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Autores olvidados

Raquel Mosqueda/edición: Damián Mendoza
¿Cuántas relecturas “soporta” una obra?

De acuerdo con Italo Calvino, los clásicos “son aquellos libros de los cuales se suele oír  decir ‘estamos releyendo’”, y agrega: “Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera”. Pues entonces propongo releer, redescubrir una de las novelas más complejas y ricas de la narrativa latinoamericana del siglo pasado, me refiero  a El obsceno pájaro de la noche (1970) del chileno José Donoso.

Imposible resumir en pocas palabras la trama de esta novela-monstruo, apuntar que se trata de la creación-destrucción de dos universos paralelos: la casa de ejercicios espirituales llamada “La Chimba”, habitada por un puñado de viejas empeñadas en empaquetar hasta la últimas consecuencias todo aquello que salga a su paso, y la quinta “La Rinconada”, lugar que el poderoso oligarca Jerónimo de Ascoitia, erige para esconder a su deforme hijo Boy,  y donde establece un mundo-otro donde lo monstruoso constituye la regla, o mencionar la transfiguración del Humberto Peñaloza, primero en “el mudito” y por último en un “imbuche”, criatura deforme y maléfica en la tradición popular chilena, es reducir en mucho el asombro y la perplejidad  provocado por cada una de las páginas de esta novela.

Empero, me gustaría detenerme en una suerte de preocupación constante en la narrativa latinoamericana que encuentra en Donoso uno de sus exponentes más lúcidos, me refiero a la reformulación y  exacerbación de lo monstruoso, o mejor dicho, el hacer de lo monstruoso el centro de una poética, cabe preguntarse entonces, ¿quién es más monstruoso Boy con su jiba y su sexo enorme o Jerónimo, quien cree que su poder y dinero son capaces de todo? Sin duda, “las formas monstruosas” aluden a algo que va mucho más allá de la deformación de lo visto (seres contrahechos, marginales) para constituir una categoría que sacude desde sus raíces el fenómeno literario. Esto es su presencia cuestiona en varios niveles (ético, social, político, pero sobre todo estético) la manera en que abordamos los textos. En este sentido, podría decirse que lo monstruoso trastoca por completo el sistema de valores que rige al mundo contemporáneo, o tal como anota José Miguel G. Cortés (1997), “posee un profundo carácter de ambigüedad. Por un lado inquieta, produce angustia. Su visión nos recuerda que la vida es menos segura de lo que pensábamos, dado que hacen referencia a todo aquello que no queremos, o no podemos reconocer, eso que no puede ser vivido por nosotros más que como aquello que nos niega”, evidentemente, la novela de Donoso lleva esta negación hasta sus límites.

Me gustaría concluir con una pregunta que acabo de formular a mis alumnos: ¿cuántas relecturas “soporta” una obra? En el caso de El obsceno pájaro de la noche, podría afirmar que, una de las razones por la cuales esta novela es ya un clásico de la literatura latinoamericana es precisamente por el número infinito de relecturas que “soporta”, las cuales  no parecen agotar los descubrimientos que nos esperan entre sus páginas.

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