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Encender un Fósforo, un festival para provocar incendios en expresiones artísticas

Omar Páramo / Francisco Medina
El festival es un espacio para pensar y experimentar el poder del cuerpo y la coreografía

Hacer arder una cerilla no es tan simple como parece, a veces es posible tras varios intentos y en ocasiones ni así, pero cuando esto se logra siempre hay luz, y lo mismo pasa al reflexionar sobre no importa qué tema. Bajo esta premisa un grupo de artistas de diversas disciplinas y nacionalidades dieron forma a las 10 piezas que integran el festival Encender un Fósforo, que tendrá lugar del 25 al 27 de mayo en el Museo Universitario del Chopo.

“Lo que veremos serán las propuestas de expertos en danza, creadores sonoros y plásticos, actores y filósofos, quienes desde noviembre pasado han analizado el impacto de la coreografía en el arte contemporáneo y cómo ésta desborda cualquier dique para hacerse presente tanto en la pintura, la escultura y el video, como en el performance, el teatro y la música”, expuso el maestro Silverio Orduña Cruz, uno de los curadores del evento.

El germen de todo esto es el diplomado ¿Cómo Encender un Fósforo?, coordinado por la bailarina Alma Quintana, donde a lo largo de ocho módulos los participantes hicieron coincidir varias prácticas escénicas, corporales, coreográficas y performativas con una profunda discusión teórica, lo cual dio pie a trabajos e investigaciones colaborativas que rompen lo convencional y exploran las respuestas que se pueden dar desde la multidisciplina, agregó el también profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

“En el curso buscamos desmontar esa visión tan limitada de las expresiones artísticas valiéndonos de conceptos como transición o intermedialidad, y lo logramos. Justo este espíritu es el que da vida al festival, pues los creadores aquí reunidos tuvieron que desvincularse de los límites de sus disciplinas para, desde ahí, cuestionar sus quehaceres. Por ejemplo, una de las obras que se presentará lleva por nombre Ensayos ‘fake’clóricos y pone en tela de juicio la construcción nacionalista de la danza folclórica y cómo ésta ha sido usada para que los extranjeros nos vean como algo exótico”.

A decir de Orduña, éste es sólo un ejemplo de lo que el público podrá apreciar en este encuentro multidisciplinario. “Lo que se verá difiere de lo habitual, pues es resultado de una larga reflexión; por ello se espera que al concluir cada una de las piezas los creadores entablen un diálogo con el público a fin de que los primeros expresen sus inquietudes y, los segundos, sus dudas. Esto es una forma de arrojar luz sobre los procesos creativos del arte y explica por qué elegimos ponerle un nombre tan peculiar al evento: Encender un Fósforo”.

El arte de cuestionarlo todo

Escribía René Descartes: “Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas” y esto es lo que hicieron los artistas que participan en el festival. Sólo así se explica que alguien que se dedica a la plástica o al teatro, por dar un ejemplo, haya reformulado la definición tradicional de pintura o dramaturgia y se aventure a jugar con las posibilidades de lo coreográfico.

“En este punto el campo es fértil, pues tenemos propuestas como Nuevo zoologique mexicano, de la chilena Rosa Landabur, quien recrea aquellas ferias francesas del siglo XIX que exhibían a nativos de América y África detrás de unos barrotes, como si fueran animales salvajes, con lo que la actriz no sólo dialoga con la historia, sino cuestiona prácticas colonialistas”, apuntó Silverio Orduña.

Por su parte, Alberto Montes presenta ¿Cómo se zapatea un gol?, donde el público es invitado a poner manos, espalda o pecho sobre el entarimado, a fin de percibir las vibraciones producidas por el artista, quien con una zapatilla deportiva en un pie y un zapato de baile en el otro, recrea con sus pisadas el ritmo de un partido en el Azteca. Decía Eduardo Galeano: “El fútbol es la única religión que no tiene ateos”, algo que aprovecha Montes pues, en sus palabras, nadie es indiferente a la plenitud que produce en el cuerpo un gol.

El performance con el que cerrará el encuentro es de la artista visual argentina Amalia Pica y se llama Asamble. La pieza fue prestada por el Museo Guggenheim de Nueva York y reflexiona sobre la formación de comunidades temporales. Para esta actividad se requiere la participación del público, el cual se encargará de cargar sillas y formar un círculo primero dentro del recinto, y luego en la calle.

“Esto de alguna manera engloba lo que buscamos con el festival, pues así como la obra de Pica se sale, literalmente, del museo, nosotros intentamos escaparnos de los espacios y de los formatos convencionales, tanto de las artes plásticas como de las artes vivas”.

Un festival que plantea preguntas

Para Orduña Cruz, el festival Encender un Fósforo es un espacio para pensar y experimentar el poder del cuerpo y la coreografía. “Y es que ésta puede hacer muchas cosas, pues su cualidad más sobresaliente es que abre puertas para indagar cómo se distribuyen las corporalidades en el espacio”.

Sin embargo, añadió el académico, este ejercicio intelectual requiere pautas y, por ello, como si fuera una rosa de los vientos, se plantearon cuatro ejes reflexivos: el primero, la relación del cuerpo con los objetos. El siguiente, qué estrategias corporales se usan para construir identidad. El tercero, cómo son los dispositivos de visibilidad de las prácticas artísticas contemporáneas. Y el último, cómo el cuerpo activa ciertas cuestiones políticas y estéticas, y cómo afecta al espacio público.

A partir de este mapa, los participantes desarrollaron las 10 propuestas que el público podrá ver del viernes 25 al domingo 27 de mayo en el Museo Universitario del Chopo y que, de alguna manera, son el culmen de aquel curso que inició en noviembre de 2017.

“Cuando abrimos el diplomado pusimos una interrogante sobre la mesa: ¿cómo encender un fósforo?, y a partir de ahí comenzamos a aventurar respuestas. Ahora con el festival las cosas son diferentes pues ya no buscamos contestar nada, sino encender preguntas relacionadas con el cuerpo y el espacio para así, poco a poco, provocar un incendio que llegue al corazón mismo de las prácticas artísticas”.

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