Ciencia Internacional

Aceptar el TLCAN impuesto por Trump sería un absurdo

Michel Olguín Lacunza / Diana Rojas García

 

Las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte se encuentran en un punto complicado, porque actualmente se discuten tres puntos controvertidos. “El problema es que son demandas absurdas del presidente estadounidense Donald Trump”, observó Dámaso Morales Ramírez, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

El primero consiste en las reglas de origen, donde Trump solicita el incremento del 60 al 85 por ciento de la producción de contenido regional, de los cuales Estados Unidos tomaría el 50 por ciento.

Para ejemplificar, Morales Ramírez retomó el caso de los automóviles producidos bajo el amparo del tratado en Canadá, Estados Unidos y México, que actualmente tienen el 60 por ciento de la producción regional. No obstante, Trump propone que la fabricación aumente al 85 por ciento, de los cuales el 50 por ciento provenga de su país. “Esto es un absurdo”.

El segundo punto se refiere a la cláusula de terminación del tratado cada cinco años (cláusula sunset). Así, cualquier empresario que busque invertir lo dudaría porque no tendrá certidumbre de que en cinco años las condiciones sigan igual.

El último se trata de un mecanismo de resolución de controversia bajo los artículos 11 y 19. Actualmente, cuando existe un diferendo comercial, los tres países nombran un juez y se lleva a cabo un panel donde los miembros analizan la controversia comercial y toman una determinación.

Con la propuesta del presidente estadounidense se plantea no pasar por estos jueces o paneles, sino acudir directamente a las cortes o tribunales estadounidenses.

Aunado a estos puntos, permanece la política de que México debe pagar por el muro. “Se trata de una situación de presión económica y además el discurso antimexicano, ambos una gran arma para que México pueda ceder en varios puntos”.

El académico universitario señaló que “si nuestro país cede en dos de los tres puntos estaríamos hablando de un espíritu contrario a lo que es un tratado de libre comercio. Aceptar un convenio de esta magnitud es un mal negocio”, concluyó.

 

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