaccionamos cuando el deseo de los individuos toma un cauce que no desemboca en la heterosexualidad normativa.

El asunto es que, como decía la filósofa Judith Butler, una concepción normativa del género puede deshacer a la persona al socavar su capacidad de continuar habitando una vida llevadera, advirtió.

“Por fortuna estamos en un punto crucial, pues ahora nos podemos cuestionar ya no sólo desde la disidencia, como antes, sino desde una alianza estratégica entre tomadores de decisiones e integrantes de la diversidad sexual, acerca del escenario actual y sobre las políticas públicas y apoyos requeridos para que todos puedan vivenciar, de manera adecuada y digna, su deseo erótico”.

La obsesión por clasificar

A decir de Cuauhtémoc Sánchez, la humanidad está obsesionado en clasificar y en segregar aquello que no se ajusta a su concepción de cómo deben ser las cosas y un ejemplo claro son los españoles que, al llegar al Nuevo Mundo, consideraron a los indígenas poco más que animales y menos que personas, pues según ellos carecían de alma y, por lo mismo, no tenían los mismos derechos que los europeos.

“Si miramos atrás vemos cómo, a lo largo de la historia, la xenofobia, homofobia y sexismo han delimitado lo que se considera humano. No olvidemos que al establecerse la Iglesia como institución es cuando se dan los primeros actos de discriminación por color de piel y surge la idea de que los esclavos deben ser negros y, además, africanos (para los antiguos romanos no había problema en esclavizar a rubios de Germania, por ejemplo) o que a la mayoría de los asesinatos en el mundo son de mujeres, y aunque en estricto sentido lo sea, evitamos llamar a esto genocidio al hacer que ninguna legislación considere que estos decesos responden a dicha definición”.

Esto nos demuestra lo limitada de nuestra definición de lo humano a lo largo del tiempo y aunque ha habido cambios, éstos se han dado de forma lenta y algunos son muy recientes, como el voto femenino. Sobre este punto, el psicólogo expuso que aunque seis décadas no son muchas en términos históricos, hace 65 años las mexicanas no podían votar, pues pese a ser una de las más avanzadas del mundo en su momento, la Constitución de 1917 no creía que las mujeres tuvieran la capacidad para reflexionar y emitir un sufragio razonado, lo que apunta a una concepción muy pobre de lo que es una persona.

Entonces, ¿qué hacemos con quienes no se ajustan a este pensamiento normativo a fin de incluirlos?, construimos categorías y los metemos en ese molde, muchas veces casi con calzador, expuso.

“Esto pasó con quienes pertenecen a la diversidad sexual, pues al inicio les adjudicamos las siglas LGBT y al ver que se trataba de un colectivo más complejo de lo que suponíamos, comenzamos a anexar más y más letras —originalmente eran cuatro, hoy vamos en ocho—. Hacer esto responde a nuestra propensión a construir cajoncitos y, debemos apuntarlo, dicha obsesión por categorizar nos impide ver que la individualidad es, en realidad, una expresión del otro. A fin de cuentas, ¿cuál es la ventaja de taxonomizar?, ¿vamos a sacar más leyes?, ¿para qué?, ¿las lesbianas, por estar en la categoría L, necesitan cosas diferentes que los queer, de la Q?”. 

A decir de Sánchez Vega, la capacidad de una persona de elegir cómo vivir su sexualidad de manera digna tiene que ver con dos derechos fundamentales: el de autodeterminación y el de libre conciencia, los cuales impactan en los demás y apenas comienzan a discutirse en México y América Latina, pese a ser un debate con ya más de 200 años en otros países, lo cual ha derivado en casos absurdos como el de octubre de 2016 cuando tras dar una charla contra la discriminación en CU, policías de Tienda UNAM impidieron a una activista transgénero usar el baño de mujeres.

“Un caso aún más alarmante es el del ISSSTE, que aún no aprueba la sucesión de derechos para matrimonios del mismo sexo y sostiene su negativa en un reglamento interno, el cual no puede estar por encima de la Constitución o de una resolución de la Suprema Corte. ¿Y por qué esto continúa?, porque social y culturalmente aún establecemos una serie de controles para definir lo humano y quienes mantienen esta situación no consideran que conyugues del mismo sexo tengan cabida plena en este concepto”.

En el mundo, el matrimonio igualitario es legal en 26 países, mientras que la homosexualidad es ilegal en 89 y en 10 conlleva pena de muerte, lo que demuestra que garantías que deberían ser para todos, en realidad se conceden sectorial y selectivamente. “Y lo mismo pasa en el nuestro país, donde la comunidad LGBTTTIQ goza de ciertos derechos en la Ciudad de México y los pierde al poner un pie en el Estado de México, lo cual equivale a que alguien te diga ‘tienes protección hasta aquí, pero al cruzar Calzada Zaragoza ya no’, lo cual es un desatino y algo incomprensible”.

La lucha que viene

Cuauhtémoc Sánchez Vega nació hace cuatro décadas, justo cuando se organizó la primera Marcha del Orgullo Gay en México, y comenzó a participar en éstas al llegar a la adolescencia, no bien cumplidos los 16, “y en todo este tiempo no he visto una mejora en la calidad de vida de quienes hemos desfilado en ellas”.

Sobre este punto aclaró que no se trata de minimizar la manifestación, sino de señalar que no se le da el cauce debido, pues aunque convoca a miles de entusiastas de toda la República, al darse un crimen de odio contra alguien de la comunidad ni las asociaciones civiles organizadoras o los asistentes se pronuncian con fuerza. “Esto se debe a que hemos hecho de esto un evento que festejamos un día al año y para luego ser olvidado por los 364 restantes”.

Por esta razón, el psicólogo sugirió reflexionar sobre cómo la persona se configura en lo cotidiano a partir de ciertas normas, ya que esto es un primer paso para pensar de forma crítica, evitar los conformismos o creer que con lo conquistado es más que suficiente.

“Decía la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross que nadie es tan único como para quedar exento de la condición humana; por eso debemos ampliar el concepto de lo humano, ya que éste es tan diverso que si no prestamos atención al moldecito que nos impusieron pronto notaremos que nos sofoca, pues ha comenzado a quedarnos chico”.

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