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Hilda Jasso, la mujer que retó el oficio de la laudería

Michel Olguín Lacunza/Diana García Rojas
“Como mujer y laudera me siento realizada y orgullosa. Mantuve a mis hijos de este oficio"

La laudería, el oficio de crear y reparar guitarras, violines o violonchelos, es considerada una actividad exclusiva de los hombres, no obstante, a Hilda Jasso no le importó y desde hace 50 años ha creado diversos instrumentos donde ha dejado su corazón.

Originaria de Paracho de Verduzco, Michoacán, la artesana aprendió su oficio desde pequeña cuando se acercó a su tía quien se dedicaba a esta actividad. “Le dije que me enseñara y que le pagaba, ella me contestó: ‘No hija, cómo te voy a cobrar’”.

Desde entonces, Jasso se enamoró del oficio, recuerda que la secundaria no le gustó y prefirió dedicarse de lleno a la complicada y delicada producción de estos instrumentos.

En su tierra natal tuvo tres hijos y en 1985 llegó a la Ciudad de México influenciada por su hermana, donde tuvo tres hijos más. Aquí, inició su pequeño negocio y con los años se convirtió en la única mujer dedicada a esta actividad en la capital.

A veces, los clientes llegan a su negocio y al verla trabajar se admiran por su género. “Me dicen, nunca he visto una mujer lijando una guitarra, y yo les contestó que no me importa ensuciarme porque lo hago con amor”.

Lo más gratificante de su oficio es tomar una guitarra, lijarla y pintarla, porque ella piensa que es el instrumento más hermoso. “En mi tierra yo crecí con guitarras”.

“Como mujer y laudera me siento realizada y orgullosa. Mantuve a mis hijos de este oficio, y todos ya se casaron o se juntaron. Desafortunadamente, a ninguno de ellos les llamó la atención y ninguno siguió mis pasos”, comenta Hilda.

No obstante, les pidió que eligieran la profesión que realmente les gustara, porque a eso se dedicarían toda la vida. Con 66 años aún ejerce su oficio en su local ubicado en la calle Joaquín Velázquez de León número 2, en la colonia San Rafael de la delegación Cuauhtémoc.

Ama su negocio porque ella maneja sus tiempos. “Si quiero trabajar lo hago, si quiero descansar lo hago, pero yo solita me voy arreando”.

 

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