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Danza de los Huehues, tradición que se resiste a morir

Erick Hubbard

Xochiapulco, Puebla.- En la Sierra alta de Puebla nace la danza tradicional de los Huehues. El término Huehue proviene del náhuatl huéhuetl que significa viejo o anciano, esta danza nace de su oposición hacia las reglas impuestas por la iglesia, es una crítica o burla de los xochiapulcas hacia los primeros colonizadores de la Sierra poblana.

La danza parte de un son tradicional que brota de un violín y una guitarra, con compases simples zapatean en círculo y forman dos filas donde paso a paso se coordinan al ritmo de las cuerdas, entre las calles del pueblo visitan diferentes casas en busca de trabajo con los caseros.

Al darles trabajo, los Huehues bailan cuatro o cinco sones hasta que los patrones les dan su pago por divertirlos. Antiguamente, el pago eran pollos y mazorcas que servían para el festejo al final del día.

Al pagarle con un pollo, el charro celebra con un baile simbólico mientras cuza por debajo de una cuerda que es sorteada por dos Maringuillas, la suerte se realiza cuatro veces y si aquél fallaba y era tocado por la cuerda, las Maringuillas lo amarraban y le quitaban el pollo. Las aves que se reunían durante la jornada se sacrificaban como ofrenda por el inicio de  las cosechas, si el pago eran mazorcas todos hacían dos filas y bailaban el son del maíz.

El punto final del recorrido por el pueblo es marcado por un gran arco adornado de flores, en el cual se colgaban uno a uno los pollos para intentar alcanzarlos y arrancarles la cabeza de un solo jalón. Este reto sólo lo cumplían los apaches que demostraban sus habilidades para alcanzar a su presa.

Al final del día se cocinaban los pollos en leña, y del maíz se preparaba atole agrio, otros brindaban y bailaban al calor del Yolixpa, era la gran fiesta del pueblo.

En los Huehues existen varios personajes principales encabezados por una pareja de viejitos, quienes son la máxima autoridad dentro de los pueblos indígenas de la Sierra. Padre y madre de todos los participantes en la danza, solicitan trabajo para alimentar a sus múltiples hijos.

El Charro representa al caporal de los hacendados, sombrero de charro, máscara de madera con bigote bien alineado, ojos azules o brillantes, patillas pobladas, con un rostro inexpresivo, y con chirrión o látigo. Los charros eran los grandes marginadores de los xochiapulcas.

El Apache simboliza al cazador chichimeca que persigue a los niños con un chile en la mano para untárselo en la boca y con chichicastle en la otra. Estos personajes persiguen a todos por las calles. Los Nacos son una pareja de totonacas que representan a los esclavos, mientras la pareja baila, el público suele robarse a la naca para bailar con ella, al darse cuenta el naco los atrapa y los nalguea con la hoja de su machete.

La Maringuilla es una mujer ofrecida por los ancianos para bailar con el público. El Oso es una reinterpretación de un osezno que viajaba por las diferentes haciendas como atracción para los acaudalados patrones. La Llorona es un icono legendario que amenaza a los niños con llevárselos.

La danza de los Huehues coincide con la Semana Santa por el inicio de la siembra. En un principio, esta tradición era exclusiva de los hombres, sin embargo, hace algunos años se incluyeron a mujeres y niños.

Finalmente, los Huéhues es una tradición que intenta sobrevivir en una época donde la globalización, la tecnología, pero sobre todo, la migración de los xochiapulcas a las grandes ciudades, la han debilitado. Sin embargo, las personas que aún viven en este lugar preservan, heredan y comparten el espíritu de Xochiapulco a través de sus tradiciones.

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